Peligrosas aguas

Nadie puede imaginarse lo que es vivir entre albañales hasta que le rodean esas aguas hediondas, y pasa el tiempo y pasa, sin que se le ponga un freno a tal peligro.

María Eugenia Montalvo me escribe desde Pasaje Gutiérrez 6, entre 12 y 13, en el barrio capitalino de Lawton, porque desde 2004 la situación del colector de la calle está provocando tupición en los tragantes de los patios de varias viviendas de esa cuadra, con estancamiento de aguas albañales.

Ya tuvieron una inspección de Higiene y Epidemiología en julio de 2005, la situación la manejan Aguas Negras, y Acueducto y Alcantarillado, «sin dar una respuesta concreta o al menos una posible solución».

En el garaje del edificio sito en calle M número 53, entre 11 y 13, Vedado, hay una tupición de aguas albañales que lo inunda todo.

Relata en su carta Henry Martínez, vecino del inmueble, que el problema lleva sin solución más de dos años, y se agudiza con las penetraciones del mar en esa zona costera y con las lluvias, hasta alcanzar niveles insoportables. Una nata verde, el hedor y los mosquitos se encargan de recordarles a los vecinos que tiene fuerza para rato el salidero del abandono y el olvido.

En el propio municipio capitalino de Plaza, concretamente en el edificio sito en calle A número 156, entre Línea y Calzada, el garaje-sótano está en similares condiciones hace cerca de un año. Relata en su carta Jorge Mansur, del apartamento 28, que la causa es un tubo roto por el cual se vierte el agua albañal.

Y por si fuera poco, frente al inmueble hay una tupición en la red sanitaria, que dificulta el drenaje de las aguas sucias del edificio. Versiones del barrio aseguran que son los áridos de las obras del hospital de Cardiología que está más arriba en el Vedado que bajan arrastrados por el agua.

Y Nieves Valdés, de Zequeira 257, entre Consejero Arango y Cruz del Padre, municipio capitalino del Cerro, cuenta que hace unos tres meses en la esquina de su casa hay un salidero de aguas albañales que corre por la vía, y a este se ha sumado otro.

Cuando llueve, esas aguas comienzan a salir por los tragantes internos de las casas. Y Aguas de La Habana ha aclarado que ese trabajo no le compete, pues su objetivo de trabajo son las redes exteriores y se detienen en la entrada de las viviendas. Por otra parte, a principios de 2006 se instalaron tuberías en la cuadra para solucionar el abasto de agua, medida que todos aplaudieron. Pero la calle quedó destruida después del cierre, y en los huecos se acumulan las aguas sucias.

Es indiscutible que hay proliferación de roturas en una red de desagüe tan obsoleta como la de la capital, y que los conductos internos de las edificaciones también se resienten con los años. Es real que los problemas sobrepasan los recursos. Pero habrá que ir pensando en priorizar más los existentes y organizarlos mejor, porque no es menos cierto que los salideros de albañales son, a más de tantas suciedades, molestias y fealdades, impredecibles peligros.

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