Parte y parte

Confianza en los lectores y en las instituciones. He ahí la proa con la cual mi profesor Pepe Alejandro ha enfilado y enfila la brega justiciera de esta columna. Luego de 11 años, los mil y un entuertos desechos por Acuse confirman que no anda errado. El ejercicio de la democracia y el periodismo es diálogo, participación y confianza mutua, o no existe. Pero siempre hay casos aislados en los cuales la transparencia total no es la regla.

«Disciplina... de ambas partes»: Bajo este título se daba a conocer aquí el 24 de enero último el caso de Jorge Suárez Ramil, vecino de Plaza de la Revolución, en Ciudad de La Habana. Se refería Jorge a irregularidades alarmantes en los recibos de su cuenta eléctrica.

Todo partía del recibo de noviembre de 2008: 101,20 pesos. Según el afectado, este importe era desde cualquier punto de vista imposible, porque ni aun en los meses veraniegos de máximo consumo —después de aumentadas las tarifas— su domicilio había sobrepasado los 50 pesos.

Contaba también el capitalino que se había presentado dos veces en la Oficina de Cobros de la Empresa Eléctrica, sita en Tulipán y Factor, y nunca había conseguido la visita de un inspector a la casa. Para su sorpresa los consumos de diciembre y enero también siguieron una lógica extrañísima: 12,70 y 201,10 pesos, respectivamente. Y como la máxima con que atendían a Jorge en la Empresa Eléctrica era: pague y después reclame; y además se reiteraba que «no hay personal para las inspecciones», ya el remitente se encontraba en pleno desconcierto.

Pues bien, en respuesta a la queja llega la misiva de Militza Wood Rodríguez, directora de Calidad de la Oficina de Gestión al Cliente de la Empresa Eléctrica de Ciudad de La Habana.

Apunta Militza que el caso fue trasladado «para su investigación y trámites pertinentes al Director de la Oficina Básica Eléctrica de Plaza». Y este brindó los siguientes datos:

«Las visitas a la sucursal a que hace referencia (...) Jorge Suárez en los meses de noviembre y diciembre no constan en ningún documento. El cliente, según el registro de control, se presentó en la Sucursal Nuevo Vedado por primera vez, el 20 de enero de 2009, donde quedó asentada su inconformidad con el No. de orden 202579». El 22 de enero se realizó una inspección a la vivienda de Jorge, precisa la respuesta. En ella se comprobó que el metro contador estaba «al ciento por ciento de los parámetros establecidos y no se encontraron señales de fraudes». Además, «se detectó un error de lectura en la facturación del mes de noviembre (recibo de diciembre)». Este se facturó como «120 kWh-12,70 pesos», cuando debió ser «244 kWh-70,40 pesos».

Igualmente, estuvo errada la factura correspondiente a enero. En ella se publicó «367 kWh-201,10 pesos»; y debió ser «243 kWh-69,80 pesos».

Explica Militza que «en el momento de la inspección, el cliente no se encontraba en la vivienda». Asimismo, añade que se realizaron los ajustes correspondientes y el afectado pasó a recoger la diferencia de 73,60 pesos el 10 de febrero.

Ahora bien, el importe de 101,20 pesos que despertó la alarma de Jorge, era correcto, de acuerdo con la carta de la Empresa Eléctrica, resultado de un consumo de 284 kWh. Y los registros de la vivienda, después del aumento de la tarifa, tampoco se habían mantenido siempre por debajo de los 50 pesos. En octubre, por ejemplo, hubo uno de «250 kWh-74 pesos».

Respecto a las medidas adoptadas por la Empresa, se asegura que hubo un «descuento salarial al lector cobrador de esa ruta por error de lectura» y «quedó establecida la obligatoriedad de dejar evidencia escrita de las visitas en la vivienda de los clientes, en caso de no encontrarse. Esta evidencia (citación para la sucursal de pago) se dejará en la casa del cliente y mediante firma (...) en la del presidente del CDR».

Sin embargo, como mismo el inspector estuvo en el hogar y no dejó constancia de ello, Jorge pudo haber estado dos veces —como asegura— en la Empresa y nadie tomó nota. La investigación tal vez debió ahondar más al respecto.

Tampoco se aborda el tema de la supuesta «falta de personal» para las inspecciones. Y sería bueno dilucidar todas las posibles causas de malestares futuros.

«La queja es cerrada con razón en parte», concluye la funcionaria que nos escribe. Es cierto: tanto denuncia como gestión y respuesta empresarial debieron ser más diáfanas.

Parque maloliente

Desde el año 2004 Amedt G. Franco Quintana (Apto 8. Edif. 4, Rpto. El Modelo, Caney, Santiago de Cuba) y sus vecinos enfrentan problemas con tuberías albañales del edificio. Según narra el remitente, el tubo del desagüe de aguas negras ubicado a la entrada del inmueble se encuentra obstruido, «provocando el vertimiento de los desechos». De ahí el fétido charco que muestra la foto, el cual convierte en un sitio maloliente el parque situado entre las edificaciones No. 4 y la 5. «La situación es conocida por los factores competentes —asevera Amedt— y no se han tomado las medidas para eliminar el problema». Los vecinos —como se ha expresado en rendiciones de cuentas— están dispuestos a colaborar en la sustitución del tubo por uno de mayor diámetro, afirma el santiaguero. Solo necesitan ayuda.

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