¿Qué dice el MICONS?

El pasado 26 de febrero reflejé aquí la insatisfacción de Jesús Díaz y Edelmiro Rivera, en nombre de un grupo de microbrigadistas que en 1985 comenzó a erigir en San Juan y Martínez, Pinar del Río, un edificio para 12 familias, y aún no lo han podido habitar. Resulta que la obra se detuvo, y ellos se mantuvieron mucho tiempo en la construcción, reconstrucción y remodelación de obras sociales de ese poblado, y en la recuperación de viviendas dañadas por huracanes; mientras que las suyas permanecían en espera de terminación.

Al fin, en 1999 pudieron reanudar las labores de su edificio, y fue en septiembre de 2007 que, a duras penas, lo concluyeron. Sin embargo, continúan aguardando por que se produzca la ansiada entrega de las viviendas. Las autoridades locales alegaban la necesidad de urbanizar toda la zona, con más de cien viviendas, a las cuales, hasta entonces, se les había permitido sus propios tanques sépticos independientes. Pero ahora esa solución individual de cada quien se ha convertido en un problema. Y todo se hubiera resuelto si entonces se hubiera construido un tanque séptico a más de 200 metros del edificio, para lo cual había recursos.

«En los últimos cinco meses, denunciaban los remitentes, nadie en el municipio o la provincia se ha interesado por esta situación. Solo se han logrado promesas de más adelante».

Al respecto, responde Oscar Yumar Alfonso, director de la Unidad Presupuestada Inversionista de la Vivienda (UPIV) en esa provincia, quien reconoce como justo el reclamo de esos microbrigadistas, y señala que el mismo debe ser asumido y resuelto por la dirección del Ministerio de la Construcción en ese territorio, pues, además de la afectación de esas familias, la dilación pone en peligro la culminación del plan de viviendas en San Juan y Martínez.

Lo que impide la habitabilidad del edificio, asegura, es el no contar aún con el tanque séptico, que no ha sido ejecutado por el MICONS. «La dirección municipal de Vivienda del territorio, agrega, ha planteado de forma reiterada este requerimiento, el cual está comprometido desde noviembre de 2007 y no se ha concluido aún».

Agradezco el esclarecimiento hecho por la UPIV, lo cual refleja a todas luces que el responsable de que esas familias no puedan disfrutar de sus bien ganadas viviendas es el MICONS; el cual, por cierto, tampoco ha dado una respuesta a esta columna.

La segunda misiva la envía Carlos de las Pozas Suárez, desde avenida 26 número 1009, entre 47 y 32, en Nuevo Vedado, municipio capitalino de Plaza de la Revolución. Y es un reconocimiento de gratitud al colectivo de la Notaría de calle 10, entre 15 y 17, en ese territorio.

Carlos tuvo que hacer trámites allí, y desde que llegó quedó prendado de la amabilidad de la recepcionista, que aclaraba con interés todas sus dudas.

Y en la notaria Margarita Rodríguez Balado, se encontró con una profesional con tremendos deseos de servir, sin el más mínimo asomo de interés material. «Sin siquiera preguntarle, luego de exponerle mi caso, aclaró por ella misma infinidad de asuntos desconocidos por mí, que de no saberlos, me hubieran acarreado dificultades en el futuro». ¡Qué distinto a otros funcionarios que solo evacuan aquellos aspectos que de manera directa se les preguntan, sin entrar a aclarar lo que ellos dominan y saben que sería mejor para el usuario! «Esta compañera aclaró infinidad de asuntos desconocidos por mí y orientó la mejor forma de realizar los trámites y lo que podía ocurrir si lo hacía de la forma que yo pretendía originalmente. En fin que no dudó en ningún momento, con sencillez y sensibilidad, en hacer del caso algo propio. Puedo decir, al igual que mi esposa, que no obstante el tiempo que necesariamente hubo que esperar, ante el ambiente amistoso y afable de los empleados ello no representó ningún problema.

Posteriormente, al recoger los documentos, se presentaron algunos errores en los mismos. Pero la manera antiburocrática, ágil y profesional de la cartularia Sandra Núñez Riverón, siempre sonriente y amable, suavizó la molestia.

Aclara Carlos que esta experiencia tan feliz debía hacer meditar bastante a quienes, en dependencias de atención a la población, niegan todos los días con sus desafueros y abulia, la devoción al servir, complacer y atender al prójimo que exigen para sí mismos.

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