Insensibilidad

Rafael Rubie (Trocha 570, entre Comandante Borrero y Ambrosio Grillo, Reparto Asunción, Santiago de Cuba) es un hombre de 70 años que vive solo. Jubilado y caso social, impedido físico, débil visual y diabético. Bastante como para comprender que no se le deben cerrar las puertas. Él comía en uno de esos comedores comunitarios que son un bálsamo para las personas vulnerables, específicamente en el situado en la cafetería La Maltera, que está en Artes y Oficios, en esa ciudad. El veterano denuncia que sin contar con nadie se les sacó a él y «a otros compañeros que somos viejos comiendo en ese comedor». Asegura que se lo han planteado a la delegada del consejo popular Flores, y no ha habido respuesta. Él mismo fue a Asistencia Social y tampoco. «No puedo cocinar porque estoy operado de la vista. Eso no es tener sensibilidad humana», sentencia Rafael.

Dulzura de servicio: Yaili de la Caridad González (Amenidad 74, entre Universidad y Estévez, Cerro, Ciudad de La Habana) ha quedado prendada de la guarapera de Santo Tomás, entre Oquendo y Franco, en Centro Habana, perteneciente a la Cooperativa Manolito Domínguez. Asiduamente ella refresca allí el sopor, y da fe del excelente trabajo de Luis Enrique y Alberto: «Esos dos compañeros solos manejan la máquina de moler la caña, tratan muy bien al público, esperan que se enfríe el guarapo revolviendo con el hielo, friegan superbien los vasos; y la bandeja donde los ponen boca abajo está impecable. Pasan el trapo por el mostrador cada minuto y lo lavan. En ocasiones tienen la mitad de un limón para quien desee echarle al guarapo, por el mismo precio. Esto merece un aplauso. No creo estar elogiando por gusto, ya que he pasado por otras guaraperas, y para nada tienen la calidad, el orden, buen trato y limpieza que logro ver allí, cuando paso camino a mi trabajo».

El descrédito de un crédito: Así denominé la agonía narrada aquí el pasado 30 de septiembre por Celso Ramón Torres, un jubilado de Pilón, Granma, quien paga mensualmente dos créditos bancarios por el refrigerador cambiado y un televisor, en la sucursal 7761 de BANDEC en ese pueblo. Cada vez que iba a solventar su deuda, los cajeros no sabían cómo satisfacerle y lo peloteaban. Hasta en la computadora aparecían cifras distorsionadas de esos pagos una y otra vez. Aseguraba Celso que el problema era de conocimiento del director y demás funcionarios del Banco, quienes siempre le decían que se resolvería, pero en año y medio no lo habían logrado. Berrinches los de Celso, ante tanto maltrato. Al respecto, responde Ileana Estévez, presidenta de BANDEC, que a raíz de lo publicado, el director de BANDEC en la provincia de Granma y otros funcionarios se reunieron con los directivos de la sucursal 7761, y contactaron con Celso Ramón. «Se reconoció que, efectivamente, por situaciones internas de la sucursal, no se le ha dado el servicio adecuadamente. Y aunque el cliente ha efectuado los pagos de las mensualidades, las dificultades se han repetido en varias ocasiones. Se adoptaron las medidas para su solución, y se le ofrecieron disculpas por las molestias ocasionadas», concluye Ileana.

No especifica qué situaciones internas ni qué medidas, pero esperamos que no tengan que seguir disculpándose en lo adelante y obtengan más créditos que descréditos a los ojos de los clientes.

Banco de excelencias: Margarita C. López (7ma. No. 211, entre Segunda y Cuarta, Reparto Universitario, Santa Clara) dice que entre sus pasatiempos favoritos está el entresacar muestras positivas de que un mundo mejor es posible. Y por ello narra que en un reciente viaje a la capital, el pasado 18 de septiembre, visitó la sucursal 307 del Banco Metropolitano, «y me sorprendió la excelencia y profesionalidad de sus trabajadores». Quiere felicitarlos, y ponerlos como ejemplo ante muchas otras entidades que prestan servicios.

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