Garantía para la garantía - Acuse de recibo

Garantía para la garantía

Algo tan racional como el cambio de refrigeradores no puede trastabillar luego en la garantía de los equipos sustitutos, pienso ante la respuesta de Amado Enrique Morell, director de la Empresa Provincial de Servicios a la Población de Camagüey, a la queja de Rebeca Fernández, reflejada aquí el pasado 24 de agosto.

Rebeca, vecina de calle B entre C y María del Rosario, reparto Torreblanca de la ciudad de Camagüey, contaba que su nuevo refrigerador llevaba dos meses roto por problemas con el filtro, y en el poliservicio que le corresponde no lo tenían; a más de que presentaban problemas con las piezas de repuesto asignadas por DIVEP.

Luego llegaron los filtros, pero no alcanzaban para los casos reportados. Después, no contaban con el nitro para destupir las tuberías. Y más denunciaba Rebeca: el poliservicio no cuenta con transporte para las visitas a domicilio, ni con piezas de repuesto suficientes, y tampoco con una cantidad de refrigeradores para prestarlos a los clientes mientras se atienden sus casos; «lo que hace que quienes tengan roturas en los equipos cambiados luego de las 72 horas, incurran en las molestias que pasamos», señalaba.

Al respecto, aclara Morell que la demora estuvo dada por la carencia de gases industriales, pues la fábrica de la provincia estaba paralizada. Y especifica que Rebeca reportó el equipo el 9 de junio pasado, y el 17 de julio fue visitada por el mecánico, quien diagnosticó tupición en el filtro. El equipo quedó pendiente, pues no había filtros entonces.

«El 6 de agosto —precisa Morell—, se le asignó un refrigerador de fondo de giro, por no contar el taller con equipos disponibles. Como se puede apreciar, transcurrieron 57 días desde la fecha de reportado el equipo, y 20 días a partir de que fuera diagnosticado por el mecánico, lo que propició molestias a la clienta».

Señala que se investigó todo y se visitó a Rebeca, quien el 4 de septiembre tuvo ya su refrigerador reparado. Al administrador del poliservicio se le aplicó un descuento del 25 por ciento del salario de un mes, y fueron separados de sus responsabilidades los jefes del puesto de mando del programa y de la unidad básica Julio Antonio Mella.

Se movilizó al especialista provincial de Servicios Técnicos con un transporte, para disminuir los casos pendientes y el ciclo de reparación; se priorizó por parte del Sindicato la entrega de gomas y cámaras de bicicleta a los mecánicos que prestan servicio en la calle; y la Dirección Provincial montó un rutero para repartir en los talleres los gases industriales, que entraron el 23 de agosto a los almacenes.

Agradezco la respuesta y sugiero para casos posteriores que se aclaren más orgánicamente los hechos. Quien lee no tiene por qué saber qué es la unidad básica Julio Antonio Mella; o pudiera preguntarse si por fin la causa es la carencia de gases industriales o la indolencia de los responsables sancionados.

Aun así, la historia alerta de que para cumplir un objetivo tan sensible y masivo como la sustitución de refrigeradores, tienen que crearse las premisas logísticas para que la garantía sea efectiva y no un tormento.

La segunda carta la envía Mario Suárez Fonte, en nombre de los vecinos del edificio de calle 66 número 316, entre Tercera y Quinta, Miramar, municipio capitalino de Playa.

Y no es para menos la agonía de esas cuatro familias, que llevan años viviendo rodeados de aguas sucias. El garaje-sótano del inmueble se inunda de albañales con las lluvias hasta una altura de un metro 50 centímetros. Y la cisterna del edificio está en ese garaje.

El listado de sus gestiones no cabría en esta columna: Aguas Negras, Salud Pública, puesto de mando de la campaña contra el mosquito, Gobierno municipal, Departamento de Control de Vectores del IPK...

Lo cierto es que la inundación va y viene. Y siempre son curitas o parches, como los camiones-cisterna que envían para sacar el agua. Comúnmente los paliativos los logran los vecinos de sus propios bolsillos, pero las soluciones de raíz, que implican un estudio de terreno y la inversión correspondiente, brillan por su ausencia.

Mario y el resto de los vecinos se preguntan si las entidades estatales correspondientes han renunciado a sus deberes para con ellos, y los han abandonado para siempre en un lago infectado de albañales, promesas y mentiras.

¿Quién dará la cara a esos molestos vecinos?

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