Agua, pero las calles…

Hoy traigo la respuesta de la ingeniera Ana Remis Castro, jefa del Departamento de Atención al Cliente de Aguas de La Habana, a la queja de Enma Viña Hernández, vecina de Goicuría 1011, entre Continental y Sevillano, municipio capitalino de 10 de Octubre, reflejada aquí el 16 de febrero pasado.

Recordemos que entonces Enma escribió para ensalzar las labores de rehabilitación de las redes de acueducto en ese reparto Sevillano, para mejorar el servicio a la población, lo cual tuvo un positivo impacto.

Pero la remitente señalaba que al concluir las obras, los ejecutores rellenaron las zanjas con la misma tierra que se había extraído, y se les planteó a los vecinos que posteriormente se procedería al arreglo de las calles. Sin embargo, apuntaba la denunciante, transcurrieron más de tres meses y no se habían asfaltado las zanjas, y todo era un lodazal.

A propósito, señala Remis que los trabajos en el reparto Sevillano forman parte del esfuerzo de esa entidad para mejorar el suministro de agua y eliminar las consiguientes fugas en redes de muchos años de explotación. Son expresión de un ambicioso programa de rehabilitación para la capital, que incluye la sustitución de más del 70 por ciento de las actuales redes de acueducto en un plazo de cinco años.

Y para ello, el país ha invertido cuantiosos recursos en la adquisición de medios, equipos y materiales, incluyendo una fábrica de tuberías de polietileno de moderna tecnología que ya se encuentra en fase de producción, asegura.

Luego de esa valiosa y panorámica información, va al asunto de la queja: tan ambicioso programa no se ha iniciado todavía, y por ello Aguas..., con sus recursos propios, está haciendo un esfuerzo por solucionar algunas zonas afectadas, como el Sevillano.

Y la dificultad es que no se reciben los áridos y el asfalto para la terminación final con la agilidad requerida. Por ello ha sido la demora en restituir las calles y aceras rotas por las labores de construcción, «las cuales finalmente quedaron solucionadas totalmente en el mes de febrero», concluye la funcionaria.

La segunda carta la envía Elda Cabrera, de calle 86 número 7312, entre 73 y 77, en la localidad habanera de Güines. La lectora es una fanática del béisbol, y se duele de que el estadio de esa localidad hace muchos años que sigue marcado por el período especial.

El asunto en cuestión son las luces de esa instalación. Pasa el tiempo, y no hay una solución que «alumbre» las expectativas de los fanáticos. La gente, dice Elda, se sigue preguntando: «¿Adónde fueron a parar las luces de nuestro estadio?».

Increíblemente, a pesar de todos esos contratiempos, en esa instalación, a la luz del día, se han celebrado juegos importantes, con gran afluencia de público. Elda espera que en la próxima Serie del deporte nacional, alguna noche de Güines se anime con la fiesta de la esférica.

La tercera misiva la envía Amarilys Ruiz Martín, de calle Águila 114, apartamento 5, entre Colón y Trocadero, municipio capitalino de Centro Habana.

La lectora comienza su carta contando que su hija de cuatro años, que está en el jardín infantil Meñique, de Centro Habana, no se quiere ir de esa instalación cuando ella va a recogerla por la tarde. Y eso dice mucho.

Amarilys es una madre feliz, porque constata que «las seños de mi hija son dulces, comprensivas. Parecen abejas todas uniditas en bienestar de los niños. Siempre están adornando, limpiando, cumplen con los horarios, velan por la salud de los niños. Les inculcan buenos modales».

Precisa la madre que están al tanto hasta de las situaciones familiares de los niños, se apoyan en los padres, y conversan mucho con ellos.

Amarilys destaca que esas educadoras van más allá de ganarse el salario, y quiere reconocerlas públicamente mencionando sus nombres: Mabel, Elizabeth, Yanelis, Yanet y otras... «Un reconocimiento muy grande por esa labor tan sensible. Dejamos en buenas manos a lo más preciado de nosotros: nuestros niños».

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