Reconocimiento por cuota

Una nueva modalidad ha escandalizado al lector Abraham Santana: el racionamiento de los reconocimientos, al punto de entregarlos por cuota.

Abraham, quien reside en Avenida 38, entre 19ª y 20ª, edificio 8, apartamento 8, en el reparto Fructuoso Rodríguez de la matancera ciudad de Cárdenas, refleja la indignación de padres de alumnos de la Secundaria Básica José Smith Comas, de esa ciudad.

Aclara antes el remitente que en ese centro escolar, donde su hijo cursa el séptimo grado con excelentes maestros, se les informó a los padres de ese grupo que se entregaría la distinción 28 de Enero a 16 alumnos merecedores, de 45 que conforman el aula. Pero después recibieron la orientación de que solo habría cinco distinciones por grupo. Esa era «la cuota».

La burocrática decisión molestó tanto a maestros y padres que acordaron no entregarla a nadie, y solo recoger la decisión en el expediente del alumno; pues al hacer el análisis de los 16 estudiantes seleccionados, todos estaban en igualdad de condiciones y virtudes.

Abraham se rebela contra el mecanicismo de las cifras inamovibles para el reconocimiento del mérito: «¿Es esto lo que está orientado? ¿Cómo distinguir las diferencias y premiar valores? ¿También por cuotas?».

Recuerda Abraham que ya es bastante que para la participación en los concursos municipales y provinciales, que son estímulos al conocimiento y al saber, se haya fijado cuotas fijas excluyentes.

Manifiesta que, por parte de los padres, se les sugirió a los hijos que canalizaran por medio de la Organización de Pioneros José Martí esta inconformidad, «pues consideramos que no es esta la estrategia del sistema educacional cubano, ni de las organizaciones que conforman los distintos niveles de enseñanza».

Este redactor se suma a esa demanda: por decreto no pueden racionarse la virtud y el estímulo. Porque se corre el riesgo de desconocer a quien lo merece y de premiar mecánicamente a quien no lo ha sabido ganar. La burocracia y la infalible matemática nada tienen que ver con la repartición de honores bien ganados. Honor a quien honor merece, dijo el inmenso José Martí.

Oscuros peligros en la vía

El coronel Francisco Buzón Macías, jefe de la Dirección Nacional de Tránsito de la Policía Nacional Revolucionaria, responde mediante carta a la inquietud del lector Alberto Torres —reseñada aquí el 2 de septiembre de 2008—, acerca del peligro que se está experimentando hoy con esos potenciales asesinos y suicidas que sin luces conducen carretones, tractores y bicicletas por carreteras y autopistas del país.

Al respecto manifiesta Buzón que esa preocupación está respaldada por la Ley 60, cuyo artículo 174 establece que los vehículos de tracción humana o animal, incluyendo los ciclos, deben estar provistos de luces dispuestas para su circulación por la vía, y llevarlas encendidas en el horario comprendido del anochecer al amanecer. Y aclara que la transgresión de ese artículo está comprendida en el segundo grupo de infracciones peligrosas, con multas correspondientes a la cuantía de 15 pesos.

En cuanto a los tractores, la legislación prohíbe su circulación por autopistas, vías expresas o multicarriles, y restantes vías de interés nacional, provincial y municipal, excepto cuando estén debidamente autorizados por la dependencia correspondiente. Y ello no excluye la obligatoriedad del conductor de portar los documentos establecidos para la circulación.

Precisa Buzón que de no estar autorizado debidamente, se le retira la chapa del vehículo. La entidad responsable, por su parte, tomará las medidas administrativas correspondientes, pues debido a la reincidencia podría llegarse al decomiso, incluso de tractores.

Concuerda el coronel con el lector «en que las violaciones de lo establecido por parte de conductores de este tipo de medios de transporte, constituyen un peligro para la seguridad vial. De ahí la prioridad con que por parte de la PNR, con todas sus fuerzas, se realiza el enfrentamiento sistemático a dichas violaciones».

Nada hospitalaria

Quienes hacen la cola en la farmacia La Hospitalaria, de Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba, no están allí para comprar «el último grito de la moda», sino que son personas enfermas que salen de los cuerpos de guardia de los hospitales general y pediátrico de esa localidad.

La advertencia la hace en su carta Isabel María del Toro, vecina de Maceo 51, entre 17 y 19, en esa población. Y la expresa con indignación, porque según sus propias experiencias hay que armarse de una paciencia a prueba de todo, aunque te sientas mal, o seas una madre con un bebé enfermo, que acaba de ser atendido por el médico.

Es terrible la espera, sin importarle nada a nadie: una sola persona en el mostrador despachando con toda su calma. Y puede suceder lo insólito, como lo que presenció Isabel María: una cola considerable esperando —como siempre—, y de momento llega alguien y anuncia que en la TRD cercana había rebaja de precios para zapatos. ¡Allá va eso! Las empleadas salen a tropel y se queda una sola en el mostrador. Dos horas después (Isabel María aún en la cola esperando...) retornan las compradoras de zapatos. Entran para el fondo de la farmacia a mostrar su presa, y allá va la que despacha en el mostrador a observar la compra.

«Yo estaba allí obligada a esperar todo el tiempo del mundo —señala—, porque mi objetivo no era comprar zapatos rebajados de precio, sino medicamentos para mi señora madre de 80 años».

Cuenta la lectora que en otra farmacia de Palma, Arcoiris, alguien fue a comprar unos medicamentos indicados, y le hizo una observación a la dependienta por la larga espera de los clientes para algo tan urgente. La respuesta de la dependiente fue: «Yo tengo que estar aquí ocho horas, y me pagan por eso, no por la cantidad de personas a las que atienda».

Vaya arcoiris de ineficacias y mediocridades que se acumulan, de todos los colores. Del tiro uno se vuelve a enfermar con tanto maltrato, para luego volver a la farmacia... y así sucesivamente. ¿Cuándo nos curaremos de tales pandemias?

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