Castigados por la chapucería - Acuse de recibo

Castigados por la chapucería

Ojalá los problemas fueran solo de recursos, porque no pocas veces, después de muchas carencias y agonías, aparecen los mismos y no salvan la situación por la chapucería, los descuidos, la falta de calidad y de controles estrictos. Eso es lo más triste.

Todos en la capital conocen los sacrificios financieros para dotar, con un programa bien pensado, de nuevos ascensores a los edificios altos de la ciudad. Más de una vez hemos aludido a esa noble empresa; y más de una vez hemos abordado la falta de profesionalidad en la instalación de dichos equipos.

El pasado 15 de enero reflejé aquí la insatisfacción del lector José Luis Cortés, vecino del edificio 12 plantas de Santa Ana 753, apartamento 14, en el municipio capitalino de Plaza de la Revolución: en junio de 2008 fueron desmontados allí los viejos ascensores, y en octubre de ese año quedaron instalados los nuevos, como parte del citado programa. Lo que sí no estaba «programado» era que los flamantes elevadores hayan presentado constantes problemas de funcionamiento, al punto de que UNISA, la entidad que los instaló, haya tenido que ir allí una y otra vez, por las roturas y paralizaciones constantes.

Al respecto, responde Vivian Mirabal, directora de UNISA, quien confirma que durante diciembre de 2008 y enero de 2009 esos equipos presentaron frecuentes interrupciones. Y el mecánico que los atendía solicitó al jefe de la Unidad territorial que se evaluara el caso. Así, se detectaron problemas en la placa principal y la placa de llave, los cuales se solucionaron.

Posteriormente, afloraron defectos en la fijación de los marcos de las puertas, que ocasionaron, en el caso de uno de los ascensores, que se desmontara el cable de cabina y se afectaran algunos pestillos. Debido a ello, se desajustaron la mayoría de las puertas del inmueble que dan al ascensor.

Precisa Vivian que al jefe de la Unidad territorial Nuevas Tecnologías le faltó visión para identificar la complejidad del problema, y no previó la búsqueda de alternativas para una solución definitiva. No controló, chequeó y accionó de forma inmediata, ni alertó a los demás funcionarios de la entidad de la envergadura e importancia de los desperfectos de esos equipos, que generaban constantes interrupciones.

Y con el ánimo de que esta experiencia sirva para prever situaciones similares en el futuro, refiere que se le aplicó una amonestación ante el Consejo de Dirección al citado funcionario. Y se encomendó «diseñar un sistema de organización del trabajo para la Unidad territorial Nuevas Tecnologías, que permita controlar y detectar con rapidez, para accionar de inmediato y con eficiencia, sobre los problemas que incidan en la calidad del servicio de post venta de los nuevos equipos instalados».

También se creó una comisión con especialistas en montaje de ascensores, que evalúe los problemas presentados en ese edificio y proponga su solución; al tiempo que abogan por un sistema de supervisión y control sistemáticos del funcionamiento de los equipos instalados y del mantenimiento que se les brinda.

Reconoce que existen desperfectos en el montaje de estos ascensores, pues presentan desajustes en la nivelación de los marcos de las puertas, causantes de las interrupciones. Y asegura que ese problema pudo resolverse de forma inmediata en uno de los dos ascensores, pero en el otro, dada la complejidad del desajuste, hubo que desmontar los marcos en algunos pisos, y ese trabajo se encuentra en fase de ejecución.

Significa que UNISA, al asumir la sustitución de 83 elevadores (81 en Ciudad de La Habana y dos en Las Tunas) tuvo que cambiar su estructura, captar personal, capacitarlo y crear brigadas para la ejecución de los montajes, sin experiencia anterior.

Y acepta que existen «problemas subjetivos, actitudes negligentes e indisciplinas que cometen trabajadores con poco sentido de pertenencia», al tiempo que enfatiza en que trabajarán para que esos problemas no queden sin solución.

Anuncia que ya se encuentran concluidos 65 de los montajes previstos, y están en proceso otros 18. También ruega que cualquier queja o criterio se les transmita al 863 8273 (Dirección de UNISA); 862 8452 y 862 9447 (Puesto de Mando) y al 863 6464 (Micro Social provincial).

Agradezco la respuesta y atención al caso. Al final queda como lección que, por lo que entrañan en erogaciones financieras y esfuerzos del Estado cubano, programas como el de la sustitución de ascensores, de tanta sensibilidad popular, hay que asumirlos con un mayor nivel de exigencia y disciplina técnica por quienes tienen que controlar. No nos podemos pasar la vida amonestando a quienes descuidan sus funciones, pues al final los castigados por lo que alguien no chequeó son los ciudadanos.

De Santa Rosa a Beethoven

Arelis González, una señora de 66 años que vive en el apartamento 6 del edificio C-29, en la Zona 6 de Alamar, municipio capitalino de La Habana del Este, ha resultado una aguda cronista con su relato de una experiencia insólita para estos días, que me exonera de mediaciones periodísticas:

«Cinco de la tarde. Me dispongo a montar el P-11, con destino a mi Alamar querido. Todo muy ordenado: inspector con tiques, guagua impecable; y los pasajeros, en su mayoría trabajadores y estudiantes.

«Bien, ya sé que hay un sistema de bocinas en los ómnibus que a veces no se utilizan de la mejor manera. Pero no es el caso: Sentimos en bajos decibeles (sorpresa) unas melodiosas y románticas canciones del boricua Gilberto Santa Rosa.

«Entonces se produce la magia: varios jóvenes comenzaron a cantar en voz baja, y acompañaron en perfecto coro al hermano de Puerto Rico. De momento, nuestro amigo Gilberto entonó una canción más movidita, y hubo hasta quien tiró su pasillito.

«Fui feliz. Mis compatriotas, cansados de sus diferentes oficios y estudios, disfrutaron de aquella música que los estimuló. Y llegaron a sus casas totalmente relajados. ¿Qué les parece? Lo logramos.

«Algún día, cuando los cubanos seamos más cultos, cuando pasen los años, quizá entonemos la Oda a la Alegría del inmenso Beethoven, en cualquiera de nuestras guaguas».

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