Las «mermas» del pollo - Acuse de recibo

Las «mermas» del pollo

Víctor Millo es profesor de la Universidad de Cienfuegos, y debería tener su mente despejada para impartir la docencia, si no fuera porque se interponen tantas trabas, directivas y coyundas para poder adquirir el pollo normado en la casilla correspondiente...

Él y su esposa, quien también trabaja, tienen un hijo estudiando en la Universidad Central de Las Villas, y la hija cursando carrera en la Universidad de Cienfuegos. Típica familia que permanece el día fuera de casa, en desventaja para garantizar los alimentos, ahora que andan escasos, y se depende tanto de «lo que viene» a la bodega.

Víctor, quien reside en Edificio 15, apartamento 1, en el barrio Buenavista de la ciudad de Cienfuegos, cuenta que el pasado 21 de noviembre su esposa se dirigía a la casilla que les corresponde, para comprar el pollo normado, y una vecina le informó que se había acabado. Como la casilla está a más de un kilómetro, su esposa retornó. Al otro día, cuando llegaron a la casilla para adquirir el pescado «que les tocaba», preguntaron por el pollo «faltante», y les dijeron que no tenían derecho a él, pues no se habían anotado «en la lista de los que faltaban».

Inconformes con que se le endilgue al consumidor, algo que bien conocen los que despachan, visitaron la Zona de Comercio y las direcciones Municipal y Provincial de Comercio. Y en estos sitios les dieron «una amplia explicación sobre la merma del pollo (?), los problemas de frío en las casillas y hasta de métodos para mejor control de los casilleros. Explicaron además un supuesto acuerdo del Consejo de Distribución Provincial —que nadie nos mostró por escrito— según el cual tenemos la obligación de cuando por algún motivo (digamos “la merma”), no alcanzamos, ir a anotarnos en la lista de los afectados».

No es la primera vez que Víctor es «afectado». En marzo del presente año, suministraron pollo en sustitución de pescado. También se acabó, y cuando hicieron la reclamación, les dijeron que ese «pollo por pescado» no tiene «merma» (?).

«¿Quién entiende?, cuestiona. ¿No es ya suficiente que se pierda el derecho al producto a las 48 horas, por falta de frío en los locales? ¿Para qué tengo que anotarme en una lista si el producto se acabó antes de las 48 horas? ¿No tienen los casilleros que llevar el famoso “cartabón”, donde conocen qué consumidores no han adquirido el producto? ¿Mi producto no tiene que ser situado en la casilla? ¿Por qué reclamar algo a lo cual tengo derecho? ¿Por qué tiene que pagar mi familia la famosa merma? ¿No se conoce cuánto es esto? ¿No estamos dándole la posibilidad al casillero de anotar él un grupo de personas que no adquirieron el producto y no se anotaron, y luego apropiarse del mismo?».

Al respecto, le explicaron en Comercio que esa lista lleva la firma del consumidor; pero él pudo conocer, mediante el testimonio de personas que se anotaron en la lista de marras, que ellos no firmaron nada.

Víctor siente que violan sus derechos como consumidor, y asegura que para próximos envíos, tratará de enterarse a tiempo y hacer la cola, para comprar el pollo. Quizá tenga que faltar al trabajo y sus alumnos sufrirán la «merma» de clases. De lo contrario, si se acaba de nuevo —¿por qué se acaba lo que está previsto ya?— se anotará a tiempo en la lista de los «afectados», aunque siga sin entender nada.

¡Qué conflicto para el pollo del arroz con pollo!

Tienen que respetarnos

Muy dolida me escribe Francy Brown (59 años), desde Calzada de Luyanó 711, entre Concha y Línea, en el popular barrio habanero de Luyanó. Y todo es porque el pasado viernes 21 de noviembre, a las diez de la mañana, y apeándose de un P-9 en la parada de la Plaza de Cuatro Caminos, un joven la presionó contra el ómnibus, mientras que otro le arrebató el monedero.

Francy pidió auxilio, porque identificó perfectamente a los malhechores. «Y nadie, ni los conductores del ómnibus, me auxilió. Me sentí muy frustrada, porque siempre he estado y estoy orgullosa de ser cubana, de los sentimientos de solidaridad de mi pueblo».

La señora, quien es una estomatóloga ya jubilada, y tiene dos hijos: uno ingeniero civil cumpliendo misión en Haití, y el otro ingeniero mecánico y oficial de las FAR, está muy preocupada. Y llama a todos los cubanos a no permitir que los anrtisociales se adueñen de la calle. «Tienen que respetar a un Estado y a todo un pueblo», sentencia la señora.

Sorpresa en el P-1 Desde Tercera número 1605, en Miramar, municipio capitalino de Playa, escribe Humberto Lastra. Él desconoce el nombre del chofer del P-1 número 725, que lo sorprendió el 23 de noviembre pasado, a las 9 y 30 de la mañana. Pero como todavía anda «enganchado» con la historia decidió compartirla. Dicho chofer tuvo la amabilidad de retener el ómnibus en la parada de 14, hasta que llegaran una señora y Humberto, que por ser impedido físico, tiene visibles dificultades para caminar. Lo hizo sin que los dos transeúntes le hicieran seña, pero por el espejo retrovisor se percató de que ambos intentaban infructuosamente acceder a la guagua. Humberto depositó dos monedas de 20 centavos. Y el chofer le dijo: «Solo tenía que pagar 20 centavos, que es lo establecido para personas como usted». Y le preguntó insistentemente por qué no le había hecho señas para detenerse. Humberto se lo agradeció y se excusó diciéndole que no lo hizo porque consideraba que no debía contribuir a violar lo establecido, que es parar en los lugares que corresponde. Y el chofer le replicó cordialmente: «Haga señas, que usted es un hombre que ha trabajado mucho. Es lo menos que podemos hacer por usted». Humberto no lo ha visto más, pero quedó marcado por aquel gesto de humanidad y decencia, esos dos atributos que de vez en cuando se nos extravían por las calles de la ciudad. Humberto aspira a que este desconocido chofer del P-1 lea hoy este periódico, y apuntale con estas palabras su buena fe, por encima de todo.

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