Leche vencida

La capitalina Silvia Núñez Macías (Luz 154, entre Cuba y San Ignacio, La Habana Vieja) envía la alerta antes de que ocurra un desastre. Su misiva narra irregularidades en torno a la distribución de leche normada para niños en la lechería sita en Sol, entre Inquisidor y Desamparados, en su propio municipio de residencia.

Según Silvia, las cajas de leche SANCOR que desde hace unos meses se vienen distribuyendo, tienen fecha de vencimiento de agosto del 2009, o sea, ya están prácticamente vencidas. Esto, se preocupa la remitente, «puede desencadenar desde simples cuadros diarreicos hasta severos casos de intoxicación alimentaria.

«Cuando fui a reclamar a la unidad en cuestión, a la zona correspondiente, y a la empresa —porque además una de las cajas estaba en mal estado—, me explican muy amablemente que me cambian la caja por otra, igualmente vencida y ¡la cobran de nuevo!».

Y se pregunta la capitalina: «¿Tenemos que esperar a que ocurra una desgracia?».

Correos de correos

Han sido muchas las quejas. Tantos los problemas... Pero Correos de Cuba tiene la profesionalidad para reconocer diáfanamente sus fallas y responder —sin soberbias ni altanerías— individual y públicamente. Ya eso es un mérito indiscutible de la Empresa.

«Trabajadores de nuestro sistema se han visto involucrados en hechos vergonzosos de hurto, expoliación y violación de envíos postales», admite la entidad; y explica que «todas esas personas inescrupulosas han sido sancionadas en cuanto a lo laboral procede y denunciadas ante las autoridades competentes».

El pasado 21 de mayo publicamos en esta sección un «Correo a Correos», en el que se incluían cinco denuncias a nombre de los clientes Rafael Cuenca Reyes, Lourdes Cila Díaz Moya, Leticia Centelles Badell, Berta María Fandillo Cossío y Arisleibis Gutiérrez Enríquez.

A continuación, una síntesis de los casos y las respuestas a cada uno, remitidas por Elizabeth A. Valdés Bricullé, directora de Relaciones Públicas de la institución postal cubana.

Rafael Cuenca hizo público el robo del que fue presa un bulto enviado a su suegra, Virginia Jacas Jiménez, desde Estados Unidos.

Ella, que reside junto a Rafael en calle C No. 60, entre M y 4ta., Rpto. Ampliación de Terrazas, Santiago de Cuba, debía recibir varios accesorios electrónicos.

En lugar de estos objetos, Virginia recibió un envoltorio con «un pomo plástico de detergente líquido, un jabón de baño de 15 centavos, el estuche roto donde estaba una de las memorias (...), un jabón de lavar de 45 centavos, una lata de refresco y un delineador de maquillaje viejo y seco». Después del desfalco, tamaña burla.

Correos de Cuba reconoce que «el paquete tuvo entrada al país y sufrió pérdida en nuestros procesos postales, por lo que la remitente será indemnizada, según lo establecido, por el peso correspondiente de su envío».

En la misiva de la habanera Arisleibis Gutiérrez Enríquez (Carretera Central, km 47 y medio, Edif. 4, Apto. D6, San José de las Lajas), se referían sustracciones en las expediciones a su familia desde Timor Leste, donde cumple misión médica.

Después de una intensa investigación, la Empresa reconoce que el bulto transitó por todo el proceso con su peso y llegó al correo correspondiente de la destinataria, donde se efectuó su recogida, pero no su apertura en presencia de la Gestora del Cuarto de Bultos, como está estipulado.

Por tanto, concluye la entidad, «la queja no procede»: se viola «lo dispuesto en el Decreto Ley 3508».

Berta María Fandillo Cossío (19 No. 1077, entre 12 y 14, Apto. 2, El Vedado, Plaza de la Revolución) reclamaba en su carta las pertenencias incluidas en el paquete LC 270942390D US, que nunca recibió.

La entidad postal le responde que el fardo no fue encontrado en el sistema de rastreo y seguimiento, por lo que «será indemnizada según lo establecido».

A Lourdes Cila (Calle 1ra. No. 2, entre 22 y Ave. Cap. Urbino, Rpto. Libertad, Holguín), «de ocho piezas de vestir, un teléfono celular y un par de zapatos Adidas, que venían en su paquete (marcado con el código RR217344592ES), solo le llegaron cuatro pulóveres», según afirmaba en su mensaje.

Correos investigó el caso y comprobó que el bulto entró a la nación, pero «la Aduana lo clasificó por su canal verde, lo que demuestra que no contenía objetos de valor».

Y en cuanto a la queja de Leticia Centelles (Ave. 57 No. 9611, entre 96 y 98, Marianao, C. Habana), a quien también le remitieron un paquete desde España y se extravió; la empresa verificó que el envío arribó a territorio nacional «y la Aduana lo clasificó por su canal de selectividad naranja, por lo que no podemos comprobar los detalles del contenido».

En todos los casos, Correos pide a sus clientes acepten las disculpas de la entidad. E informa que «se ha solicitado al Ministerio de Finanzas y Precios la aprobación de una nueva forma de indemnización para las encomiendas que hayan sido víctimas de hechos vandálicos».

Agradecemos el interés de la empresa, pero nos gustaría que para próximas respuestas se precisen elementos como «canal verde», «canal naranja», «objetos de valor».

Cuando las personas han perdido su dinero, su tiempo y, a veces, su confianza, se debe ser especialmente claro con ellos. Esperamos que la entidad encuentre al fin la clave duradera de un buen servicio.

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