Corre que… ¿se acaba?

Históricamente han existido unas 160 profecías que han puesto fecha concreta al fin del mundo. Por suerte para nosotros, ninguna ha estado en lo cierto. Así que duerma con los ojos cerrados que el mundo no se acaba hoy

Autor:

Patricia Cáceres

Probablemente piense al leer el título que está dedicado a la merma o desaparición de alguno de los artículos de primera necesidad en los mercados del país. Pero no. Por increíble que pueda parecer, esto es, para algunos, mucho más serio. Hoy el mundo, tal y como lo conocemos, y según algunas profecías, y hasta falsos profetas, es el que, anuncian, pudiera despedirse de nosotros.

Al menos eso es lo que ha pretendido difundir la archiconocida teoría surgida de la profecía maya que, para suerte nuestra, está muy lejos de ser cierta.

Arqueólogos de la Universidad de Boston descubrieron recientemente un mural en una antigua casa maya, en una selva de Guatemala, el que —una vez más— desmonta la teoría de que el mundo acabará este 21 de diciembre.

Según la National Geographic News, en la pared maya los expertos han encontrado pintada una escena de un rey y su séquito. Pero,  lo más importante fue el hallazgo de varios textos jeroglíficos, pintados y grabados, relacionados con el calendario lunar, que se utilizaban para calcular los ciclos planetarios.

Los números incluyen fechas de unos 7 000 años en el futuro, lo cual echa por tierra la hipótesis de que el Apocalipsis llegará antes de que concluya el 2012.

«Nos empeñamos en buscar un final, pero los mayas buscaban garantías de que nada cambiaría. Es una mentalidad completamente distinta», afirmó William Saturno, uno de los arqueólogos implicados en el hallazgo, de la Universidad de Boston, Estados Unidos.

El nuevo mural maya tiene alrededor de 1 200 años de antigüedad y fue encontrado en un edificio de la ciudad de Xultún. Esta midió 31 kilómetros cuadrados en su época de esplendor, pero hoy ha sido engullida por la selva guatemalteca, que sirvió para resguardar el mensaje de los sabios, mucho más antiguo que el que originó la teoría sobre el fin del mundo en 2012.

«Lo que hace interesante la habitación es que era un lugar de trabajo. Se sentaban en este banco y escribían libros hoy desaparecidos», expresó el estudiante de doctorado Franco Rossi, quien también participó en el importante descubrimiento.

Probablemente —dijo— los libros recogían elaborados cálculos para predecir el destino de la ciudad. Los números de las paredes son como las tablas que encontramos al final de un libro de Química, añadió.

Al parecer, debieron existir habitaciones de este tipo en todos los yacimientos mayas del período posclásico, e incluso antes, pero este es el único ejemplo con el que se cuenta hasta ahora.

«Los mayas de Xultún estaban menos preocupados por el fin del mundo que por el fin de su propio mundo», sugirió el experto David Freidel, de la Universidad de Washington, Estados Unidos.

Para los mayas del siglo IX —enfatizó— la elaboración de calendarios astronómicos con el fin de predecir épocas de abundancia era similar a estudiar el mercado de valores actual. Cuando se pintó el mural, la región de Xultún sufría un momento de intensa sequía, que estaba afectando a diversas regiones, argumentó.

Con los pelos de punta

En la medida en que el 21 de diciembre se aproximaba, una parte de la población mundial se mostraba más nerviosa. Incluso, la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) se vio obligada a emitir comunicados, crear páginas webs y publicar videos en Internet desmintiendo el supuesto Armagedón, tras recibir más de 5 000 preguntas de ciudadanos angustiados y temerosos, sobre todo jóvenes y niños, que dijeron no poder dormir ni comer por el estrés.

Los científicos han insistido en que la famosa profecía, que sitúa el fin de la humanidad desde hoy y hasta el día 23, se originó a partir de una lectura errónea de una inscripción hallada en un panel jeroglífico empotrado en un muro, conocido como el Monumento de Tortuguero, al sudeste de México.

Según los expertos, la idea que las culturas prehispánicas tenían del tiempo como un proceso cíclico, frente a la concepción lineal que impera en la actualidad, es la clave para entender en qué consiste exactamente el vaticinio maya y por qué ha sido malinterpretado.

Los mayas no pudieron vaticinar la llegada del fin del mundo, entre otros motivos, porque en su cosmovisión no existía el concepto lineal del tiempo que se utiliza en Occidente, con una mentalidad apocalíptica heredada de la tradición judeo-cristiana, explicó a la agencia EFE el profesor Patrick Johansson, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

«En el tiempo occidental partimos de una fecha que podría ser, por ejemplo, el nacimiento de Cristo, y de manera totalmente lineal vamos hacia el futuro. En el mundo indígena había ciclos después de los cuales era borrón y cuenta nueva», declaró.

Este antiguo pueblo medía el tiempo en ciclos, entre ellos los baktún, con una duración de 400 años. El calendario maya está compuesto de 13 baktúns (5 200 años) y, una vez que se llega al último, como ocurre hoy, la cuenta comienza nuevamente desde cero.

Para dormir tranquilos

Una de las teorías más difundidas sobre cómo la Tierra llegaría a su fin es la colisión con un gran cuerpo espacial, específicamente con el «Planeta X» o Nibiru.

El misterioso planeta, de mayor tamaño que Júpiter, se ubica supuestamente al otro lado del Sol, razón por la cual nuestros telescopios no pueden verlo, aunque su órbita lo acercaría a la Tierra cada 3 600 años.

Hasta la fecha, la ciencia niega la existencia de un planeta como Nibiru. Y, si bien es cierto que en las regiones más externas del Sistema Solar se pueden ocultar aún cuerpos planetarios no observados, ninguno de ellos representa peligro para nuestro globo terráqueo.

Si Nibiru existiera realmente   —afirman los expertos—, habría sido observado ya por la NASA o alguna otra agencia espacial. O al menos se habrían medido los efectos de su gravedad sobre otros planetas conocidos. Por no mencionar que si realmente hoy corriésemos el peligro de colisionar con un cuerpo de tales dimensiones, desde hace varios días hubiese sido visible a simple vista en el cielo.

Asimismo, tampoco se han reportado asteroides o cometas en ruta de colisión contra nuestro planeta. De acuerdo con información de la NASA, existe un programa de seguimiento de la trayectoria de los asteroides potencialmente peligrosos, y hasta ahora no se ha observado ninguno que pueda poner en riesgo la vida en la Tierra.

Otro de los argumentos esgrimidos por quienes avizoran el Armagedón es una súbita y brutal llamarada solar. Para ello, se basan en la coincidencia de la fecha indicada por los mayas con el período de máxima actividad del Sol dentro del ciclo actual. No obstante, esta hipótesis carece de basamento científico.

Los investigadores han insistido en que el próximo máximo solar está previsto para finales de 2013 y no para este 21 de diciembre. Además —subrayan—, este ciclo no es precisamente uno de los más activos que se conocen.

El Sol lleva emitiendo llamaradas y eyecciones de masa coronal desde hace miles de millones de años. Si bien es cierto que este fenómeno puede dañar nuestras centrales eléctricas y sistemas de comunicaciones, es incapaz de destruir la Tierra o acabar súbitamente con sus habitantes.

Una alineación galáctica «mortal» podría ser otra de las causantes del fin del mundo, según las versiones más catastrofistas. Al parecer, este 21 de diciembre el Sol y la Tierra deberán alinearse con el centro de nuestra galaxia, lo cual «desencadenará» oscuras y desconocidas fuerzas capaces de destruir nuestro mundo para siempre. Para suerte nuestra, nada de eso ocurrirá realmente.

Mediante toda clase de instrumentos científicos y de observación, hoy es posible predecir con gran exactitud dónde y cuándo se encontrará un objeto celeste concreto en un momento concreto. Y todos esos objetos, según el punto de vista que se adopte, pueden alinearse entre ellos, sin que ese hecho tenga absolutamente ninguna consecuencia.

La Tierra y el Sol se alinean con el centro de la Vía Láctea cada diciembre, sin efectos lamentables. El fenómeno se produce cada solsticio de invierno, cuando el gran cuerpo celeste, visto desde nuestro planeta, aparece a la mayor distancia angular negativa del ecuador celeste.

Otra de las hipótesis sugiere que, como consecuencia de la alineación galáctica o de la propia gravedad del Planeta X, un supervolcán podría «despertar» súbitamente en el día de hoy, causando una tremenda oleada de destrucción. No obstante, no existe el menor indicio científico que indique que uno de estos episodios vaya a suceder.

Erupciones de dimensiones tales, aunque reales, se han producido pocas veces en la historia de la Tierra. Algunos geólogos cifran la posibilidad de que se produzca una cada 700 000 años.

Por último, hay quienes piensan que el Apocalipsis podría producirse por un cambio de orientación del campo magnético de la Tierra, un fenómeno natural que ocurre, aproximadamente, entre una y cinco veces cada millón de años.

Se sabe que, mientras los polos se desplazan, la intensidad del campo magnético terrestre desciende, lo que puede provocar una mayor incidencia de la radiación cósmica y solar sobre la superficie de la Tierra durante el proceso.

Sin embargo, la NASA indica que es improbable que algo así suceda en los próximos milenios y, de generarse, los científicos aseguran que no tendría por qué causar daños de tales magnitudes.

Históricamente han existido unas 160 profecías poniendo fecha concreta al fin del mundo. Por suerte para nosotros, hasta hoy, ninguna ha estado en lo cierto. Así que duerma con los ojos cerrados, que el mundo no se acaba hoy.

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