Informan sobre distribución de culeros desechables

Por cuarta vez abordo el tema de los culeros desechables, ahora a través de la respuesta que nos envía el doctor Alberto Fernández Seco, director nacional de Atención al Adulto Mayor y Asistencia Social en el MINSAP. Pero antes de pasar a esta misiva, hagamos un necesario recuento…

El detonante del tema en el último período de Acuse lo dio la capitalina Mariolys Escobar Fitó, el 11 de marzo de 2009. Ella —madre de un niño síndrome Down que padece de incontinencia fecal y urinaria— manifestaba que en el 2008 los trámites para que estos llegaran a manos de los necesitados se habían tornado sumamente engorrosos.

El 14 de mayo de ese año publicamos la respuesta que el doctor Ismael Castillo García, director de la Empresa Nacional de Suministros Médicos (ENSUME), daba al caso de Mariolys.

Explicaba entonces el directivo cómo el país había dado, durante los últimos años, una mayor cobertura a los pacientes que necesitaran estos accesorios higiénicos. Según los datos que ofreció Ismael, en el 2005 se pudo ofrecer el importado producto a unos cien pacientes; en 2006, a 700; en el 2007, a unos mil; y en el 2008 a más de 3 000. En este último año, el costo para adquirirlos  superaba el millón de pesos convertibles.

La desagregación por áreas de salud de los expedientes médicos, argumentaba el directivo, fue una de las principales causas de la demora para distribuir tallas pediátricas.

Sobre el caso de Mariolys, afirmaba que se le había garantizado un año de cobertura. En cuanto al problema en general, sostenía que la solución definitiva debía arribar en 2010, cuando se culminara la planta cubana productora de culeros desechables, a ejecutar por el Ministerio de la Industria Básica (MINBAS) en Santiago de Cuba.

La tercera voz al respecto fue la de la escritora Nancy Alonso, quien, el 12 de septiembre del año pasado describió «la tortuosa ruta de los culeros». Ella, que sufre desde hace siete años la postración de su mamá, con doble incontinencia y pérdida del lenguaje, narraba con detalles los corre corre tras los mencionados implementos sanitarios.

Finalmente, había obtenido la remitente un total de 220 culeros en tres años y medio.

Ahora veamos la respuesta del doctor Fernández Seco. Comunica el galeno que en años anteriores se destinaba un presupuesto mínimo para la adquisición de culeros desechables, los cuales eran distribuidos, en su totalidad, por la EMSUME.

En el año 2008, ante una compra mayor, los departamentos de asistencia social y atención al adulto mayor de cada área de salud debieron confeccionar los listados de los casos que ya poseían expediente y de los nuevos, trámite que se realizó con la participación de los trabajadores sociales.

«Una vez que llegaron los culeros, que no daban cobertura a las necesidades de la población dispensarizada, se decide dar cierta prioridad a estudiantes y trabajadores que estén muchas horas fuera de su casa, y a los niños postrados e incontinentes. Según las necesidades de cada territorio, se le da a EMSUME la propuesta de distribución por provincias, para su entrega a los departamentos de adulto mayor y asistencia social. Cada provincia, a su vez, decidió dónde ubicar los culeros para realizar la venta a los pacientes».

El trámite establecido —continúa el funcionario— no presentó dificultades en todo el país, excepto en Ciudad de La Habana, que es donde existe el mayor número de personas incontinentes.

La remitente Nancy Alonso —refiere el directivo— fue visitada en su domicilio; se le ofrecieron las correspondientes explicaciones y ella quedó orientada, conforme y agradecida.

Agradezco la respuesta del doctor Fernández Seco. Puesto que el tema es de interés para miles de cubanos, sería oportuno saber cómo va la solución definitiva a esta situación que, según se informó en una respuesta ya publicada en esta columna, será la culminación durante este año de la planta ejecutada por el MINBAS.

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