En permuta perpetua

No siempre se cumple en la vida lo que predican las comunicaciones institucionales dirigidas al ciudadano. Bien lo sabe el doctor Reinel Farrés Vázquez (calle F número 107, entre 16 y 24, reparto Brisas del Mar, Guanabo, municipio capitalino de La Habana del Este).

Reinel fijó el mensaje que aparece en el mural de la Dirección de Vivienda en La Habana del Este: «Los trámites de permuta demoran 30 días hábiles». Él aspira a permutar su casa y fue allí en diciembre de 2008 a «empaparse» de los requisitos y procedimientos.

Inmediatamente se personó en las oficinas de Vivienda en Guanabo, con todos los documentos requeridos y se entrevistó con el abogado, quien le reafirmó lo visto en el mural.

Transcurrieron los famosos 30 días hábiles sin penas ni glorias. Y el doctor Reinel, quien se había creído lo del cartel, se entrevistó con el jefe del Departamento Jurídico de la Dirección Municipal de Vivienda. Este le informó que ya el abogado de Guanabo no se encontraba trabajando allí, y la permuta aún no estaba firmada. El solicitante le explicó que necesitaba una salida, pues a su mamá le estaban poniendo sueros citostáticos. Y la respuesta fue: esperar.

En febrero volvió por la Dirección de Vivienda en Guanabo varias veces, hasta que al fin la persona que recibe las solicitudes de permuta buscó y buscó. Se dirigió al abogado y este recordó que ya el caso estaba en la Dirección Municipal de Vivienda, pendiente de que se firmase.

En el actual mes de marzo, Reinel acudió a la Dirección Municipal de Vivienda en varias ocasiones, y fue el pasado día seis que logró ver al abogado Lázaro, quien es el responsable de dictar la resolución. El mismo le comunicó entonces al doctor que la permuta la habían rechazado porque «tenía errores».

El doctor manifestó su inconformidad, reveló los duros momentos por los que estaba pasando con su mamá, tan grave de un cáncer de pulmón, para tener que soportar tanto. Y la respuesta fue: esperar.

Reinel se dirigió a la secretaria de la directora municipal de la Vivienda, le planteó el problema, y esta le sugirió que solicitara una entrevista con la funcionaria, al tiempo que le precisó que podría demorar más o menos unos dos meses.

El doctor ha dejado días de vida intentando permutar y ha perdido considerables horas de su precioso tiempo. Pero lo peor es que está agotado ya «de tantas mentiras». Y se lamenta de que «no haya un lugar para acudir y manifestar mi inconformidad; solo hay que ver las caras de las personas que van al lugar, y sus expresiones tanto verbales como faciales».

El doctor Reinel concluye sentenciando: «Es una total falta de respeto, una desvergüenza, una irresponsabilidad manifestar que las permutas demoran 30 días hábiles».

La junta cayendo y los kilowatt subiendo

La búsqueda de la eficiencia energética en nuestra sociedad no anda ajena al propósito de buscar que los ciudadanos ahorren cada vez más. El incremento de las tarifas de pago del consumo eléctrico ha modificado en positivo no pocos hábitos de consumo de electricidad, especialmente en las familias con ingresos más humildes.

Los desafíos de esa realidad los comprende bien, todos los días, Yoel Álvarez García, allá en la finca La Luisa, en Vegas, localidad perteneciente al municipio habanero de Nueva Paz.

Yoel cuenta que cambió su refrigerador, que estaba casi nuevo, por uno de los que vino en el plan de sustitución de equipos. En la casa todos se percataron de que traía problemas en la junta que hacía hermético el cierre de la puerta, pero se habló con la responsable de la distribución por los Trabajadores Sociales y ella recomendó que se pusiera al Taller de Reparación del poblado al corriente de esa situación.

Tras reportar el desperfecto, un mecánico acudió a la casa y examinó el problema, mas no le echó pegamento a la junta al tratar de regresarla a su lugar. Añade Yoel que los familiares presentes dijeron al técnico cuán preocupados estaban por una reparación así, a la ligera, pero este respondió que regresaría en unos días si lo hecho no resultaba suficiente.

Como la junta no fijó y la puerta del equipo continuaba abriéndose, lo reportaron y el técnico acudió nuevamente, aplicando en esa visita un material que tampoco adhirió la junta. ¿Resultados? Que volvió a despegarse, y ellos a reportarlo, y el técnico malgastando su tiempo y el de la familia, en un ciclo sin solución que recordaría a las angustias de Sísifo...

«¿Y ahora qué hago?», pregunta Yoel, alarmado porque se disparó su consumo de electricidad y porque en el taller le dijeron, recientemente, que la garantía del refrigerador venció y adquirir otra puerta parece la solución más sensata. ¿Por qué tengo que hacer eso —inquiere—, si yo compré un refrigerador nuevo?

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