Respuesta es respeto

El ciudadano que busca una respuesta o el esclarecimiento de cualquier situación, merece respeto y transparencia por parte de las entidades e instituciones estatales. Para eso existen. Pero, lamentablemente, ese principio se vulnera.

Juan A. Figueredo Ramos me escribe desde el apartado postal 809, en la ciudad de Santa Clara, para narrar el peloteo de que ha sido víctima: el problema es que hace más de tres meses el servicio de Expreso por ferrocarril hacia la ciudad de Santiago de Cuba sufre inestabilidad.

Figueredo lleva ese tiempo intentando enviar un bulto por esa vía y le ha sido imposible. Y en su ciudad le dicen que el servicio de Expreso no tiene casilla para Santiago, pues el tren que une a ambas ciudades nace en Santiago, y dicha tripulación es la que debe traer la misma.

Pero en agosto, Figueredo fue a Santiago de vacaciones. Y se dirigió a las oficinas del Expreso a preguntar qué sucedía con el servicio, y allí le respondieron que eso era problema de Santa Clara.

«¿Quién tendrá la razón?», pregunta el remitente. Y poniéndose en su lugar, uno deduce que en uno de los dos sitios le han mentido. ¿Por qué?

Sin respuestas diáfanas también está Raiza García, de Entrada 10408, apartamento 14, entre Quinta y Séptima, en el reparto Antonio Maceo, municipio capitalino del Cerro.

Rayza alerta sobre las irregularidades que se registran actualmente con el yogurt de soya normado para niños, que falta hasta dos y tres veces en la semana en diversos mercados y puntos de venta de la capital.

La consumidora se dirigió a los funcionarios de su zona de Comercio, y los mismos no pudieron darle una respuesta al respecto. Y ella se cuestiona por qué las autoridades responsables no se han dignado a dar una explicación a la población sobre lo que sucede, teniendo en cuenta que es un asunto muy sensible: el desayuno de los niños.

La tercera carta la envía Joel Almeida Expósito, de calle 142 número 14701, entre 147 y 149, reparto Reynold García, en la ciudad de Matanzas, y aborda el tema de la calidad de las mochilas marca Thaba, de producción nacional.

Señala el lector que en tres ocasiones le ha comprado tal artículo a su hijo para la escuela, al precio de 12.45 CUC. Y a los pocos días de usarlo hay que comenzar a remendarlo por todos lados, porque prácticamente se deshace.

Considera él que es una falta de respeto al pueblo, y contrasta con una mochila similar, de producción foránea, que le regalaron al muchacho, y ha resistido intacta tres cursos escolares.

Joel considera que el problema de su hijo puede ser el de muchos otros escolares. Y en consecuencia piensa que «esto merece una respuesta seria por parte de los directivos y trabajadores de esa empresa».

Aprovecho la oportunidad para recordar a nuestros lectores que, cuando escriban una carta a esta sección, traten de aportar un teléfono en el cual puedan ser localizados, en el caso de que este redactor necesite aclarar algo que esté confuso en el texto de la misiva.

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