Para no incinerar más rosas

Los fumadores deberían decidirse este 31 de mayo a dar el primer paso en el abandono de una adicción sumamente peligrosa, y hacer su jornada de 24 horas de abstinencia

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Una rosa en un cenicero es el símbolo que recorre el mundo para ilustrar, metafóricamente, la muerte ocasionada por el tabaco. Echar por tierra esa imagen es el objetivo de quienes aspiran a un mundo mejor y más saludable, por lo que se instituyó, desde 1987, el 31 de mayo como el Día Mundial de la lucha contra el Tabaquismo.

Una jornada de 24 horas de abstinencia para los fumadores e intensas campañas de prevención en los diferentes niveles de enseñanza son las propuestas que, anualmente, promueve la Organización Mundial de la Salud (OMS) un día como hoy, con el objetivo de alertar ante el elevado consumo a nivel mundial y los efectos negativos que acarrea para el organismo humano.

Más de cuatro mil sustancias tóxicas contiene el humo de tabaco, entre ellas la nicotina, el monóxido de carbono y el benzopireno, las que aumentan las probabilidades de adicción y consumo de otras drogas más letales y afectan también a los no fumadores cuando están obligados a compartir el local y el ambiente.

En nuestro país el cáncer de pulmón asociado al tabaquismo sigue siendo la localización más frecuente de esta enfermedad, que constituye la segunda causa de muerte, aunque la prevalencia de fumadores en la población mayor de 15 años ha disminuido.

Lo anterior es el resultado de las acciones de promoción y prevención desarrolladas, según reflejó una encuesta realizada el año anterior y hecha llegar a la Agencia de Información Nacional por la doctora Patricia Varona, presidenta de la Sección de Trabajadores en Lucha contra el Tabaquismo, de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología.

Trastornos respiratorios y afectaciones en el crecimiento y desarrollo intelectual son algunas de las nefastas consecuencias de este hábito para los niños, que los mayores convierten en fumadores pasivos. Por todo ello el intercambio educativo de especialistas con las familias y los docentes debe ser sistemático.

Los jóvenes, más vulnerables a la adquisición de hábitos dañinos como el tabaquismo, son uno de los sectores en los que debe desarrollarse la labor preventiva con mayor insistencia, enfatizó la doctora, —sobre todo porque el consumo de tabaco puede ser la antesala del consumo de otras sustancias—, junto a las mujeres, quienes en la actualidad ya no se mantienen ajenas a esta «práctica de hombres».

Al menos hoy, una vez al año, dediquemos parte de nuestro tiempo a reflexionar, a actuar y a no incinerar más rosas en un cenicero.

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