Fosas, albañales, paciencia…

Benito Plasencia me ha escrito cuatro veces, y aún no había clasificado en esta sección, entre tantas cartas. Pero cuando alguien persiste así, el problema es grave, tan grave como vivir entre albañales y no hallar solución.

Plasencia vive en calle 98 número 909, entre Novena y Once, reparto Querejeta del municipio capitalino de Playa. Desde el pasado 28 de febrero los vecinos de su edificio reportaron a Aguas de La Habana que la fosa del mismo estaba colmada y no descargaba, por lo cual los residuales se acumulan en los lavamanos, fregaderos y bañaderas de los inquilinos.

Situación tan crítica se mantiene. Han tenido que clausurar sus baños y se ven precisados a hacer sus necesidades fisiológicas en bolsas que botan a la basura. Es muy fuerte la imagen que relata, pero mucho más desagradable es sufrirlo. Y Aguas de La Habana ha esgrimido que tiene atrasos en la larga lista de fosas por atender.

Al fin, un inspector de Aguas se presentó el 6 de julio pasado. Semanas después, llegó un carro, extrajo un poco de la fosa y se retiró. El chofer alegó que el problema es el pozo y no la fosa. Plasencia volvió a Aguas, y lo remitieron a la base de camiones de dicha entidad. Allí le prometieron visitar el edificio, y los vecinos se quedaron esperando.

Aguas dice que la solución del pozo puede demorar hasta un año. Trabajan con equipos que alquilan, porque no tienen los indicados para destupir o reperforar. La situación, aclaran, puede ir paliándose mediante el vaciado temporal. Pero los vecinos siguen entre aguas sucias...

Similar tragedia relata Boris González, de Emilio Núñez 229, entre 20 de Mayo y Enrique Villuendas, en el Cerro: hace cinco años el pasillo exterior de su edificio permanece inundado de aguas albañales, que salen del fondo de un inmueble colindante.

Llueven y se empozan, como las aguas sucias, las gestiones de los inquilinos con Micro Social, entidad que debe solucionar el problema.

«¿Qué hacer?», se pregunta desesperado Rolando García Zayas, de calle 42 número 3712, entre 37 y 39, Playa: desde inicios de 2003 la fosa de su casa comenzó a presentar problemas, al punto de salir los residuales por los tragantes e inundarse de agua la casa cuando arrecian las lluvias.

Desde entonces, Rolando se ha desgastado ante el problema: que si la fosa, que si el pozo, Micro Social, Aguas de La Habana, Aguas Negras; trabajos parciales que no acaban de erradicar el mal original, gastos monetarios continuados, invocaciones al gobierno municipal. «Todavía estoy esperando la solución, es una falta de respeto».

Un trágico indicador de paciencia tiene Eugenia M. Lima, allá en calle 198 número 7302, entre 73 y 81, municipio capitalino de La Lisa: hace más de ocho años frente a su casa hay un vertimiento albañal. Igual tiempo llevan manando heces las fosas de los edificios situados en calle 56, entre 43 y 45, en Playa, asegura la vecina Marta M. Pallarés, quien reside en el número 4301 de esa cuadra. Pero el récord lo tiene la tubería de desagüe rota de un edificio que linda con el inmueble donde reside Caridad Iznaga, en calle I número 15007, entre Séptima y D, apartamento 4, Altahabana. Todo va a parar a su patio y a las paredes de su vivienda.

Son tantas las denuncias sobre fosas y albañales revueltos, que me ciño a enumerar el resto de los afectados: Isabel Rodríguez, Victoria 12815, apartamento 11, entre Acacia e Independencia, reparto Martí, Cerro; Adelfa Martínez de León, calle 240, entre Quinta y Quinta A, Jaimanitas, Playa; Ernesto Rodríguez, Mayía Rodríguez 708, Los Pinos, Arroyo Naranjo; Sonia Despaigne, Sitios 259, apartamento 5, Centro Habana; Yusleidys Díaz, Novena número 11018, Playa; y Beatriz Estupiñán, José Antonio Saco 421, Víbora, 10 de Octubre.

Albañales y fosas reventadas por toda La Habana. Grave problema y una cola enorme. ¿Falta de recursos y equipos para tantas incidencias? ¿Deficiencias en los trabajos? ¿Lentitud? Los ciudadanos aguardan por respuestas esclarecedoras de las entidades implicadas.

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