Por tierra y por aire…

Hoy traigo dos tristes historias de viajeros que, por aire o por tierra, llegaron a su destino, pero no con todas sus pertenencias. Y siguen aguardando por una respuesta a sus respectivas reclamaciones.

Migdalia Pérez Miranda me escribe desde José Martí 116, en Antilla, provincia de Holguín. Y lo hace para contar las tribulaciones de su hijo Yorlando Peña Pérez, suboficial de la Marina de Guerra Revolucionaria, quien viajó el 5 de junio pasado desde La Habana hasta la ciudad de Holguín en el ómnibus de ASTRO 2863.

Antes de partir, Yorlando entregó sus equipajes: un maletín con numerosas pertenencias y una caja. Ya en Holguín, cuando fue a recogerlos con los respectivos tickets, le entregaron la caja, pero el maletín ya no estaba. El maletero había dado el mismo equivocadamente a otra persona, que al parecer fue muy astuta y no aclaró que no le pertenecía. La prueba era que el empleado tenía la mitad del ticket del desaparecido equipaje. Y la otra evidencia era el maletín abandonado por el impostor.

Fue cuando el policía de Tráfico levantó acta de las pertenencias en el equipaje dejado, y junto a la empleada que recibía los ómnibus, le indicó al joven que debía esperar a que esa persona que se apropió de su maletín lo entregara; o, de lo contrario, dirigirse al jefe comercial de ASTRO en Holguín.

Pero el impostor nunca apareció. Y el 8 de junio Yorlando y Migdalia pudieron ver al comercial. Este les indicó que hicieran un acta de reclamación especificando las pertenencias que tenía el maletín sustraído. Y prometió mantenerse en comunicación con ellos.

Pero el 13 de junio vieron al comercial y este le comunicó que ASTRO indemnizaba hasta por un máximo de 500 pesos; o de lo contrario podía quedarse con el maletín abandonado. Ante la negativa de madre e hijo, les sugirió que hicieran un acta de reclamación acusando a los choferes del ómnibus.

Y Yorlando no entiende por qué él, quien con sus tickets reglamentarios fue maltratado y perdió prendas de valor, debe ser el acusador, si la empresa debía asumir la responsabilidad y no lanzarlo a un forcejeo en los tribunales. «¿Qué garantía brinda esa empresa a los ciudadanos que le confían sus pertenencias?», pregunta Migdalia.

No menos disgustada está la doctora Zuleyka Caballero, de San Pablo 105, entre Martí y Luaces, en la ciudad de Camagüey: el 15 de julio pasado arribó a la capital de cumplir una misión en el exterior. Y su equipaje arribó el 30 de julio, sin ningún tipo de problema.

Ese mismo día, en la Terminal 1 del aeropuerto José Martí, despacha el equipaje para Camagüey a las 4 y 15 de la tarde. Tuvo que sacar unos spray de una caja donde iban ropas y otras pertenencias para sus familiares; y luego fue sellada.

El 7 de agosto, la doctora Zuleyka recoge su carga en el aeropuerto de Camagüey. Le dicen que hay una caja abierta, mojada y con mal olor. Cuando registra, encuentra la ropa y los demás artículos todos mojados y con mucho hedor. Faltaban cuatro paquetes de 12 toallas cada uno, 10 shorts de hombre, 8 juegos de sábana y 4 paquetes de 12 pares de medias cada uno.

Se tomaron fotos y videos de las evidencias, e hizo los trámites oficiales de reclamación. Y a los 5 días, Zuleyka fue a Carga y Equipaje de Cubana en Camagüey: allí la jefa le dijo: «Tengo tu reclamación, pero no te preocupes, que por cada kilogramo te van a dar 20 pesos cubanos».

Zuleyka llamó a la Jefa de Carga Nacional en La Habana y esta le dijo que esperara respuesta.

De entonces, han transcurrido unos dos meses, y la doctora Zuleyka no ha recibido respuesta alguna. Y ella exige que se esclarezca el asunto, con la misma transparencia y precisión que los pacientes esperan de los diagnósticos que hacen los médicos.

En días pasados, denunciamos aquí pérdidas y sustracciones en los bultos postales que se imponen vía correos. Y no es la primera vez que revelamos, de boca de sus propias víctimas, desapariciones de equipajes en viajes de ASTRO y vuelos de Cubana de Aviación. Por correo, por tierra o por aire. ¿Qué está sucediendo?

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