La agonía por un terreno o el dime que te diré

EL título de hoy lo facilitó la propia remitente: Rosario Prieto, de avenida Primera, edificio D-1, apartamento 16, entre 168 y 170, reparto Flores, municipio capitalino de Playa.

Rosario, quien labora en el Instituto Finlay, del Polo Científico de la capital, relata que en marzo pasado le fue otorgado un terreno en Marianao, por su centro de trabajo, perteneciente al Sindicato de la Ciencia, como parte del programa de construcción de viviendas por cuenta de los trabajadores.

El buró sindical, precisa, creó una comisión, la cual, entre más de 20 solicitudes, propuso el caso de Rosario a la asamblea, la cual lo aprobó por unanimidad, sobre la base de su trayectoria laboral y necesidad. Un verdadero estímulo.

El 6 de abril y con el acta de la asamblea, en la sede del Sindicato provincial de la Ciencia, le llenaron a Rosario el certificado de selección, con el número 048382, lo que le daba el derecho de solicitar la licencia de construcción.

Luego, se presentó en la CTC de Playa, donde recogieron todos sus datos. A los pocos días, la secretaria general del buró sindical le comunicó que ya el terreno no era en Marianao, sino en La Lisa. Después todo varió: era en Marianao. Y a la tercera que era en La Lisa.

Al mes del otorgamiento del terreno, citaron a Rosario, junto con representantes de la administración y el sindicato de su centro, para una reunión en la CTC municipal: allí le informaron a ella y a otros trabajadores beneficiados, que era en La Lisa, y que el Banco daría un crédito para la fabricación de la vivienda. Se orientó también el apoyo que debían dar el sindicato y la administración a la obra.

También le precisaron que el modelo de su casa era el número tres, cuyo techo no es de placa, sino de una modalidad proveniente de Venezuela. En la reunión Rosario preguntó si el módulo que a ella le tocaba era el de cuatro cuartos, como le habían informado, y se lo reafirmaron.

Le aclararon que el terreno asignado en Playa estaba ocupado, pero ya tenían la orden para desalojarlo. Después de aquello, Rosario esperaba y esperaba. Casi todos los días llamaba a la CTC municipal, y siempre le decían lo mismo: no habían desalojado el terreno.

Ya en junio, le informaron que estaban haciendo una gestión con el gobierno de Playa, para que el terreno fuera otorgado en ese territorio. A las dos semanas le comunicaron que no fue aprobada la solicitud, pues el modelo que otorgaba la CTC a los trabajadores no se ajustaba al municipio, por sus características. Y ellos no podían cambiar por el modelo 2 (con placa), pues no podía haber diferencias con respecto a lo que estaban ofreciendo otros territorios.

A mediados de junio, otra reunión en la CTC de Playa: para decirle que la casa ya no era de cuatro cuartos sino de tres, pues no se habían hecho los planos, y los módulos no se habían concebido para esa cantidad de habitaciones.

El pasado 7 de julio, Rosario llamó a la CTC de Playa, y no tenían ninguna respuesta. Fue cuando me escribió ya harta. «En cualquier momento entrego el terreno, esto más que un estímulo por mi trayectoria laboral y social relevante, se ha convertido en un suplicio», confiesa la afectada. No, Rosario, usted no debe renunciar a ese derecho que se ganó con su trayectoria. Lo importante es que se solucione el caso, y que al menos sirva de alerta para que programa tan noble y necesario no se demerite, por indefiniciones, desajustes y problemas organizativos.

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