No dieron pie con bola... - Acuse de recibo

No dieron pie con bola...

Cuando se realizan grandes inversiones de acueducto en Santiago de Cuba, tan bienvenidas y elogiadas por la población y la prensa, parecería un aguafiestas la queja de Irma Ruiz. Quizá llegue a perturbar la carta, sobre todo a quienes creen ver en la focalización de un problema concreto el empañamiento de «la imagen» de una gran tarea.

Pero lo esencial no es «la imagen», sino subsanar los errores en el camino sin ponerse rojo. Porque alertando sobre la calidad de un trabajo se ayuda a preservar quizá futuras calidades, es que reseñamos la queja de Irma, quien reside en Padre Pico 694 A, entre Trocha y San Fernando, en la hermosa e histórica ciudad.

Relata Irma que el 20 de enero de 2004 solicitó una entrada de agua para su casa, desde la conductora que pasa por la calle. Y después de mucho reclamar, se la instalaron el 17 de agosto de 2006: dos años y siete meses después. Pero a los cuatro meses, el agua filtraba por el asfalto.

Fue entonces una brigada de Acueducto del Distrito 2, abrió un hueco y supuestamente hizo el arreglo, que con el tiempo volvió a descomponerse. La brigada abrió otro hueco, y hasta entonces se ha quedado así.

Han llamado a Acueducto del Distrito 2, y siempre les dan una respuesta diferente. En noviembre de 2007 que iban a esperar hasta enero de 2008, pues no había «culebra» o «serpentín». En enero de 2008, que más adelante. En junio de 2008: esperar a que concluyera la brigada que estaba reparando las calles, en la colocación de tuberías en la Carretera Central. El 28 de julio, que iban a poner un «rolito», pues la tubería estaba vieja y podrida. Mientras, en el hueco la gente lanzaba basura y escombros.

Al fin fue una brigada y destapó el hueco, pero nada hizo, pues los de la brigada anterior que habían estado allí, según ellos, se habían llevado el entronque de la acometida. Llamó Irma de nuevo a Acueducto del Distrito 2, y la remitieron a Mantenimiento del municipio, quien se había llevado el entronque y no lo había puesto. Le dijeron que al siguiente día iban a hacer todo lo posible por instalarlo.

Pero pasaron los días y nada, ni siquiera una verdadera información de lo que pasa. El 8 de agosto, luego de ir al Acueducto del Distrito 2, de llamar, y escuchar que «no está», «llame después», Irma estaba harta y me escribió.

El hueco es un microvertedero que desborda la calle e interfiere el paso de los vehículos. Se llevaron el entronque por donde entraba agua a la casa, ya pagado en el 2006, y no lo han puesto. «¿Es tan difícil este trabajo que ha tardado tanto?», pregunta Irma, y cuestiona mucho más sobre la falta de acometividad para resolver una sencilla acometida.

Modesto Álvarez, de Juan Abreu 564, apartamento 3, entre Juan Alonso y Manuel Pruna, en el barrio capitalino de Luyanó denuncia también chapucerías en inversiones hidráulicas.

Modesto aplaude la sustitución de redes, y conoce que el abc de ellas es cumplir los tres pasos: apertura de la zanja, instalación de la tubería y cierre correcto de la primera. Pero así no fue en su barrio...

Refiere que en abril y mayo de 2007, Aguas de La Habana sustituyó viejas conductoras en su cuadra. Abrieron las zanjas y luego de instaladas las nuevas conductoras dejaron las calles y aceras más deterioradas de lo que estaban.

No deja de reconocer Modesto que la labor fue ágil y constante, pero sin cuidar el entorno: «A duras penas fueron cerradas las zanjas de las aceras, meses después. Y para sellar las de la calle usaron materiales que cada vez se hunden más, al punto de que existe la posibilidad de que las tuberías puestas se partan o desconecten».

Ahora cuando llueve, consigna él, comienza el rechazo por el desagüe de albañales y se inundan las casas de esas aguas sucias. El delegado ha planteado en las rendiciones de cuenta que Aguas de La Habana va a cambiar la tubería de desagüe de albañales, que está deteriorada y no permite el libre flujo de los desechos.

Mientras tanto, el paisaje de la calle es deplorable, a más de los obstáculos para la circulación de vehículos. En calles aledañas, apunta Modesto, el panorama es de deterioro y salideros.

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