Al pan, pan...

A las cosas hay que llamarlas por sus nombres; y a quien le moleste, será porque le sirve el sayo…

El pasado 16 de septiembre reflejé aquí la denuncia de Reynaldo Montalvo (Infanta 104, apto. 2, Centro Habana, Ciudad de La Habana), acerca de la pésima calidad del pan confeccionado en la panadería-dulcería La Candeal, sita en Hospital y San Lázaro: ácido y con un sabor desagradable.

Al respecto, responde Edilio Castro, subdirector comercial (p.s.r.) de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria (EPIA), del Consejo de la Administración Provincial de Ciudad de La Habana. Y recalca que a raíz de lo publicado, visitó la unidad la vicedirectora técnica productiva de la entidad.

Se realizaron las pruebas tecnológicas al producto, y ello evidenció que «por violaciones del proceso, el mismo había salido con la deficiencia antes mencionada (ácido, con sal y desagradable)».

Afirma que a partir del 17 de septiembre, y durante dos días, en la propia panadería, el Grupo Provincial de Tecnología y Calidad de la empresa realizó pruebas sobre la elaboración del pan, «y resultó con calidad conforme, con sabor y olor característicos y textura correcta».

Añade que la vicedirectora técnica productiva y el administrador de la unidad se presentaron en la casa del consumidor, «y el mismo consideró erradicado el problema objeto de su queja, pero consideró no dar valoración definitiva, por ser muy corto el tiempo transcurrido».

Refiere que por parte del Grupo Provincial de Tecnología y Calidad de esa empresa se realizaron pruebas suficientes «para buscar las mezclas con la menor proporción y grado de afectación, y los resultados fueron un pan con calidad y con buen desarrollo».

Añade el funcionario que llevaron muestras a la casa del consumidor, quien no se encontraba, pero estaban su esposa y hermano, los cuales quedaron satisfechos con la calidad de las mismas y con la explicación de por qué el pan daba acidez al consumirlo.

Y, agrega, se les explicó que «había sido disminuido el porcentaje de harina contaminada y aumentado el de la buena, por lo que quedó solucionado el problema».

Es insólita la respuesta: el Grupo Provincial se desayuna con violaciones en la calidad de un alimento diario y muy sensible. Violaciones que se registran cotidianamente con total impunidad. ¿Cómo es posible que antes no las detecte, y los consumidores tengan que sufrirlas?

¿Cómo es posible que posteriormente se lleven muestras con la calidad requerida? El colmo es que se afirme que se disminuyó el porcentaje «de harina contaminada», como si fuera un logro de la excelencia y la calidad. ¿No estarán contaminadas de justificaciones esas respuestas? ¿Hasta dónde no se valora la inteligencia de los consumidores? Por favor… al pan, pan, y al vino, vino…

Honradez

Marilys Herrera (Concordia 714, Centro Habana, Ciudad de La Habana) cuenta que ella es arrendadora de habitaciones, con todo legal. Y el pasado 11 de noviembre solicitó un taxi para dos turistas alemanes que viajarían a Santa Clara, por Viazul.

Pero en el viaje hasta la estación los visitantes dejaron olvidada en el taxi su cámara fotográfica. Y cuando llegaron a Santa Clara los llamaron, para que hicieran la reclamación.

De inmediato, se comunicaron telefónicamente con la supervisora de Viazul, la cual les aseguró que se comunicaría con el chofer, aunque les aclaró que en esos taxis existe una pegatina que explica que la empresa no se hace responsable de los objetos que dejen olvidados los clientes.

Marilys no entendió la directiva, y a la hora le comunicaron que el chofer del taxi 049, Juan Becerra, se dirigía a su casa. Juan llegó con la cámara en mano y la devolvió. «Independiente de lo establecido —sostiene—, hay que destacar la actitud ejemplar del compañero, y felicitarlo por su honradez».

 

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