El tomatazo de don José - Ciencia y Técnica

El tomatazo de don José

La cosecha de tomates de hasta más de tres libras de peso que logra el guajiro José Poll Díaz asombra a muchos camagüeyanos

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— Resulta que en materia de cultivos y su eficiencia por surco no está dicha aún la última palabra. Por mucho que científicos, expertos y estudiosos del tema se empeñen en escribir acerca de cosechas, procedimientos…, no pocos lugareños prefieren mantenerse al tanto de las pericias y tácticas que aplican los campesinos en sus fincas.

Un ejemplo que asombra a muchos en esta provincia ha sido el de las tomateras que viene logrando el guajiro José Poll Díaz, quien por el momento disfruta de la fama pueblerina y de un sello original que lo identifica como el «tomatazo de don José».

Cuenta este paisano de 59 años de edad que sus tomates, de hasta más de tres libras de peso, son el resultado de mucha paciencia, de conocer los secretos de la tierra y de amar a la naturaleza.

«Empecé hace tres años a fomentar tomates grandes. Al principio perdí dos cosechas, pero como dicen por ahí a la tercera va la vencida, porque en el tercer intento y después de mejorar algunos detalles con la semilla, logré tremenda tomatera, en la que los tomates sobrepasaban las dos libras y media», comentó.

La finca agroecológica 40 Aniversario de la ANAP Provincial, con sus seis trabajadores, anda de plácemes, porque don José logró en su último sembrado tomates de hasta más de tres libras.

«Eso fue una sorpresa que quiero repetir lo antes posible, pero no es fácil porque para llegar a ese peso y tamaño se necesita hasta un poco de suerte».

Acerca de los secretos que emplea para los fructíferos resultados, detalló que primero se echan los semilleros en septiembre, al mes se trasplantan las posturas y poco a poco se le va echando el agua a la planta empalada, «nunca pegada al suelo porque se pudre y se pierde todo el esfuerzo», explicó José.

«El verdadero secreto está en atender el surco diariamente con agua y mucho amor, incluso conversar con las maticas todos los días, guardar las semillas en ceniza de un año para otro y evitar que estas sean tocadas durante su reposo», insistió.

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