Incertidumbres...

Esta columna bate palmas cuando recibe cartas de jóvenes. Por eso esta vez comienza con la misiva de Josué Pérez de la Cruz, vecino de edificio No. 20-B2 Apto 5, reparto Rajayoga, en la hospitalaria Santiago de Cuba. Advierto que en realidad le damos «plan jaba» pues la explicación de su problema trasunta una posible injusticia de carácter laboral.

Desde hace cuatro años Josué trabaja en la Empresa SEPSA como agente de la Central de Alarmas (es chofer de patrullas). El 15 de junio último su jefe le informó que tres días después se realizaría un test psicométrico y las personas que lo desaprobaran serían ubicados en otra actividad, la de agente de protección SEPSA.

En la fecha prevista se examinaron los 32 agentes de la Central y Josué y otros nueve desaprobaron. «Automáticamente me quitaron de mi puesto y me reubicaron en Protección, donde las condiciones de trabajo no son las mismas».

Josué encoge hombros ante lo que se le presenta como una zancadilla del absurdo: «hablo por mí y los demás compañeros. No puede ser que diez agentes no pasen el psicométrico, entre ellos compañeros que tienen hasta ocho años de experiencia en esta labor y con los cuales la actividad de protección ha marchado bien. Cuando lo conversamos con los directivos nos dicen que es una orientación de La Habana y hay que cumplirla como está establecido».

Y las dudas continúan: «¿qué diferencia tiene un agente de la Central de Alarmas de uno de Protección, si ambos portan armamento y tienen que cumplir los mismos deberes funcionales?».

«Todos los que fuimos eliminados somos jóvenes física y mentalmente», prosigue Josué para interrogarse a continuación si resultan idóneos para mantenerse en la plaza otros compañeros que, aunque sí aprobaron, «no pueden ir a la preparación física».

Lamento que la carta no proporcione más datos acerca de cuáles otras gestiones hicieron Josué y demás agentes para dejar en claro lo ocurrido. De cualquier manera, el país dispone de una amplia legislación laboral y cuenta con el deber de las administraciones de observarla rigurosamente. Es inaceptable que un joven sencillo y sacrificado sienta que recibió un tratamiento incoherente y que su puesto no está seguro, especialmente cuando tiene responsabilidades como padre y esposo.

Otro tipo de incertidumbres experimenta por estos días Doris Vegas Pérez, quien escribe desde Concepción 391-A, entre Libertad y Yara, en ese inigualable balcón al gran azul que es la ciudad de Manzanillo.

«El motivo de mi carta es la poca credibilidad y mal trabajo de la Empresa de Correos. Despaché dos bultos postales con fecha 3 de abril de 2008 y me dijeron que reclamara si no llegaban a su destino en el mes siguiente. Desde entonces estoy reclamando. Los paquetes están dirigidos a Lumey Yaque Vega y llevan los números 001297571 y 001297585».

Doris se pregunta hasta cuándo ha de continuar esperando y quién responderá por lo que califica como una falta de respeto. Confío en que Correos aclare con prontitud lo sucedido.

Y regresamos a un caso casi sepultado en las brumas del tiempo. El 29 de febrero reprodujimos la inquietud de Caridad Gutiérrez, vecina de avenida 51 número 5203, entre 52 y 56, municipio capitalino de Playa, quien al abordar dos ómnibus diferentes se topó de bruces con unos sujetos que bloqueaban el paso a los viajeros nada más y nada menos que... jugando a la chapita.

Una de las guaguas pertenece a TRANSMETRO, entidad que ahora responde. Emilio Pollato Alfonso, director de la Unidad Empresarial de Base de Transportación de Trabajadores de Ciudad de La Habana, explica que tras recibir la orientación el 18 de junio de atender esta queja, se presentaron al día siguiente en el domicilio de Caridad.

«Lamentablemente, la compañera no tenía detalles en relación con el ómnibus, aunque comentó que su interés era denunciar la falta de combatividad de la población, así como la ausencia de autoridades que salieran al paso de manifestaciones que debieron ser repudiadas por todos.

«No obstante —concluye Pollato—, recalcamos la responsabilidad de nuestros conductores, los cuales son los encargados de velar por cuanto sucede en nuestros ómnibus, combatiendo cualquier hecho que vaya contra las normas establecidas en el uso de estos medios».

Concluyo haciendo un llamado a la precisión, pero esta vez a algunas administraciones que envían respuesta y la suscriben bajo la genérica figura del Consejo de Dirección. Alienta el hecho de que respondan, pero deben hacerlo con exactitud. La autoridad tiene nombres y rinde cuentas a toda hora.

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