Demolidas, demolidos…

Las historias de hoy se parecen a muchas otras reflejadas en esta columna; como para decirnos que sigue vivito y coleando el mal de la imprevisión y la falta de sistematicidad en ciertas obras muy sensibles, referidas al techo de la gente.

Escribe Caridad Fomellida Rubio, quien reside en una cuartería situada en la calle Antonio Guiteras número 6636, en el batey del central Nicaragua, del municipio holguinero de Banes. Y aclara que escribe en nombre de cinco familias más, además de la suya, para denunciar el abandono en que han quedado por decisiones «tomadas a la ligera», según su parecer.

Refiere que en noviembre de 2006 los residentes en la ciudadela fueron informados por la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV), Vivienda y Microservi, que la misma se iba a reparar, como parte del programa de mejoramiento del batey. Tomaron medidas por fuera y por dentro, y valoraron las condiciones de ese inmueble.

Recuerda Caridad que se reunieron debajo de una mata, con la presencia también del Presidente del Consejo Popular: les orientaron que debían buscar donde albergarse por tres a cuatro meses, tiempo que debía durar la reparación. Que si ese mismo fin de semana vaciaban la ciudadela, podían comenzar de inmediato.

Así se hizo. Y transcurrieron dos meses luego de que se albergaran, pero no llegaban los constructores. Semana tras semana, Caridad iba a las entidades implicadas, y a otras autoridades del territorio. Pero seguían en punto cero. La respuesta siempre era la misma: se está estudiando el caso, pues no hay recursos para reparar la cuartería.

Al fin, el 3 de enero de 2007, llegó una brigada a trabajar. Desarmó la cuartería en una semana. Luego... continúa en estudio el caso, pues no hay recursos. El eterno estudiar y estudiar. Y ya para ponerle la tapa al frasco de las posibilidades y cerrarlo herméticamente, le informan a los afectados que la provincia no había aprobado dicha reparación.

«Fue como para volverse locos, subraya Caridad. Somos seis familias viviendo en distintos lugares prestados y pasando trabajo».

El 12 de junio pasado, cuando Caridad me escribió, ya hacía siete meses que vivían en aquella indefinición. Solo se había trabajado en tres de las seis viviendas, y la obra llevaba parada un mes por falta de arena y transporte.

«Si no tenían los recursos, y si llevaba tanto estudio y había que esperar que la provincia lo aprobara; ¿por qué actuaron tan a la ligera y nos sacaron antes de tiempo, sin tener todo seguro? No es menos cierto que la cuartería estaba en malas condiciones, pero ahora estamos peor. Y esperando que se nos dé una respuesta efectiva», concluye Caridad.

La segunda carta, enviada por Bertila Correoso Valls, relata una situación similar; más bien mucho más grave en el tiempo:

Bertila, vecina de Aurelio Fernández 54, en el poblado El Cobre, en Santiago de Cuba, relata que luego del paso del huracán Michelle, y a causa de su mal estado, se tomó la decisión de demoler cuatro viviendas situadas en una misma edificación de madera.

Al momento de la demolición, las autoridades locales no tenían sitio donde alojar a las familias, y les recomendaron que se albergaran por su propia cuenta, pues la ejecución de la nueva edificación duraría breve tiempo, apenas unos tres meses. Familiares y vecinos los acogieron...

«Pero lo difícil es que transcurrieron siete años, sin que se edifiquen las viviendas, consigna Bertila, con los consiguientes malestares para nuestras familias».

En estos siete años reclamaron a todas las instancias, y hace poco más de tres meses fue que enviaron al contingente Tony Alomá, que casi terminó la obra tan demorada. Casi, porque no han podido habitarla: no hay tuberías plásticas para las instalaciones hidráulicas, ni cables para las eléctricas. La pintura no alcanzó. «Usted podrá imaginar el disgusto de estas cuatro familias», concluye Bertila.

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