Las resacas de una multa

Jorge Lorenzo Pérez Cruz es un campesino muy celoso con sus obligaciones para con el Estado, y estrictamente cumplidor con el espíritu de la Ley, especialmente en lo que concierne al ganado vacuno de su propiedad. Los movimientos y ciclos de sus reses siempre han estado correctamente registrados en Control Pecuario, me asegura en su carta.

Pero está muy molesto por estos días el pequeño agricultor, quien reside en Casa Colorada, poblado de San Andrés, provincia de Holguín; porque considera que ha sido multado injustamente por esa entidad controladora de la masa ganadera del país.

Relata Jorge Lorenzo que el 15 de diciembre de 2005 fue al registro pecuario de San Andrés con su planilla y un sello de cinco pesos, a inscribir una ternera y a reportar las conversiones por edad de otros animales. Pero el registrador que le atendió, le dijo que le dejara el documento y la estampilla y fuera dentro de unos días a recoger el documento actualizado.

El campesino retornó en varias ocasiones, y el funcionario lo «peloteó», como le hacía a otros propietarios con frecuencia. Para colmo, Jorge Lorenzo supo después que el susodicho registrador se encontraba detenido, bajo proceso investigativo, por actividades delictivas en su trabajo.

El 12 de junio de 2006, el campesino volvió al Registro, para dar de baja a una vaca que se electrocutó en su potrero, a consecuencia de unos fuertes vientos que tumbaron los cables eléctricos. Y le explicó al nuevo registrador, al tiempo que le entregó el certificado de muerte del animal y le aclaró que la planilla se encontraba allí.

En un primer momento, el empleado buscó y no la halló. Jorge Lorenzo insistió, y le habló con transparencia al mismo de lo sucedido. «Pude ocultarlo, pero no le mentí», asegura. Al fin, el registrador la encontró, y cuando la cotejaba con el libro, se percató de que no estaba actualizada. Simplemente, el anterior registrador, ahora «en llamas», ni había inscrito la ternera, que ya tenía seis meses, ni le había plasmado la conversión de dos añojos en toretes.

Entonces el registrador actual acusó de todo a Jorge Lorenzo y le planteó que le iba a aplicar una multa de cien pesos. El campesino replicó que no había razones para ello, pues él confió en quien se suponía era el garante del control. Otro funcionario, que había llegado con varios inspectores y tomó parte en el diálogo, entonces ripostó con una multa más severa: mil pesos.

Para Jorge Lorenzo fue una injusticia. Al día siguiente fue a Control Pecuario provincial y entregó su reclamación por escrito. Fue el 26 de junio a buscar el resultado, como le dijeron. Ese día le orientaron que volviera al siguiente. Cuando retornó, le comunicaron que la comisión había determinado ratificar la multa. Habló con el director, y este le manifestó que el problema era de él con el antiguo registrador.

Jorge Lorenzo cuestiona: «Fui engañado, peloteado, maltratado y multado, y no se hace uso del sentido común y el buen tino... ¿Por qué si yo lucho contra el robo, las inclemencias del tiempo, y mis reses están seguras y saludables, tengo que pagar un precio tan alto en lo moral, en lo económico y hasta en lo político? ¿Qué protección tengo ante tamaña injusticia?»

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