Atienden queja aún con divergencias - Acuse de recibo

Atienden queja aún con divergencias

Dairon González, vecino del Edificio 3, apartamento 22, en Nueva Isabela, Sagua la Grande, Villa Clara, encontró respaldo y solución a su queja —reflejada aquí el 13 de junio pasado—, según la respuesta que envía Julio A. García Pérez, director general del Grupo Empresarial Azucarero (GEA) de esa provincia.

Vayamos por orden cronológico: Entonces Dairon denunciaba que años atrás había una vaquería estatal muy pegada a su barrio, y precisamente la trasladaron por las molestias que ocasionaba a los vecinos. Pero, con el tiempo, no se han podido librar: A solo 180 metros de la comunidad se erigió la vaquería de una cooperativa de crédito y servicios, que perturba la higiene del vecindario, pues genera focos de mosquitos, moscas y roedores.

También refería el denunciante que, para coronar los impactos, a 50 metros aproximadamente radica un centro de elaboración de alimentos, cuyos desechos también son el banquete de todos esos vectores indeseables.

En cuanto a la vaquería, responde el Director General del GEA que es realmente un punto de ordeño de una CCS perteneciente al complejo agroindustrial Héctor Rodríguez, la cual abastece de leche fresca a la comunidad. Anteriormente sí existía allí una vaquería, que fue trasladada a otro sitio.

En cuanto al punto de ordeño, significa que se examinó el nivel de higiene y las posibles afectaciones, a más de las entrevistas hechas a vecinos, trabajadores del área y al mismo Dairon y sus familiares.

La investigación arrojó criterios divergentes en cuanto a las afectaciones medioambientales del punto de ordeño; y se comprobó que el centro de elaboración mantiene actualmente la higiene adecuada, por lo cual no hay presencia de roedores y vectores.

No obstante, se recibió una comunicación de la Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología de Sagua la Grande, que dispuso trasladar el punto de ordeño a más de 200 metros.

Saludo la medida, porque ante casos de este tipo no han faltado historias de encuestas que contradicen en algún sentido la denuncia, por márgenes subjetivos de los entrevistados. Y aferrándose a números más o menos, mecánicamente las entidades correspondientes se han apoyado en estas para no ceder en sus decisiones.

En este caso, aún cuando había criterios divergentes, se optó por respetar el criterio del denunciante. Aún sin consenso, la denuncia y la molestia de una sola persona debe importar tanto como la de una colectividad. Eso es flexibilidad y respeto.

El pan «sangreado» de cada día

Vicente Ferrer Laplume me escribe desde Silvia 57, entre María Luisa e Isabel, en el popular barrio de Párraga, del municipio capitalino de Arroyo Naranjo. Y lo hace en nombre de los consumidores que adquieren el pan en el punto de distribución de la calle Fernando e Isabel, en esa zona.

Son dificultades cotidianas para comprar el pan de cada día: el de la libreta a cinco centavos, no el liberado a cinco pesos.

«Ya no hablar de la calidad, refiere, pues esta, al igual que la distribución, es cíclica. Aunque para ser honesto, en estos días ha mejorado un poco, pero su distribución cada vez empeora más».

Afirma Vicente que si usted va a las nueve de la mañana, aún el pan no ha llegado. Vuelve después, y le dicen que lo traerán por la tarde. Va en la tarde, pasadas las cinco, y sencillamente «se ha acabado el poco pan que han dejado, o no ha entrado».

Y los domingos es peor. Cuenta que hace varios domingos o no hubo o trajeron muy poco y se acabó. El domingo 7 de diciembre sucedió lo mismo. El lunes 8 Vicente fue sobre las 5 y 30 de la tarde a buscarlo, y el punto de distribución ya estaba cerrado, y sin ningún cartelito.

«Si a este malestar que sufrimos los consumidores del lugar —señala— le agregamos las condiciones de trabajo en que laboran las compañeras allí, se agrava más la situación. Y son las que aguantan los reproches de los consumidores, además de que, cuando el pan llega tarde y no hay suficiente luz, tienen que sacar la mesa para un costado del portal, para servirse de la luz de una vecina. El local, aunque tiene todas las condiciones para instalarle la luz, no posee la correspondiente lámpara».

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