Descansar sobre la tierra

Manuel Andrés Diéguez Diéguez, más conocido por Piro, tiene derecho a descansar sobre la tierra que trabajaron duramente sus antecesores y luego él, ya viejo y enfermo, «desorientado y sin tener con qué vivir».

Piro me escribe desde Ángel Guardia 45, entre General Rabí y Avenida 26 de Julio, Jiguaní, provincia de Granma. Y su carta exhala tristeza, porque se siente «peloteado»... más bien de guardarraya en guardarraya, sin ver una salida.

Cuenta el veterano que hace más de 20 años su mamá, Manuela Diéguez Hidalgo, conocida por Lica y que en gloria esté, tenía dos caballerías de tierra, y entregó una al Estado, para que le dieran una chequera. La otra se la dejó a Piro, quien siguió sacándole fruto a puro sol.

Ahora Piro quiso imitarla. Y habló con el jurídico de la Empresa Genética Manuel Fajardo, de Jiguaní, a quien le entregó la escritura de la finca. A los pocos días, el funcionario sugirió al campesino ver al delegado municipal de la Agricultura. El peregrinaje de oficina en oficina continuó posteriormente con la responsable de Tierras de esa delegación municipal.

Y la responsable de Tierras le dijo a Piro que esos papeles se habían enviado a la delegación provincial de la Agricultura, para que, a su vez, fueran remitidos «para La Habana», ese sitio tan colmado de personas y de papeles, donde se deciden tantas cosas.

La funcionaria le sugirió a Piro que, mientras tanto, se dirigiera a la Dirección de Trabajo y Seguridad Social para que le brindaran ayuda social en tanto llega la dichosa chequera. Pero aun así, la primera no aparece mientras que la segunda se hace esperar. Todo el esfuerzo sudoroso de Piro en una larga vida de trabajo anda quién sabe en qué montaña de papeles y trámites, a la espera de quién sabe cuántas firmas.

Trabajar la tierra

También para trabajar la tierra hay que armarse de paciencia algunas veces, como Mercedes Delgado, de calle 8 número 503, entre 7 y 3, Ñacahuazú, municipio habanero de Batabanó.

Mercedes llevaba tiempo reclamando unas tierras que eran propiedad de su suegro. Y justo vino a hacerle justicia la reciente decisión del Gobierno de entregar tierras ociosas en usufructo. El 6 de febrero de 2009 declararon con lugar su reclamación, lo que fue notificado en la Resolución Ministerial 414-08 del Ministerio de la Agricultura, firmada por Julio Gómez Moldón, delegado de la Agricultura en la provincia.

Desde entonces Mercedes se ha presentado en la Dirección Municipal de Registro de Tierra en siete ocasiones, entre el 9 y el 20 de febrero, con el objetivo de registrar su resolución, que es validar definitivamente su derecho a trabajar esas tierras.

«Pero todos los esfuerzos han sido negativos. Me he encontrado una nebulosa tal, que no me ha permitido avanzar en mi gestión», confiesa ella, quien se ha dirigido a la Delegación de la Agricultura municipal, Atención a la Población del Gobierno local y Fiscalía municipal, entre otras instancias.

En el caso de Agricultura municipal, Mercedes considera que el trato brindado a ella no ha sido el más correcto. «No he visto desde el primer momento transparencia», señala, y advierte que le han dado disímiles respuestas sin sentido.

Viendo que transcurren los días para hacer valer un derecho que debía ser expedito ya —la tierra y el agro apremian para la alimentación del país— confiesa que se ha dirigido a instancias superiores y no ha tenido respuesta.

La tierra espera...

Buen timón

Ojalá en todas partes uno encontrara personas como Anastasio Crespo y Reynaldo Quintana, chofer y conductor, respectivamente, de la ruta 420 de la Terminal Playa, de Ciudad de La Habana.

Narciso Santos (Reyes 157, entre Quiroga y Tres Palacios, barrio capitalino de Lawton) es pasajero habitual de esa ruta, y desea reconocer públicamente a ambos trabajadores por «la puntualidad en el cumplimiento de su horario, el buen trato a los pasajeros y en la conducción del vehículo. Sin frenazos ni aceleraciones bruscas, con la velocidad adecuada en cada tramo. Que sirvan de ejemplo».

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