Una zanja en la confianza

Cuando las instituciones abren zanjas en la confianza de los ciudadanos, hay que preocuparse por sanear a tiempo, porque de lo contrario esas heridas demoran en cicatrizar. Jo-sefa González está sufriendo todavía el permiso que dio, en 1962, para que sacaran por el solar particular de su vivienda el desagüe de agua soterrada de la calle, el cual supuestamente sería entubado después. Pero no ha sido así en 46 años. Josefa, quien reside en calle Novena número 23, entre A y B, en la localidad camagüeyana de Vertientes, cuenta que la zanja tiene un ancho de cinco metros y medio y pasa a seis metros de su vivienda. Lo más terrible es que cada día se acerca más, por los derrumbes de tierra que provoca aquella hedionda corriente. En ella, vierten fosas

de casas y edificios aledaños, corrales de cerdos y hasta las aguas contaminadas del policlínico. El torrente de miasmas también pasa cerca de pozos artesanos de varias viviendas, y genera plagas de mosquitos, cucarachas, ratones y hasta majás. Josefa ha tramitado la queja con su delegado, el Gobierno municipal, y Salud Pública. Al fin, se reunió una comisión integrada por Servicios Comunales, Acueducto y Alcantarillado y el Gobierno, para decidir quién era el responsable del asunto: Servicios Comunales. Pero este último selló las gestiones —no la zanja— respondiéndole que no tiene presupuesto para entubarla. Josefa es-pera la decisión del Gobierno municipal; porque aceptar la imposibilidad es lanzar su re-clamo por el sucio desagüe de todos los de-sechos.

Ni respuesta ni chequera: Hay cosas que no se entienden, allá en Sancti Spíritus, o aquí en La Habana. Aracelys García Chaviano es una estudiante de 18 años y escribe desde la finca Las Cejas, en carretera a Trinidad, Banao, provincia de Sancti Spíritus. Refiere que su mamá, de 53 años, es cardiópata, hipertensa y diabética, amputada de sus dos miembros inferiores. Y su hermano ha tenido que dejar de trabajar para cuidar a la madre. Aracelys se dirigió a Asistencia Social del municipio a plantear el panorama familiar, y le indicaron que llevara una carta de su escuela, una del centro de trabajo de su hermano, y un resumen de historia clínica de su mamá. Todo lo entregó ella, y fue a la casa una comisión a verificar la situación en febrero de 2008. Pero aún no se le ha dado solución al caso; ni siquiera una respuesta. La tía de Aracelys visitó Asistencia Social del territorio, y allí aparecía que la afectada estaba cobrando una chequera de 164 pesos, como beneficiaria, «algo que no es así y nunca ha sido», sostiene Aracelys.

Ocho meses esperando por lo concedido: ¿Cuál es el objetivo de tanta demora?, pregunta Karelia Linares, vecina del Edificio 31 A, apartamento 17, en Micro X, en el barrio ca-pitalino de Alamar. Y la inquietud que la car-come es por un trámite que debiera ser na-tural y expedito, y sin embargo, ya lleva ocho meses pendiendo en la nebulosa del cuándo será. Karelia es hija del primera base

Arturo Linares, gloria del deporte cubano, quien falleciera el 24 de diciembre de 2007. Desde 2001, Arturo había testado a favor

de Karelia la vivienda donde ella reside actualmente. Y en vida del ex atleta, se le había asignado el servicio telefónico. Es más, ya estaba confeccionado el contrato con ETECSA a nombre de Arturo, cuando este falleció. Antes de que instalaran los teléfonos asignados, Karelia fue a ETECSA de su municipio y habló con la delegada de su circunscripción. Ambos le orientaron que quien autorizaba la instalación era el Consejo de la Administración Municipal, y que no debía haber ningún problema. Fue entonces a esta última dependencia y la trataron muy amablemente, le dijeron que su caso no tenía problema, pues ella tenía el derecho a disfrutar lo que ya estaba contratado e institucionalizado. Pero cuando instalaron los teléfonos en su barrio, no lo hicieron así en casa de Karelia, y adujeron

que el contrato estaba a nombre del fallecido. Han transcurrido ya ocho meses y ella sigue esperando por algo para lo cual, según todos, no hay impedimento. «¿A quién tendré que dirigirme para resolver este problema, manifiesta. Si él hizo su contrato, este contrato existe y yo estoy legal en esa vivienda, por pleno derecho que me da el testamento suscrito por mi padre, ¿por qué en toda mi cuadra yo soy la única que no tengo

instalado el teléfono teniendo tanta necesidad?».

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