Informar arriba, responder abajo

La suspensión del tren Morón-Nuevitas-Santa Clara, tratada aquí en ediciones anteriores, sigue dando quehacer, porque nació marcada por erróneas concepciones de lo que es la información institucional ante quejas de la población. Lea, y encontrará las claves de porqué aún insisto en lo tocante. No es alevosía, sino deseo de extraer una lección.

Recuento: El 26 de junio de 2007 reflejé aquí la inquietud de Ulises Prieto, de Placetas. En nombre de muchas personas, preguntaba por qué ese tren, que llega hasta Santa Clara y presta servicios a numerosas poblaciones, llevaba entonces siete meses sin funcionar. La única respuesta que le dieron, decía, era que estaba suspendido. Y en la calle circulaban rumores de que en el trayecto había varios puentes en mal estado.

Por más de seis meses no llegó respuesta de la Unión de Ferrocarriles. Cuando a inicios de enero de 2008, esta columna hizo el balance del último período y reveló las quejas no respondidas, allí estaba la de Ulises Prieto. Fue entonces que, el 24 de enero de 2008, casi siete meses después, llegó, enviada por una instancia nacional de los Ferrocarriles, la respuesta a Juventud Rebelde, suscrita el 5 de julio de 2007 por Yunior Alfonso, subdirector Comercial de la Empresa de Servicios Generales de los Ferrocarriles en Villa Clara.

La carta contenía enfoques que rebatí el 27 de enero pasado —con el respeto de siempre— porque no partían del espíritu autocrítico que debe tener una entidad, y de alguna manera culpaban al ciudadano de no tener la información que no fueron capaces de brindar.

Confiado en que, si una carta fechada el 5 de julio de 2007 nos la envían como respuesta el 24 de enero de 2008, es porque tiene vigencia, me hice eco el 27 de enero del mensaje que contenía: se había restablecido el tren.

Se disparó la reacción de los lectores: El 28 de enero Yasmany González señalaba desde Santa Clara: «Cuando Ulises escribió su carta, ese tren llevaba meses sin funcionar. Luego lo pusieron a funcionar en julio de 2007 y estuvo corriendo un mes y piquito, para volver a cancelarse hasta los días de hoy. Desde agosto de 2007, ese tren no ha hecho su recorrido completo hasta Santa Clara por razones que desconozco, al igual que la mayoría de la población. Me gustaría ver qué dice Ferrocarriles de todo esto».

El 29 de enero, desde Esmeralda, Camagüey, Raúl Casabella relataba: «ayer 28 de enero me informaron en la estación de Esmeralda, que el tren 81 no está llegando a Santa Clara. Corre hasta Iguará, en Sancti Spíritus, y de ahí regresa a Nuevitas y Morón». El 31 de enero, desde General Carrillo, en Villa Clara, Pilar Cerezal decía que «hasta hoy 31 de enero de 2008, el tren no está circulando por la línea norte». El 1ro. de febrero, desde Jarahueca, Sancti Spíritus, Julia Hernández refería que ese tren «aparece y desaparece sin explicación alguna para los viajeros. En estos momentos, después de no haber corrido por más de cuatro meses, comenzó a funcionar hasta Iguará, y nadie ha explicado por qué no sigue su recorrido hasta Santa Clara».

El 4 de febrero, y desde Santa Clara, apuntaba Orelvis Guerra: «Le tengo una mala noticia. El tren está funcionando solo de Morón hasta Iguará. No dijeron la causa del tiempo paralizado: es por mala situación de puentes; o mejor dicho, de un puente entre Zulueta del Sur y General Carrillo. Hace meses que las piezas están desprotegidas y abandonadas en la estación de Zulueta del Sur, en espera de ser colocadas».

Balance: En un primer momento la respuesta se envió desde Villa Clara a las instancias nacionales de Ferrocarriles, y no a esta columna. Alguien la engavetó, y la envió mecánicamente cuando ya estaba superada por la realidad.

Las respuestas no esperan. Envejecen. Si bien es un acto de disciplina informar a las instancias superiores, es una muestra de respeto responder públicamente, en el momento preciso, a las quejas de los ciudadanos que se tornan públicas en un medio de prensa.

El subdirector Comercial de Servicios Generales de los Ferrocarriles en Villa Clara volvió a escribir. Y esta respuesta fue reflexiva y autocrítica, al tiempo que confirmó que el problema son los puentes. Lo felicito, y le rogaría que en otra carta explique qué se va a hacer y cuándo, para resolver definitivamente el asunto.

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