¿Cómo quedo yo?

Así como aquí se fustigan las actitudes inconsecuentes de quienes ejercen cargos, así también defendemos que quienes asumen responsabilidades —algo que muchos no aceptan— deben ser tenidos en cuenta consecuentemente cuando son liberados de ellas. Las personas no se lanzan al cesto como servilletas usadas.

Vicente Portal Losada (Martí 71, Punta Alegre, provincia de Ciego de Ávila), cuenta que su vida laboral se desarrollaba tranquilamente en la secundaria básica José Antonio Echeverría, de esa localidad, específicamente en la Educación Física, desde 1974 a 1988. En este último año culminó la Licenciatura en Deportes y Cultura Física.

Pero aplazó otros intereses profesionales, cuando concluyó siendo presidente del Consejo Popular en Punta Alegre.

En febrero de 2008 se le encomendó por las autoridades municipales la responsabilidad de dirigir el establecimiento de Acopio y Distribución de Productos del Agro del municipio. Allí permaneció un año y siete meses, hasta que fuera liberado del cargo en octubre de 2009. Él no explica por qué.

Entonces, le plantearon que asumiría nuevas responsabilidades. Pero lo cierto es que el 15 de enero, cuando me escribiera, aún no había recibido opción alguna de empleo. Y lleva tres meses sin cobrar un salario.

No se cruzó de brazos Vicente, y en este tiempo intentó volver a sus orígenes, mas parece que de nada vale. Fue a las direcciones de Educación y de Deportes en el territorio, y le dijeron que no había plazas disponibles. Eso lo conoce la Dirección de Trabajo y el Gobierno en el municipio.

Vicente pregunta, con razón: «¿Por qué si yo no me moví de mi trabajo inicial por voluntad propia, sino por razones de tareas que me asignaron, hoy estoy sin empleo y no puedo retornar a mi lugar de origen o trabajar en la Educación Física o el deporte, pero tampoco ha existido otra opción?».

Que no se repita

El 25 de octubre reflejé aquí el disgusto de la bayamesa Juana Ortuño, quien llevaba un año y medio esperando por que un bulto postal que enviara desde Timor Leste, donde cumplía misión internacionalista, llegara a su hogar.

Fueron incontables las veces que ella llamó a hacer la reclamación al Centro Nacional de Clasificación sito en 100 y Boyeros, en la capital, y aún ignoraba el paradero de su paquete, a pesar de que hablaba con personas diferentes.

Consignaba Juana que tres meses atrás, al fin, le comunicaron que el bulto había aparecido, y le indicaron que se comunicara con determinada funcionaria, para saber cuándo se lo enviarían. A los 20 días Juana volvió a llamar, y entonces le dijeron que erróneamente lo habían enviado a Camagüey. Juana entonces no tenía esperanzas ya de recibirlo.

Al respecto, responde Orestes Rodríguez, vicepresidente primero de la Empresa Correos de Cuba, quien aclara que, después de una exhaustiva investigación, se le dio respuesta a la reclamante: Ese envío no había entrado en Cuba, «y por error de una funcionaria de la Oficina de Cambio Internacional, se le informó que su bulto había entrado y estaba mal encaminado».

Precisa que ello motivó un análisis, y a la funcionaria se le aplicó la medida disciplinaria de amonestación pública.

También consigna que Juana fue visitada en su hogar por un representante de esa entidad, quien le orientó que debe formular su reclamación en el sitio de origen, Timor Leste, dado que el bulto no entró a Cuba. Es lo establecido por la Unión Postal Universal.

Agradezco la respuesta, y solo quiero significar el daño y la desconfianza que genera en el cliente la información errónea de una funcionaria. Esta última fue amonestada públicamente, pero el disgusto y la incertidumbre que sufrió Juana durante tanto tiempo merecen que no sigamos equivocándonos tan ligeramente, para que luego te regañen y nada más.

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