Un caso para meditar

EL pasado 7 de julio revelé aquí la historia de Elsa García: a su mamá, de 79 años y diabética, le renovaron el 11 de junio la dieta médica en el policlínico Reina, de Centro Habana. Pero en el consultorio del médico de la familia, del área del policlínico Ángel Aballí, no le aceptaron la historia porque «era día de Pediatría».

Al otro día tampoco resolvió: el médico se había marchado después de una guardia. Volvió el 15 y entregó los papeles. El médico le dijo que retornara una semana después. Ella lo hizo el 25, y la historia clínica no apareció con la firma. Fue con la enfermera al policlínico y no estaba. Volvió al consultorio y apareció entre las pendientes. Cuando Elsa preguntó por qué, le respondieron que no tenían los modelos impresos para dietas.

Volvió al policlínico. Le informaron que llevaban días en gestiones para obtener el modelo. Al fin, les autorizaron usar fotocopias del mismo. Le dieron una para que la llevara al consultorio, se la llenaran y la llevaran, pues era «día de firmas». Pero el doctor no quiso ir, porque eran casi las 12 y él tenía que almorzar. Le indicó que volviera por la tarde. Al fin la directora del policlínico lo firmó. Pero Elsa tuvo que dejar la gestión para el día siguiente, 1ro. de julio. Y en la OFICODA supo que había perdido la leche de dieta correspondiente a junio.

Al respecto, responde Yanet Noda, de la  Dirección Provincial de Salud de Ciudad de La Habana, quien enfatiza que «existieron irregularidades en la actuación del consultorio médico de la familia, por cuanto no pueden limitar las consultas a los pacientes, ni programar solo un día para las consultas especializadas, dejando desprotegidos y sin atención al resto de los pacientes».

Precisa la funcionaria que en el caso hubo otras violaciones, como la no programación de consultas y terrenos y la ausencia del titular médico.

Y en cuanto al modelo, afirma que es un documento oficial, lleva requerimientos especiales de hoja y tinta y solo puede utilizarse el impreso para ello. En tal sentido, informa que hubo deficiencias en la distribución de esos modelos por parte de la Dirección Provincial de Salud en los meses de mayo y junio, «por dificultades en su impresión».

Concluye refiriendo que «por todas las irregularidades presentadas de forma injustificada, se tomaron medidas disciplinarias con el médico y la enfermera del consultorio médico de la familia, y se le ofreció la información correspondiente a la demandante».

La historia de la madre de Elsa revela cuántas secuelas y maltratos traen las negligencias en el servicio de salud, que nada tienen que ver con problemas materiales. Uno se pregunta hasta cuándo vamos a estar aplicando medidas disciplinarias con quienes, por su indolencia e insensibilidad, manchan el prestigio de tantos profesionales de ese sector. La medicina preventiva, tal cual queremos desarrollarla, requiere sistemáticos controles y rigores preventivos también, que fomenten la autodisciplina. No parches al final: ya la madre de Elsa perdió su leche de ese mes.

También es inexplicable que, por un modelo oficial impreso, se afecte la renovación de las dietas. La respuesta no explica por qué hubo «dificultades en su impresión», algo injustificable dado que apenas son papeles con tinta, que deben tener una reserva para cualquier imprevisto. Vuelvo a recordar: la mamá de Elsa perdió su leche de junio.

Aun así, agradezco la respuesta de Yanet Noda, no sin antes recordar que se cierra la historia de Elsa García; no así la batalla pendiente por despejar la mediocridad de indolencias, insensibilidades y aletargamientos en algo tan prioritario para el país como son los servicios de salud.

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