¿Y la sección sindical?

Juan Ramón Gamboa (Martí 142, entre Maceo y Villamar, Las Tunas) es un agente de seguridad y protección de la agencia Deltha en ese territorio. Nunca ha tenido ausencias ni llegadas tardías. Tampoco ha faltado a reuniones ni actividades. Ello, junto al buen aprovechamiento de la jornada laboral, ha hecho que nunca haya tenido problemas en su desempeño allí.

Nunca.

Pero el 20 de febrero pasado tuvo que salir fuera del municipio para asistir al sepelio de un familiar de su esposa. Ese día habían convocado a una reunión sindical para la mañana, a la cual no pudo asistir. Era un imprevisto. Pero sí llegó a tiempo a laborar en el turno de la noche, que le correspondía.

Y por faltar a esa reunión, y no haber llamado a la administración, le aplicaron un descuento del 10 por ciento en la estimulación que recibe, tanto en pesos como en CUC. El reglamento interno, refiere Juan Ramón, establece que se puede afectar la estimulación por incumplimiento de las tareas, pero no especifica cuáles. «Es tan abierto —señala—, que te lo pueden aplicar deliberadamente».

Según supo después, la reunión se tuvo que suspender por falta de quórum.

«En los años que yo he trabajado en otros organismos —apunta—, las reuniones sindicales las dirigía el sindicato, hasta que llegué a esta agencia». La que se suspendió al fin, la dirigía el subdirector de ese colectivo, quien ordenó a los jefes subordinados que le descontaran el 10 por ciento de ambas estimulaciones a todo el que no había asistido a la reunión.

«Al reclamarle al director de la Agencia sobre esta injusticia —subraya—, me dijo que no tenía derecho. Al entregarle la reclamación por escrito me respondió que era la primera que él recibía, pues en los dos años que llevaba como director de la Agencia Las Tunas, esta era la que más había sancionado a nivel nacional y nunca le habían reclamado una medida».

Gamboa se asesoró con abogados, y le comunicaron que lo suyo era una reclamación por mejor derecho, y que el Órgano de Justicia Laboral de Base (OJLB) tenía que reunirse y pronunciarse. Reclamó al OJLB y tuvo que ir a la fiscalía «para que los presionara a hacer la vista. Esta, dirigida por el subdirector de la Agencia —porque el presidente y el secretario no hablaban—, mantuvo la medida».

Para Gamboa, lo trascendente en este caso, más allá de la estimulación perdida, es que una administración suplante al sindicato, y este deje de cumplir su función para ser el respaldo de aquella. Y agrega otro dato elocuente: en esa agencia se le cambió el nombre a la reunión sindical por el de reunión de la administración con los trabajadores.

«El llamado a ser mejores y más eficientes en nuestro trabajo —precisa Gamboa— pasa por todas las esferas de la sociedad, incluidos los encargados de impartir justicia. Todo está legislado, y solo se trata de buscar y analizar y no ser simplistas». Y como para no dejar dudas sobre su intención, acota el trabajador: «No se trata de un simple valor monetario —aunque es mi dinero, el que me esfuerzo por ganar».

Evidentemente, tales denuncias requieren una investigación exhaustiva y posterior respuesta.

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