¿Estética hueca?

Buena parte de las modificaciones corporales o atributos que se llevan para estar a la moda persiguen fines estéticos, sin tener en cuenta las consecuencias que no pocas veces implican para la salud

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

A Mario Triana, de 21 años, le llamó la atención el uso de unos aditamentos huecos en las orejas por algunos de los músicos y cantantes de sus grupos de rock favoritos aunque, señala, los ha visto usar por raperos también. Quiso tenerlos, y decidió expansionarse por su cuenta los lóbulos, utilizando un instrumento similar a los que emplean quienes se dedican a esa práctica, que puede ser de plástico o metálico.

«Luego me fui colocando gradualmente objetos cada vez más grandes dentro del hueco de la oreja hasta lograr el tamaño que quise, del que depende el tipo de expansión o dilata que use», explicó.

Al igual que muchos de sus amigos, Mario lleva unas expansiones huecas de acero quirúrgico, aunque aclara que también pueden ser de madera o cerradas, y afirma que si algún día decide no llevarlas, solo bastará con quitárselas y esperar pacientemente a que el orificio se cierre.

Coincide con él Daniela Rodríguez, de 17 años, quien exhibe unas expansiones rosadas huecas de cuatro centímetros, en fuerte contraste con su cabellera rubia. Ella reconoce que a los muchachos les agrada mucho, por lo que ahora no le preocupa pensar si algún día decidirá no tenerlas.

Sin embargo, su amiga Adriana Díaz no se mostró muy convencida del uso de este ornamento, aunque lleva un tatuaje en el cuello y piercings en ambas cejas. «Pienso que se ven mejor en varones, como en el caso de mi novio, y aunque pudiera usarlas, realmente no me gusta la idea de que puedan ver a través de mí», añadió.

Hoy, cuando el asombro por los ocurrentes piercings todavía perdura, muchos jóvenes en nuestro país como Mario y Daniela se inscriben en la gran oleada que desata esta moda en la que aquellos vienen a ser superados por el alargamiento de los lóbulos de las orejas y el uso de expansiones en estas, cuyo tamaño puede ser desde los tres  hasta los 30 milímetros.

La mayoría de los muchachos entrevistados, entre 16 y 23 años, en la capital, coincidieron en que buena parte de las modificaciones corporales o atributos que se llevan en la actualidad no están necesariamente ligados a un simbolismo, significación histórica o valor moral. Los motiva el simple gusto, el sentido estético, del que ignoran en no pocas ocasiones las consecuencias que puede acarrear para la salud.

Motivaciones de antaño

Casi todo lo que hoy «se usa» tiene sus puntos de contacto con otras épocas, como sucede con determinados modelos de pantalón o calzado, algún que otro peinado o combinación de colores, tejidos o diseños en carteras u otros accesorios del vestir.

También hemos presenciado la resignificación y extensión de muchas prácticas, que en otros momentos eran asociadas a la identificación de algún sector o grupo social, como sucede con los tatuajes, que hoy podemos ver tanto en hombres como en mujeres y no necesariamente jóvenes, aunque los prejuicios no hayan desaparecido del todo.

En el caso de los lóbulos auriculares alargados y el uso de expansiones, muy frecuente entre jóvenes y adolescentes del mundo, es imposible no volver la mirada a los orígenes religiosos y étnicos de esta práctica, que van desde la imagen del Buda sonriente hasta las antiguas teorías hindúes que explican que a los niños se les perforaban las orejas y se las expandían hasta seis centímetros como reflejo de estatus social.

Con el mismo objetivo de diferenciar a cada miembro de la sociedad emergió el uso de la expansión lobular entre las civilizaciones precolombinas americanas, especialmente en los incas, quienes después de perforarse las orejas, se colocaban pesadas joyas. Esta deformación fue lo que motivó que los españoles llamaran orejones a los hijos del Sol.

Otras teorías señalan que el alargamiento de los lóbulos auriculares son una señal de bienestar, sabiduría, prosperidad y buena fortuna, razones quizá influyentes en el nivel de popularidad que han alcanzado ahora.

En algunas tribus de África, sobre todo en Kenya, todavía podemos encontrar estas modificaciones lobulares, que persiguen la distinción clasista o criterios femeninos de belleza, al colocar adornos de piedra y marfil en las mujeres.

Si los cánones de belleza o jerarquía social de algunas culturas como las asiáticas, las africanas, las hindúes o las latinoamericanas exigen que sus miembros usen este tipo de aditamento, cabe preguntarse entonces si las motivaciones estéticas que llevan a los jóvenes, en pleno siglo XXI, a usarlo por embullo o imitación son suficientes.

Es preocupante que muy pocos de los encuestados conocía o asociaba el uso de los lóbulos alargados y expansiones en ellos con sus antecedentes, y lo es aún más el hecho de que la mayoría desconoce parcial o totalmente sus consecuencias médicas, lo que se constata cuando aseguran que «cuando quieran pueden dejar de usarlo y todo volverá a la normalidad.

En ese sentido, la doctora Lenia Sánchez Wals, especialista de primer grado de Cirugía Plástica y Caumatología, aclara que aunque el tamaño del agujero en el lóbulo auricular puede reducirse un poco al quitar la prenda y no usarla más, esa reducción depende del diámetro del agujero y del tiempo que se usó la expansión y, aún así, eso no significa en ningún caso que el lóbulo vuelva al estado anterior.

«Se necesita de una cirugía menor con anestesia local, con sus consiguientes riesgos, que puede ir desde una leve revitalización de los bordes y la posterior sutura hasta la sección de una parte del lóbulo, en caso de que se haya distendido mucho.

«Aunque no se trata de una estructura con una anatomía muy compleja para este tipo de proceder, no deja de ser difícil realizar la reconstrucción lobular, en tanto se afectó el contorno natural de la oreja, por lo cual se sabe de antemano que quedarán deformidades, en dependencia del tamaño de la expansión y del tiempo de su uso», detalló la doctora Sánchez.

La especialista estableció una similitud con los lóbulos hendidos, aquellos que tienen las mujeres que han usado aretes colgantes y pesados durante un período de tiempo prolongado y acuden a consulta porque se les «rajó» la oreja.

«En esos casos de lóbulos hendidos acudimos a la cirugía. ¿Cómo no hacerlo entonces si una persona tiene en sus orejas un orificio expandido que puede llegar, como en algunos, hasta los 30 milímetros? Esperar pacientemente no devolverá al lóbulo a su estado inicial y someterse a cirugía siempre encerrará altas probabilidades de resultados estéticos deformantes», concluyó la doctora.

El objetivo no es emprender una batalla campal contra la moda y lo que se deriva de ella, sino que seamos más conocedores de los significados de todo cuanto queramos llevar en nuestro cuerpo, no solo para hallar los puntos de encuentro con nuestra identidad sino también para saber hasta qué punto nuestra salud puede verse afectada algún día.

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