Mover cielo y tierra

Los vecinos de la comunidad Primero de Enero, en el municipio matancero de Martí, están sufriendo mucho. Y nadie merece sufrir por lo que podría tener solución, si se moviera cielo y tierra.

La denuncia viene a nombre de Milagros Esquijerosa, quien reside en calle B número 50, en ese poblado: en una gran cantidad de viviendas de la localidad se desbordan las aguas sucias, y brotan excrementos por los tragantes de los baños. Los vecinos han tenido que cerrar las llaves de paso y desisten de hacer sus necesidades fisiológicas en sus servicios sanitarios.

El problema es muy grave. Plantea Milagros en su carta que se le ha planteado al delegado de la circunscripción, el cual lo ha elevado a los organismos e instancias del territorio, sin ninguna respuesta. El propio delegado le explicó que la causa de todo es una tupición de la línea principal de descarga, problema que él mismo ha denunciado más de cinco veces en Hidrología municipal. Y no le han dado respuesta.

El planteamiento, recurrente en las asambleas de rendición de cuentas, ha sido despachado por el delegado con el Gobierno municipal todos los meses, desde enero pasado.

Según refiere Milagros, el director de Hidrología siempre manifestaba que no podía visitar el poblado por problemas de gasolina para transportarse. Al fin en julio pasado logró visitarlos, prometió resolver, y siguen esperando todavía...

«¿Por cuánto tiempo se podrá persistir en tales condiciones?», pregunta la remitente. Y uno también inquiere: ¿Cómo se puede estar tranquilo sabiendo que esas personas viven entre heces? Si los recursos para resolverlos no están en el municipio, hay que ir a la provincia, o pegar tres gritos de auxilio a los niveles más altos; pero hay que resolver. Es grave la situación.

Desde el histórico y montañoso Buey Arriba, en la provincia de Granma, me escribe Eduardo Méndez, vecino de la calle José Antonio Echeverría número 2. Y lo hace en nombre de más de 500 familias que están prácticamente incomunicadas.

Refiere Eduardo que a partir de la ejecución de la presa de Bueycito en la década de los 70, y dadas las constantes crecidas del río Buey, varias comunidades rurales se quedaron incomunicadas por tierra. Solo pueden entrar o salir mediante botes, entre las seis de la mañana y las seis de la tarde. De lo contrario, deben caminar decenas de kilómetros por esos abruptos parajes.

«Cuando llueve —y aquí es sistemático— el río Buey crece, la presa avanza, y durante días se hace imposible salir al pueblo pues el bote no puede trabajar: todo esto, sin pensar en un accidente, o un dolor o enfermedad repentinos que se produzcan...», refiere Eduardo.

Y todo por un puente que se les prometió entonces a los lugareños, y nunca se erigió. Un puente que podría comunicar a las comunidades de Villa Blanca, La Rioja, Manacas, San Felipe, San Antonio y El Olimpo, entre otras.

Por la falta del puente se ven afectados dos consultorios del médico de la familia y nueve escuelas primarias, así como el traslado de café, viandas, frutas y otros productos agrícolas.

Eduardo recuerda que aquella zona es historia pura: en San Juan existen las ruinas de lo que fuera una finca del prócer independentista Francisco Vicente Aguilera. En San Felipe está la escuelita fundada por Paquito Rosales, y que hoy lleva su nombre. En una casa donde pernoctó el Che, hoy está uno de los consultorios médicos.

Y desde la hermosa Ciudad Primada, Baracoa, se lamenta Ángel Antonio Quintana, vecino de Flor Crombet 144, entre Pelayo Cuervo y Ciro Frías. Sí, se conduele de la poca divulgación e información que hay en los medios televisivos y escritos sobre la primera villa fundada por Diego Velázquez.

El baracoense recuerda que dentro de cuatro años, esa muy singular ciudad cubana cumplirá 500 años. Y él espera, para entonces, que su Baracoa se haga sentir más en todo el país.

Respaldo ciento por ciento la demanda de Ángel Antonio: allí, entre el café y el cacao, en la exuberante vegetación y humedad, en la aún virginal cordialidad y nobleza de sus habitantes, está la semilla de nuestra cubanía. Bien que lo merece la irrepetible Baracoa.

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