Las emociones, el cine y un laboratorio

El séptimo arte es un prolífero campo de ensayo de la ciencia para desentrañar los más profundos sentimientos humanos

Autor:

René Tamayo León

Diversión, enfado, alegría, miedo, sorpresa, tristeza... El ser humano es pura emoción. Muchas buenas, algunas peligrosas, otras dolorosas. No hay día en que esta o aquella nos incentive o detenga; nos atraviese o conmueva. Cada experiencia de vida provoca una emoción. Cada emoción nos recuerda una experiencia de vida.

El cine, como escenario de comunicación social, es parte de este entramado, por lo que ha sido una vasta «probeta» para desentrañar los más hondos sentimientos de las personas, a través de la ciencia, que acumula un expediente con páginas luminosas, y otras tenebrosas.

Las «buenas» tratan sobre estudios para comprender mejor la psiquis humana, a fin, por ejemplo, de crear terapias para desajustes de la personalidad e incluso patologías psiquiátricas crónicas. Las «malas» versan sobre investigaciones de los centros de poder para manipular a su antojo el comportamiento humano.

Los profesores James Gross y Robert Levenson, de la Universidad de California, Berkeley, están en la lista de las primeras. Recién anunciaron un estudio en el que clasificaron ocho filmes que provocan, en su expresión más alta, igual número de emociones.

Más de una vez hemos hecho observaciones a test y resultados que tienen como marco referencial las sociedades desarrolladas. Este no es el caso. A pesar de los pesares, las películas primer mundistas, en especial las hollywoodenses, son un fenómeno de masas a nivel mundial. Ha sido así desde el surgimiento del séptimo arte, hace ya más de 110 años. Sabemos el porqué.

Por otro lado, las emociones humanas, independientemente de la cultura de que se trate, son procesos intrínsecos a todos los ejemplares sanos de la especie. Incluso aunque hayan sido subsumidas por tradiciones o prácticas que intentan suprimirlas, las emociones subyacen, aunque no se manifiesten o puedan controlarse.

«Bamby» hace llorar; «campeón» saca lágrimas vivas

Durante 23 años, los profesores James Gross y Robert Levenson, de la Universidad Stanford, de California, han estudiado cómo la tristeza afecta el comportamiento humano. En este esfuerzo lograron encontrar la escena cinematográfica perfecta que saca a flote tal emoción, según reseña el sitio digital www.cinemascope.es.

«El proyecto comenzó en 1988, y la búsqueda de las imágenes se centraba en conseguir emociones fuertes en los sujetos de estudio. Después de evaluar más de 250 cintas, editaron las que mejor resultado daban y seleccionaron 78 clips, los que mostraron a un grupo de más de 500 personas para comprobar su reacción», agrega por su parte www.movies.yahoo.com.

La película más triste de la historia es Campeón, el remake que Franco Zeffirelli estrenó en 1979 de la cinta homónima de 1931. El «Campeón» original —y sus dos remakes— cuenta una historia pugilística que fue el mayor taquillazo de la Metro en 1931 y que entonces se levantó con un premio Oscar de actuación.

Narra la vida de un ex campeón de boxeo tirado a la mala vida y a la bebida que regresa a los rings para ganar dinero y así retener la custodia de su pequeño hijo. En 1953, Robert Z. Leonard hizo una nueva versión bajo el título The Clown, pero no llegó a más.

El remake del maestro Zeffirelli, dirigiendo a Faye Dunaway, Jon Voight y Ricky Schroeder, sería el resultado cumbre de la tríada. Y la escena más triste de la historia del cine, la que saca lágrimas vivas tanto a féminas como a varones, es, entonces, y según los académicos de Berkeley, la escena central del filme, cuando el muchacho (Ricky Schroeder) observa la pelea final de su padre (Jon Voight), el hombre muere en la pelea, pero el niño, en medio de un intenso llanto, pide al padre que despierte.

Si no ha visto la película, no puede tener la referencia, pero la verdad es que saca lágrimas, aunque algunos las disimulamos... Ahora bien, porque la ciencia es la ciencia, y sin ciencia no hay ciencia, no discuto el dictamen de los doctores de Stanford, no obstante, yo me quedo con El Chicuelo y Chaplin. ¿Y usted?

***

Regresando al top-ten de Gross y Levenson, la segunda película más llorona es Bamby, el animado Disney de 1942.

Los profesores también descubrieron que en cuanto a diversión, la escena más relevante es el orgasmo fingido de Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally. Que para enfadarnos, podemos acudir al filme El guardaespaldas. Y para alegrarnos, no hay una película en sí, pero puede ponerse a ver videos de olas y playas.

El resplandor es la que da más miedo. Y si desea una escena que provoque asco, puede ver una donde haya una amputación. Según los científicos estadounidenses, las películas que incitan la mayor emoción de sorpresa son Capricornio uno y Melodía de seducción, ninguna de las cuales este redactor ha visto, por lo que no tengo ninguna opinión.

Por último, y si quiere tener un sentimiento neutral —estaremos de acuerdo en que este es muy relajante— puede ponerse a ver un video con barras de color y formas abstractas.

Desaprobados por la ciencia

Como hoy es un día de películas y ciencia, una fórmula no siempre bien llevada, aquí les dejo otro top-ten, pero de películas calificadas entre las más estúpidas por la comunidad científica, al cometer barrabasadas que nunca sucederán ni en la más imaginativa realidad conocida o por descubrir.

El filme 2012, de Roland Emmerich, fue calificado por la NASA como el más absurdo de la historia, un puesto compartido por El núcleo. Los científicos niegan la posibilidad de que terremotos, tsunamis y derivas continentales puedan ser provocados por partículas de neutrino que, a través de destellos solares, cocinen el centro de la Tierra: los neutrinos son partículas neutras y no interactúan nunca de esa forma.

Otro sin ningún sustento real es Armageddon; se dice, incluso, que es la cinta con más patinadas científicas.

A esta le sigue Día de la independencia: sus realizadores fueron incapaces de prever que el enorme tamaño de la nave extraterrestre habría generado un desequilibrio gravitacional que hubiera derrumbado de inmediato varios edificios en la zona donde aterrizó, lo cual no se observa en la película.

El día después de mañana constituye otro filme científicamente injustificado. Contrario a su narración sobre una abrupta caída de la temperatura y grandes inundaciones como consecuencia de la paralización de una corriente oceánica, un proceso de esa magnitud requeriría décadas, según afirman los climatólogos.

El vengador del futuro, en tanto, peca de exagerado, pues si bien la atmósfera de Marte asfixiaría a una persona que se expusiera a ella sin ninguna protección, su cabeza no explotaría como un melón, como ocurre con el malo de la película.

Apocalypto, también es otro gran disparate, ni siquiera pudo ser leal al amplio conocimiento astronómico de la cultura maya. Según se recordará, en esta película un eclipse de sol culmina prácticamente con luna llena, lo cual es un craso error: los eclipses de sol se producen durante la fase de luna nueva.

La lista es mucho más larga. Expertos de la Agencia Aeroespacial de Estados Unidos han hecho un dossier de tonterías que cabrían en los tomos de una gran enciclopedia, donde también se incluirían Volcano (1997), protagonizada por Tommy Lee Jones; Reacción en cadena (1996), con Keanu Reeves, Morgan Freeman y Rachel Weisz; y El sexto día (2000), con Arnold Schwarzenegger.

Los científicos, empero, han encontrado argumentos valederos en películas como Blade Runner, de Ridley Scott, en el clásico Metrópolis, en determinadas secuencias de la primera entrega de Parque jurásico, y en otro grupo importante de filmes realizados en países occidentales, la antigua Unión Soviética y Asia.

A mal martes, buena cara el miércoles

EL miércoles no es el día más «atravesado» de la semana. Estábamos equivocados. El martes constituye en realidad el día «maldito». Lo afirman investigadores de la Escuela de Economía de Londres, quienes dieron seguimiento durante varios meses a los cambios de humor y el estado de ánimo de 22 000 individuos.

La revista Muy Interesante informa que los expertos utilizaron para su estudio una aplicación de iPhone, a través de la cual enviaban dos veces al día una pequeña encuesta a los participantes para conocer cómo se sentían, si estaban en casa y qué hacían.

Según George MacKerron, líder de la pesquisa, «el lunes los efectos del fin de semana no se han pasado del todo». Sin embargo, el martes ya se está «plenamente metido en la semana laboral, y el siguiente fin de semana queda muy lejos».

Otra evaluación, esta de la Universidad de Rochester, reveló que las personas que trabajan se sienten de mejor humor, tienen más vitalidad y padecen menos dolores desde la noche del viernes hasta el domingo por la tarde, reseña también Muy Interesante.

«Todos los trabajadores, incluso aquellos con un alto estatus profesional, son realmente más felices durante el fin de semana», afirmó Richard Ryan, psicólogo y responsable del estudio, que involucró a 74 adultos entre 18 y 62 años de edad, y que fue publicado en la revista Journal of Social and Clinical Psychology.

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