En la calle «salidero»...

«Frente al salidero de aguas albañales»: así completa la lectora Leyda Luz Benítez los pormenores de su domicilio en calle 379, número 17817, apartamento 18, entre 178 y 184, en el reparto Mulgoba, del municipio capitalino de Boyeros. Ya el vertedero de aguas sucias casi está institucionalizado. El colmo sería que se incorporara al Registro de Direcciones...

Perniciosos fenómenos accidentales que debían ser transitorios y fugaces, se incrustan en la vida de los ciudadanos, como es el caso de ese surtidor de miasmas, que lleva ya año y medio perturbando al vecindario. Y todo por un descuido.

Cuenta Leyda que en octubre de 2006 rompieron esa calle para instalar una acometida desde el acueducto de Mulgoba, y llevar así agua a Santiago de las Vegas. Pero al realizar las labores, afectaron las redes de alcantarillado. Desde entonces, las aguas albañales circulan como Pedro por su casa.

Los vecinos se cansaron de plantearlo en las asambleas de rendición de cuentas. El delegado de la Circunscripción —pobres delegados entre la espada y la pared— ya no sabe qué hacer. Y ya desengañados, los sufrientes han tenido que abrir zanjas para que esas aguas sucias no se estanquen. El carro de destupición fue, trató de resolver, y al no lograrlo, se retiró del escenario.

Increíblemente, ya las calles de Mulgoba se pavimentaron meses atrás, «y la 379 sigue de mal en peor, ya que el derrame de las aguas negras, más las lluvias y el paso de los carros, la deterioran más. Creo que ya hemos tenido demasiada paciencia los vecinos».

La segunda carta la envía Elizabet Facundo, vecina de Edificio 71, apartamento 5, entre 50A y 52, en Jagüey Grande, provincia de Matanzas; y estudiante de la Licenciatura en Contabilidad y Finanzas en la Sede Universitaria Municipal de dicha localidad.

Relata Elizabet que tanto ella como otros de sus condiscípulos provienen del Curso de Superación Integral para Jóvenes y, como tales, se les paga un estipendio de 150 pesos. Pero desde el pasado mes de enero no lo reciben.

Ella personalmente se presentó en la Sede donde, increíblemente, el administrador no tenía conocimiento del problema. En marzo pasado se dirigió al Gobierno municipal, y desde allí llamaron a la Sede. Fue cuando respondieron que en ese propio mes les iban a pagar los adeudos.

Pero no se cumplió lo prometido. Los estudiantes siguen manifestando su inconformidad, y no tienen una respuesta. Una vez más irregularidades con el pago de los estipendios a universitarios. Es inconcebible que una medida institucionalizada por el Gobierno de este país, pueda ser vulnerada. ¿Quién responde por ello? ¿Quién explica por qué puede mantenerse a esos educandos sin pagarles el estipendio que les pertenece por ley?

La tercera misiva la envían Mercedes de Armas y Luis Vázquez, vecinos de avenida 3ra., número 15, entre 4 y 5, en el reparto Chibás del municipio capitalino de Guanabacoa. Y es un reclamo muy sensible de muchos padres de niños que se encuentran semiinternos en el centro psicopedagógico La Castellana, de la capital.

Afirman ellos que su niño Luis Ernesto se encuentra semiinterno en esa institución, «gran obra de la Revolución» para potenciar la mejor inserción social y la atención médica de esos pacientes. Y precisan que si bien La Castellana antes del período especial tenía transporte garantizado, con los años de mayor crisis capeó el temporal con ómnibus de uso donados por amigos de Cuba.

Pero actualmente solo han quedado dos guaguas de una base de transporte y una de la propia institución, en muy mal estado técnico. Con ellas no se pueden suplir las necesidades de traslado de pasajeros tan necesitados, pues son más los días que no hacen los recorridos.

Ahora que el transporte público comienza a recuperarse, estos padres piensan que se debería pensar en cómo resolver las necesidades de instituciones tan especiales como La Castellana. Esos niños, por sus características, no pueden someterse a la dinámica de los ómnibus urbanos.

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