Las secuelas de una mentira

Lo mejor es no fallar y hacerlo todo bien, porque los errores gravitan en el tiempo, como le sucedió a Henry Dennys Nicolás en San Luis, provincia de Santiago de Cuba, con la ejecución de su casa por esfuerzo propio.

El 18 de noviembre de 2008 Henry refería aquí que desde 2006 integró esa modalidad constructiva, auspiciada por la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV). Y su casa junto a otras, se dieron por «terminadas» por los técnicos, sin estarlo.

El fraude fue detectado, y esos expedientes de 2006 pasaron al fondo de ejecución. Pero a partir de 2007 todo fue una odisea con la asignación de materiales para los pendientes. «Para colmo —sostenía Henry—, en noviembre y diciembre se seleccionan casas para darles terminación, estén o no en el Plan del año, tengan licencias para construir o no. Y no pueden ser las del 2006: esas no entran en los beneficios». Desorientado, preguntaba: «¿Hasta cuándo debemos esperar?».

Así, el 13 de diciembre de 2008 respondió Tomás David Gutiérrez, director de la Unidad Provincial Inversionista de la Vivienda en Santiago de Cuba, quien manifestaba que es real que un número significativo de viviendas se dieron por terminadas en 2006 sin estarlo. En su momento, añadía, el hecho dio lugar a un amplio proceso de depuración de responsabilidades en el Sistema de la Vivienda, con medidas organizativas, administrativas, disciplinarias y legales.

Se orientó a las unidades municipales inversionistas de la Vivienda el tratamiento casuístico de cada una, a partir de la complejidad del asunto y de la demanda de recursos, para completar su terminación.

La estrategia ha sido, consignaba Gutiérrez, utilizar con racionalidad los recursos asignados mensualmente al municipio, lo cual, en el caso de San Luis, «evidentemente tuvo insuficiencias en el sistema informativo y de comunicación a la población».

Aun con las insatisfacciones de Henry y las deficiencias en la atención a su caso, señalaba, durante 2007 y 2008 se le hicieron seis asignaciones de recursos. Y aclaraba que la selección de viviendas para dar terminación no fue —como refiere él— estuvieran o no en el plan del año y mucho menos que no tuvieran licencia de obra. Lo que se hizo fue ajustar el trabajo a lo acordado por el Consejo de la Administración Municipal (CAM), entidad facultada para aprobar y reformular el plan, a partir del avance físico de las obras y la disposición para ejecutarlas.

Sostenía que los casos pendientes recibirán la debida atención y el tiempo que tomará está en dependencia de la disponibilidad de recursos, la cual, si bien tiene hoy mejor comportamiento, aún resulta insuficiente para respaldar todo lo previsto.

Significaba que, aunque estaban pendientes otros análisis con la Dirección de la UMIV, que podrían implicar medidas adicionales, ya había sido separado definitivamente el técnico que atendió el caso. Se responsabiliza a la Vivienda del municipio con la solución final y a la estructura provincial con el seguimiento del mismo.

Al final, los personajes que perpetraron fraudes y trapisondas, ya no están allí. Pero... ¿adónde habrán ido a parar los materiales que requerían esas casas reflejadas como «terminadas»? ¿Por qué quienes debían controlar desde arriba no se percataron de tales desatinos?

Existe una voluntad de cumplir con los pendientes, pero «la verdad verdadera», como reza el argot callejero, es que han sido castigados esos cubanos en sus «esfuerzos propios» por trampas ajenas. Y la terminación de sus casas se inserta ahora en un panorama muy crítico, cuando el país hace colosales esfuerzos después del colapso habitacional desatado por los huracanes Ike y Gustav. Si todo se hubiera hecho bien, si se hubiera controlado... Lo que está pendiente es el rigor.

Visiones

Las explicaciones globales y macroestadísticas se le difuminan al individuo cuando él no puede resolver su problema. Le parecen ajenos esos datos optimistas. El país hace serios esfuerzos para garantizar la fabricación de espejuelos, pero Sonia Margarita Botello no puede distinguirlos con sus bifocales, viejos y quebrados.

Sonia Margarita vive en Línea Masó 56-A, en el luminoso poblado de Yara, provincia de Granma. Con 48 años, no vaciló en trastocar su vida y se encuentra cumpliendo una verdadera misión internacionalista como profesora en la Escuela Latinoamericana de Medicina Rafael Ferro Macías, de Sandino, Pinar del Río.

Allí en Sandino, el 26 de noviembre de 2008 llevó a la óptica local una receta para bifocales, pues los suyos se rompieron. Y el 9 de febrero pasado, cuando me escribió, aún no tenía sus ansiados espejuelos. «No los han terminado, y siempre hay una explicación diferente, señala. Ya la última es que el polvo para dar brillo o pulir los cristales no sirvió, lo que hizo fue rayar los cristales».

Ella no concibe que se necesite tanto tiempo para percatarse de que no funciona la calidad, si en su caso, una clase suya de inmediato puede ser calificada. Esta profesora se pregunta hasta cuándo tendrá que esperar para ver con claridad... Hace falta mucha visión —corta y larga— para despejar definitivamente hasta dónde gravitan, en muchos asuntos, los problemas de recursos, y hasta dónde los desórdenes subjetivos.

Se puede

Reinaldo Hernández quiso sorprender a su esposa por el Día de los Enamorados con algo práctico: unas chancletas de goma para el trajín de la casa. En la TRD La Época, de la céntrica esquina habanera de Galiano y Neptuno, adquirió un par. Pero cuando llegó a su casa, en calle 48 número 9724, en el municipio capitalino del Cotorro, se percató de que no era el número que calza ella.

Volvió a La Época con la sospecha de que iba a sufrir esa mezcla de indiferencia, desdén y negativas que tanto daño le han hecho al comercio minorista. Pero allí estaba Ileana Rodríguez para desarmarle todas sus presunciones.

Ileana, la gerente adjunta en el departamento de Peletería, le atendió verdaderamente. «Lo que más me impactó —subraya— fueron todas las gestiones que realizó para que saliéramos complacidos y satisfechos».

Se habían vendido todas las chancletas, y ese número estaba agotado en el almacén de la planta baja. Pero Ileana indicó a un dependiente ir al almacén central. Al rato llegaba la feliz noticia, con las chancletas ya cambiadas.

«Cuando se quiere, se puede», sentencia Reinaldo, un hombre agradecido.

Por sencilla y común que parezca esta historia, da mucho que pensar. Ojalá nos encontráramos con muchas Ileana en el camino de la vida.

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