Nómadas...

Esta es la historia de una institución estatal que no posee local, y sus trabajadores y directivos permanecen de aquí para allá como nómadas, a expensas del quizás o el nunca jamás.

La alerta la da en su carta Clara Rosario Báez, vecina de avenida 81 número 13006, entre 130 y 132, en el municipio habanero de Mariel. Ella denuncia, en nombre del colectivo de la Oficina de Control de Multas de esa localidad, la situación desesperante que enfrentan para poder cumplir su importante misión social.

Relata Clara Rosario que el local de esa entidad tenía serias filtraciones y problemas en el techo, por lo cual en octubre de 2003 los trasladaron para la unidad de correos de la localidad. Sería por dos meses, en tanto repararan su sede. Pero allí permanecieron casi dos años.

Asegura Clara Rosario que la directora provincial envió al municipio un cheque para la adquisición de los materiales de la reparación, pero lo cierto es que todo permanece en la misma quietud. Les asignaron un terreno para construir las oficinas. Ya tiene su plano el módulo, pero lo único que ven allí es un basurero. Y no se rompe la inercia.

Ahora, como ETECSA requería del local donde estaban «prestados», los volvieron a trasladar, esta vez a una oficina de la Empresa de Servicios que no posee las mínimas condiciones: sin ventilación ni iluminación y sin baños. «Nos encontramos una encima de la otra, laborando incómodas... a expensas de que nos saquen de este lugar de un momento a otro», afirma.

Ello ha traído inconvenientes en la gestión de una entidad tan importante en la disciplina fiscal, económica y social. Las calificaciones de las auditorías son deficientes. Y es que por las condiciones anormales, la cajera, que maneja una elevada suma de dinero, está en un sitio que no tiene seguridad ni privacidad. «Siendo una entidad que tiene un ingreso diario al Presupuesto, no podemos utilizar la caja fuerte, porque como estamos pasando por distintos locales que no son nuestros, no podemos empotrarla en la pared».

Y concluye con una elocuente descripción: «Nos tienen como si fuéramos pelotas, de aquí para allá... No somos hijos de nadie... a nadie le preocupa como estamos».

La segunda misiva la envía el veterano Silverio Vega Peña, de Antonio Maceo 70, en Unión de Reyes, provincia de Matanzas. Y es para hacerle justicia a un amigo de 90 años, que requiere un bastón para poder caminar.

Cuenta Silverio que llamó al taller provincial de Ortopedia, y allí le dijeron que se los suministra Cuba-RDA, y hace más de un año no reciben ninguno de allí.

«¿Cómo es posible —pregunta el lector— que para esas personas se disponga de trabajadores sociales, servicios costosos, áreas para ejercicios, hasta Universidad del Adulto Mayor, y que no sea posible ofrecerles un simple y necesario bastón, de ínfimo costo?».

Silverio considera que podrían venderse en las farmacias, mediante recetas médicas. Y solicita que la institución correspondiente «se pronuncie con respuestas creíbles, serias y responsables».

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