Cobró, pero... ¿quién paga el malestar?

¿Cómo se puede sentir un profesional que sabe a ciencia cierta que en su caso están violando la política salarial de este país? ¿Hasta cuándo se permitirá que ciertos funcionarios impongan sus criterios errados y desconozcan lo que está legislado?

El pasado 20 de febrero, el médico veterinario Thius Ronda relataba aquí que en 1983 adquirió el grado de especialista en Patología en el Centro Nacional de Salud Animal. Y la Empresa Pecuaria Guaicanamar de Jaruco, donde él laboraba, le pagaba los 80 pesos correspondientes a ese grado científico, por encima de su salario, de acuerdo a lo establecido por el Ministerio de Educación Superior (MES).

Pero en la Empresa Porcina Habana, donde él labora actualmente, le negaron ese derecho desde agosto de 2008.

Thius llegó incluso a visitar la Dirección Jurídica del MES: allí le ratificaron que la empresa está obligada a pagarle ese dinero, y retroactivamente. Sin embargo, cuando escribió a esta columna, le seguían negando la retribución de su especialidad.

Ahora, con sumo atraso, llega la respuesta de Luis Alberto Hernández Blanco, director de la Empresa Porcina Habana, quien aclara que Thius comenzó a laborar en esa entidad el 15 de abril de 2008, en la Unidad Porcina Trinidad, de la UEB Ciudad Habana. Y se le estuvo pagando por su condición de especialista hasta julio de 2008.

Pero por error de interpretación de la Resolución contentiva, la especialista de Recursos Humanos de la UEB Ciudad Habana mandó a suspenderle el pago por ese concepto, sin que se le diera el debido seguimiento a tal situación.

Thius hizo más, según el director. En enero de 2009 requirió al especialista en Recursos Humanos de la Empresa Porcina Habana, para que le orientara sobre ese derecho, pero no tuvo la respuesta oportuna. Y cuando el 20 de febrero aparece su denuncia en esta columna, fue que el director de la Empresa conoció de su caso, asegura él mismo.

Dos días después de revelarse aquí la historia, se produce una reunión presidida por el propio director de la Empresa Porcina, en la que se encontraban Thius, el administrador de la Unidad Trinidad, donde labora el reclamante; el especialista en Recursos Humanos de la Empresa Porcina Habana, y la subdirectora de Supervisión y Control de esa entidad. Y fue allí donde se acordó efectuar de inmediato, y con carácter retroactivo desde agosto de 2008, el pago que antes se le negaba.

Precisa Luis Alberto que allí se solicitó «responsabilidad administrativa a cada uno de los trabajadores y funcionarios que dilataron la reclamación que venía estableciendo el referido trabajador»; y agrega que «la dirección de la Empresa ofrece las disculpas que el caso amerita a Thius Ronda, quien al ver vulnerado su derecho, no fue atendido adecuadamente por los funcionarios de la UEB Ciudad Habana y el Departamento de Recursos Humanos de nuestra empresa».

Finalmente apunta: «se discutieron en el Consejo de Dirección los puntos vulnerables que hoy presentamos en la atención y tramitación de las quejas presentadas por los trabajadores, así como el sistema de control y monitoreo de las visitas que se realizan a las unidades subordinadas, y su plan de medidas, realizándose además los señalamientos que corresponden al caso, por la negligencia cometida en la tramitación de la reclamación del trabajador antes mencionado».

Al final, no pudimos conocer si todo quedó en solo señalamientos, o si hubo medidas administrativas, y cuáles fueron. Lo cierto es que lo que le sucedió a Thius en la Empresa Porcina Habana debía servir de lección para que no volviera a registrarse nunca más.

Aunque al final se haga justicia, el daño se hizo; incluso se perpetuó cuando el reclamante alertara, con pleno conocimiento. Y se mantuvieron desconociendo los derechos y las razones del especialista. ¡Cuánto desestimula ese proceder!

La historia deja otra lección: el director de una entidad no puede «desayunarse» con un suceso de esas implicaciones, cuando aparece revelado en un periódico.

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