Parte y parte… - Acuse de recibo

Parte y parte…

El pasado 6 de septiembre esta columna reflejó las insatisfacciones de Inés Tamayo Ladrón de Guevara, trabajadora del vivero de Jibacoa, perteneciente a la Empresa Forestal Integral Manzanillo, en la provincia de Granma. Y hoy reseñamos la respuesta al respecto de Gerardo Enrique Forment Gallardo, director de esa entidad.

Pero antes recordemos lo que Inés denunciaba entonces en su carta: tanto ella como otras siete obreras de la empresa que residen en Cayo Espino, deben trasladarse diariamente cuatro kilómetros de la casa al trabajo y no tienen transporte, pero tampoco se hace una gestión para venderles bicicletas.

Además, señalaba la remitente que estaban mal atendidas por la empresa en aspectos vitales como la alimentación y los instrumentos de trabajo. Y, por otra parte, hay irregularidades con el cobro del salario, pues se dilata el momento del pago más allá del día fijo que tienen para ello. La obrera también apuntaba que estaban cansadas de plantear sus quejas en la unidad, la empresa y el Sindicato, y nadie les ponía atención.

Al respecto, responde ahora Forment que a raíz de lo publicado se creó una comisión, la cual se reunió con la trabajadora, y se le dio respuesta a cada uno de sus planteamientos, y también se efectuó una reunión con el resto de los trabajadores del colectivo.

Asegura el director que Inés nunca hizo esa reclamación en las instancias de la empresa, y ella lo reconoció así, aunque respetan el derecho de ella a quejarse al órgano que estime conveniente.

En cuanto al transporte, puntualizó que esa entidad carece del mismo para hacer frente a las necesidades de trasladarse de sus 1 450 trabajadores, cuestión que se agrava si se tiene en cuenta que las áreas de fomento forestal están en zonas de difícil acceso, muy lejanas de los núcleos poblacionales.

Sobre las bicicletas, señala que antes se adquirían por las cuotas asignadas por el sindicato, siempre en cantidades ínfimas en comparación con las necesidades de los trabajadores.

Sobre lo planteado de los medios de trabajo, aclara que los asignados para las trabajadoras del vivero «permiten cumplir satisfactoriamente las normas, sin que ellas se vean afectadas física y mentalmente».

Acerca de lo señalado en cuanto a la alimentación, puntualiza que los trabajadores del vivero tienen garantizada la misma en el comedor obrero, y en algunos casos se les suministra la cuota mensual cruda a trabajadores que, por laborar en áreas lejanas y de difícil acceso, como los hacheros y carboneros, no pueden beneficiarse con el comedor.

«Se ha insistido en innumerables ocasiones —sostiene el director— que cada colectivo laboral debe buscar formas alternativas para autoabastecerse de producciones agropecuarias. Sin embargo, este es uno de los casos que no hemos resuelto, a pesar de contar con las condiciones y recursos mínimos para hacerlo».

Y en cuanto a las irregularidades en las fechas de pago del salario, reconoce que Inés tiene toda la razón: en lo que va de año ha habido demoras de hasta cinco días después de la fecha convenida. Y atribuye ello a que el Departamento Económico de la Unidad Silvícola de Manzanillo presentó inestabilidad en su personal. Al respecto, consigna que se tomaron medidas organizativas y disciplinarias con los miembros del Consejo de Dirección implicados en estas y otras fallas, que fueron desde democión del cargo hasta multas en diferentes cuantías. Y se hizo antes de que apareciera la queja.

Aun cuando Inés no planteara sus quejas allí, y a pesar de que, según el director, no tenía la razón al ciento por ciento en sus insatisfacciones, la respuesta institucional revela que esos trabajadores han sufrido problemas que los agobian: unos de competencia de la empresa, otros de dificultades de la economía nacional.

Hablando claro: hubo irregularidades en algo tan serio como el pago, no tienen transporte para vencer distancias tan grandes, y tampoco asignación de bicicletas sucedáneas; y en cuanto a la alimentación la propia empresa reconoce que aún tienen potencialidades no exploradas en el caso de una entidad agrícola, que tiene la tierra.

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