Un metro contador de paciencia...

«Estimado cliente: estamos comprometidos con usted». Ese es el lema estampado al dorso de los recibos de pago de la electricidad, donde también se detallan los servicios que ofrece la Empresa Eléctrica, entre ellos el cambio de posición del reloj contador. Pero esas delicadezas comerciales suenan falsas para Raquel La Rosa Terán, vecina de Juan Díaz Navarro 48, en la localidad villaclareña de Cifuentes.

En una carta que trasunta malestar, la lectora relata que el 6 de abril pasado solicitó en la Organización Básica Eléctrica (OBE) de Cifuentes el traslado para una pared de su casa del metro contador, que estaba instalado en la de un vecino. Pagó ese servicio y le entregaron un comprobante numerado. Le aseguraron que el trabajo demoraría a lo sumo diez días…

Raquel esperó 20 días, hasta que al fin el contador fue quitado de la pared del vecino, pero lo situaron al frente de la casa de este, y no en los predios de la remitente. Estaba casi en el techo, en una situación incómoda para desconectar el «catao» ante cualquier eventualidad…

Raquel le reclamó a la OBE que ella pagó para que pusieran el artefacto en su casa. Y como no tenía respuesta, pidió un despacho con el director. Este le prometió que ese mismo día, o al siguiente, irían por su casa. Mas, transcurrieron diez días y nadie se apareció…

La insatisfecha clienta regresó a la OBE y le volvieron a asegurar que irían ese mismo día o al siguiente. Raquel esperó una semana y retornó a esas oficinas: anotaron sus datos y dirección en la tablilla del carro de servicio para que el trabajo fuera hecho ese mismo día. Tampoco fueron…

A los cinco días, «realmente la sangre me hervía en el cuerpo, me sentía engañada y burlada», confiesa la lectora. Fue y vio al director de nuevo, a quien le hizo la misma historia. Y el director le respondió: «vamos a ver si puedo hacer algo». La clienta, esgrimiendo sus derechos, le dijo que si ella no pagaba la corriente ellos se la interrumpían. Y se sintió muy defraudada por la forma en que le respondió ese funcionario.

Raquel escribió entonces una carta a las autoridades del Gobierno municipal, y fue en ese momento que los técnicos de la OBE se personaron en su casa. Pero le solicitaron a ella 14 metros de cables y una tabla de madera para hacerle el cambio del contador.

No recuperada aún del asombro, la clienta se asesoró con alguien conocedor del tema, quien le dijo «que era imposible que necesitara esa cantidad de cables, los que, por supuesto, no tengo posibilidades de conseguirlos, ya que eso no se vende en ningún mercado. Pero, además, con el cable que tiene el contador, desde donde está puesto hasta mi casa podrían resolverme el problema», argumenta.

Raquel está indignada con razón. Dándole crédito a sus palabras, pueden extraerse algunas conclusiones: no fue profesional ni respetuoso el proceder de los trabajadores de la OBE en esta historia. No se plasmó en este caso el sentido de compromiso con el cliente que rige el trabajo de la Unión Eléctrica, por tantas promesas incumplidas y el desentendimiento constante. Y porque, como si no bastaran las dilaciones y desatenciones, es inaudito que vengan a solicitarle al cliente que resuelva los recursos para un servicio que ya él pagó por adelantado.

Vaya a saber usted hasta dónde se le disparó a Raquel el metro contador de su paciencia…

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