El «primo» de la Tierra

Científicos descubren un planeta casi gemelo al nuestro, donde potencialmente podría haber un ingrediente clave para la vida: agua

Autor:

Patricia Cáceres

Hace apenas unos días los medios se hicieron eco de una noticia que ya se ha hecho viral en Internet. Astrónomos descubrieron lo que al parecer es el planeta más parecido a la Tierra detectado hasta el momento, y muchos ya se muestran optimistas ante la posibilidad de que sea habitable.

Kepler-186f, nombre con el que se le bautizó, es un exoplaneta que se localiza a unos 500 años luz de la Tierra, en la constelación del Cisne. Los astrónomos calcularon su tamaño, y es 1,1 veces el de nuestro planeta, o sea, un diez por ciento mayor.

Según la agencia EFE, el nuevo inquilino es el quinto y más alejado de un sistema de cinco planetas, todos con tamaño casi terrestre, que giran en torno a una estrella enana.

La intensidad y el espectro de radiación de la estrella colocan al Kepler-186f en una zona de habitabilidad estelar, a una distancia que no lo hace ni muy caliente ni muy frío, donde potencialmente podría haber agua en estado líquido (un ingrediente clave para la vida), refirió la agencia.

Publicado en la revista Science, el hallazgo fue logrado por observaciones del telescopio orbital Kepler, que orbita a 149,5 millones de kilómetros de la Tierra desde hace cinco años, y los análisis de los telescopios Keck II y Géminis Norte, ambos en Mauna Kea, Hawai.

«Las observaciones de Keck y de Géminis combinadas con otros datos y cálculos numéricos nos permiten confiar un 99,98 por ciento en que Kepler-186f es real», indicó Thomas Barclay, científico investigador del Instituto de Investigación Ambiental del Área de la Bahía en Ames.

Apuntando el telescopio al Kepler-186F

Barclay es de los que estiman que el nuevo planeta está conformado por hierro, roca, hielo y agua líquida, igual que la Tierra.

También la gravedad podría ser similar a la de nuestro planeta, contó Stephan Kane, profesor de la Universidad de San Francisco y también miembro del equipo. «Es fácil imaginar que alguien puede ir allí y caminar sobre la superficie», expresó.

Pese a las similitudes, Barclay dijo que el Kepler-186f quizá sea más un «primo» de la Tierra que un «gemelo», porque gira en torno a una estrella más pequeña y menos brillante que el Sol.

«Que se encuentre en la zona habitable no significa que el planeta lo sea: su temperatura depende en gran medida del tipo de atmósfera», ahondó Barclay.

¿Cómo sería el ocaso en el exoplaneta?

Kepler-186f orbita su estrella enana cada 130 días y recibe un tercio de la energía que a la Tierra llega del Sol. Los cuatro planetas compañeros orbitan cada cuatro, siete, 13 y 22 días, respectivamente, lo que hace que sean demasiado calientes para albergar la vida como la conocemos.

Aún quedan muchas cosas por esclarecer del «primo» de la Tierra. Sin embargo, científicos del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Puerto Rico ya han recreado cómo sería un atardecer allí.

Tomando como punto de partida el hecho de que el exoplaneta es de un tamaño muy similar al de la Tierra, que la luz de su sol es más tenue y suponiendo que hubiese agua (lo cual podría tardar años en verificarse), los especialistas publicaron una imagen de cómo sería un paseo al atardecer en una playa de Kepler-186f. La compararon, además, con una hermosa puesta de sol en el Caribe.

Al decir del portal Espacio Profundo, las plantas serían algo más bajas que las nuestras y tendrían un color verde oscuro o rojizo, debido a la poca energía solar. Algunos expertos sugieren que sería como una versión de nuestro planeta un poco más fría y con océanos poco profundos.

Expertos optimistas, como Victoria Meadows, astrónoma planetaria y astrobióloga en la Universidad de Washington, bromean con la posibilidad de que existan plantas capaces de vivir en ese entorno.

Aunque Kepler-186f reciba solo una sexta parte de la luz que llega a la Tierra, «hay muchas plantas terrestres que estarían muy felices con eso», afirmó.

Sin embargo, otros astrónomos sugieren que podría tratarse de un planeta frío y seco parecido a Marte o un mundo cubierto de nieve, como lo fue la Tierra en el pasado.

«Olfateando» el cielo

La búsqueda de planetas similares a la Tierra es una de las mayores aventuras de la investigación espacial actual.

«Es extremadamente difícil detectar y confirmar estos planetas del tamaño del nuestro, y ahora que lo hemos hecho queremos encontrar más», aseveró en una teleconferencia Elisa Quintana, científica investigadora del Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), quien encabezó el equipo que anunció el descubrimiento.

El telescopio orbital Kepler es la primera misión de la NASA, y su propósito consiste en identificar exoplanetas. En una teleconferencia de la agencia espacial estadounidense NASA, el científico del programa de exploración de exoplanetas, Douglas Hudgins, destacó la enorme contribución que Kepler ha hecho en la ubicación e identificación de planetas que orbitan estrellas lejanas y que podrían contener agua líquida. Al decir del científico, «el telescopio ha cambiado totalmente la búsqueda».

«Hace apenas 20 años solo conocíamos unas docenas de posibles candidatos a planeta exterior y ahora tenemos alrededor de un millar, la mayoría descubiertos en los últimos cinco años», subrayó.

Los planetas que orbitan alrededor de estrellas enanas, como la del planeta Kepler-186f, tienen características ideales para que pudiera existir vida en el lugar.

Los investigadores explicaron que las estrellas pequeñas duran más, por lo que constan de un período de tiempo mayor para que la evolución biológica y las reacciones bioquímicas sobre la superficie se desarrollen.

Para alegría de los astrónomos, las estrellas enanas constituyen las tres cuartas partes de las estrellas en la galaxia, por lo que se multiplican las posibilidades de búsqueda.

«Nuestra galaxia debe estar repleta de primos de Kepler-186f», dijo Quintana. «Encontrar un planeta comparable a la Tierra en tamaño, y además en la zona habitable, es un gran paso», añadió.

El método que han usado los científicos durante años para ubicar exoplanetas que no pueden observarse directamente, es la «disminución de luminosidad» que ocurre cuando algún objeto transita frente a una estrella, desde el punto de vista de la Tierra, y causa una reducción en la luz vista.

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