Viejos enfoques con los viejos

La población cubana envejece cada vez más. Y las cartas, precisamente de ancianos, denotan que aún en muchos sitios no se está preparado para asumir consecuentemente, y con la sensibilidad requerida, ese desafío demográfico. Mirtha Gámez Sánchez lo alerta, desde calle Quinta número 22, Reparto Bajo Costo, Río Grande 2, en el Consejo Popular Nicaro del municipio holguinero de Mayarí. Cuenta la veterana que en su pueblecito hay más de 200 pensionados de la Seguridad Social y, de acuerdo con las últimas decisiones, para renovar la chequera de jubilado hay que caminar más de cuatro kilómetros entre ida y retorno. A la edad y los achaques físicos de los viejitos, súmele que el transporte local es nulo. Los propios afectados plantearon que debía situarse un representante de Seguridad Social en cada comunidad para efectuar el trámite y evitarles molestias a tantos ancianos. «Como respuesta hemos recibido el silencio, señala Mirtha. Trabajo y Seguridad Social de Mayarí no responde; el Poder Popular, tampoco. ¿Es ese el tratamiento que merecemos los de la tercera edad que residimos aquí? ¿No nos hemos ganado siquiera una explicación?»

Se lo perdieron: Con 66 años, Luis Alberto Llorente es un campesino residente en El Cuyují, Trinidad, provincia de Sancti Spíritus. Cuenta que sus padres poseían una pequeña porción de tierra que entregaron al Estado revolucionario, y desde entonces él (Luis Alberto) y su esposa trabajaron, y muy duro, en la Cooperativa de Producción Agropecuaria Olivero Marín Valdivia. Ya no les acompaña la salud. Su esposa se jubiló, con una pensión; pero él no lo ha podido hacer. La dirección de la cooperativa le plantea que su expediente está extraviado. Dice Luis Alberto que ha planteado esto a la ANAP, pero no ha tenido respuesta. «¿Cómo es posible que se permita esto?», pregunta el campesino.

Quiere saber cómo: Luis Acosta Pérez es un anciano de 75 años, vecino de calle Antonio Maceo número 37-A, en Unión de Reyes, provincia de Matanzas. Él tiene amputadas sus dos piernas, y por mucho tiempo se trasladaba en un viejo sillón de ruedas que se reparaba, pero ya dio todo lo que iba a dar. En su municipio, Luis ha hecho todo tipo de gestiones. Todo el mundo se solidariza con él, pero en concreto nadie le ha resuelto su problema. El anciano se enteró por la televisión de que ya en Cuba existe una fábrica de sillones de ruedas, y quiere saber cuándo podrá tener acceso a uno de los que se produzcan allí. Es que su esposa, sexagenaria, ya no tiene fuerzas para moverlo dentro de la casa. Y Luis quiere saber cuándo él y otras personas podrán adquirir ese equipo que es como el oxígeno para una persona postrada.

Otro expediente «perdido»: La denuncia de Ángel Rosales, es solo un botón de muestra de muchos otros casos recibidos, los cuales revelan que, si bien problemas de recursos agravan la situación de la vivienda en Cuba, el descontrol también facilita que los materiales tomen otro destino. Ángel, residente en Pedro Méndez, H-157, entre Onelio Hernández y Martí, en la ciudad de Ciego de Ávila, refiere que con muchos esfuerzos y desgastes está construyendo una vivienda por esfuerzo propio desde principios de 2006. Al fin consiguió que lo pusieran en el plan para la asignación de materiales. Le hicieron la carta técnica del listado de lo que le asignaban. Y de primer momento, le garantizaron un juego de baño sin la instalación sanitaria, 20 sacos de cemento y una puerta. Pero el inspector que le atendía se desvinculó de ese trabajo. Y al venir uno nuevo, constató que «no se tenía el control de los expedientes que se encontraban en el rastro, para la entrega de los materiales asignados». Y el expediente de Ángel se extravió. Ni una disculpa ni los materiales. «Quedé en el aire».

Una disculpa con Aguas de La Habana: Un espacio que refleja —y acompaña— tantas quejas y juicios de los ciudadanos acerca de la gestión de entidades e instituciones, tiene que ser muy autocrítico, hasta lo implacable, cuando se equivoca. En el reciente corte analítico acerca del estado de las respuestas de las instituciones a las quejas publicadas en esta columna, erróneamente en la tabla se le señala a Aguas de La Habana dos casos no respondidos. El trabajo estadístico para la confección de esa tabla es arduo, y un error mecánico puede dar al traste con el objetivo. Es Aguas de La Habana precisamente de esas empresas que siempre responden. Lamentamos profundamente el yerro, y aseguramos que aguzaremos todos los sentidos para que no vuelva a ocurrir.

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