Entre la indolencia y la irresponsabilidad

Con grave déficit habitacional, sensible deterioro de su fondo y escasos recursos para resolverlo, el problema de vivienda se complica más por un burocrático laberinto de trámites, que agota paciencia y confianza.

Siempre hay una historia elocuente, como la de María Teresa Mesa con la Dirección de la Vivienda en el municipio capitalino de La Lisa, contada aquí el pasado 20 de febrero.

El 18 de diciembre de 2009 María Teresa inició trámite en esa entidad para permutar su casa, gestión que debió tener respuesta en un plazo de 20 días hábiles. Y por error de la abogada de guardia que la atendió, ella no pudo tener el famoso «certifico» en ese plazo. El 16 de febrero, cuando me escribió, aún aguardaba por él, y no tenía información convincente de lo que sucedía, a pesar de sus contactos telefónicos y visitas a esa entidad.

Ahora responde Roberto Carlos Smith, director de Vivienda en La Lisa, quien reconoce que la solicitud de certificación para permuta presentada allí el 18 de diciembre de 2009, «ciertamente, no fue satisfecha por error de la abogada de guardia»: no le recogió a María Teresa el modelo 02-20 que expide el Banco Metropolitano, para acreditar que el aspirante a permutar está al día en el pago de la vivienda, o que ya liquidó el mismo.

Cuando ella volvió el 19 de enero, señala, supo que su expediente había sido archivado por faltar el documento que no le recogió la abogada. «Con toda razón», precisa, María Teresa manifestó su inconformidad.

La promovente entregó ese mismo día el modelo, que ya portaba antes, a la auxiliar encargada de las notificaciones, quien lo trasladó inmediatamente con el expediente a la abogada que ya había tenido la omisión. Pero esta no radicó nuevo expediente hasta el 5 de febrero. «La abogada, de manera injustificada, consumió 16 días más para volver a radicar expediente, donde quedaría resuelta definitivamente su solicitud», afirma.

El 9 de febrero, 20 días después de entregar el modelo, María Teresa supo en Vivienda que no estaba aún su certifico para permuta. Reclamó a la abogada de marras, y esta la condujo hasta el jefe del Departamento Jurídico, a quien solicitó que firmara rápido cuando llegara el trámite a sus manos, dados los perjuicios ocasionados a la solicitante. «El jefe del Departamento Jurídico, agrega, en primera instancia no se dedicó a atenderla como correspondía, refiriendo que no era el día establecido de atención a la población». Ante la insistencia, prometió que, ya dictado el expediente, lo firmaría de inmediato y lo pasaría urgente al director para que este lo firmara.

Finalmente, la abogada dictó el certifico de permuta el 17 de febrero, y este fue firmado por el jefe de Departamento y el director de Vivienda en el municipio ese mismo día, al tiempo que se le notificaría a María Teresa al siguiente.

Smith anuncia que a la abogada de guardia se le aplicó ante el colectivo una amonestación pública, «puesto que con su actuar inobservó las disposiciones legales y reglamentarias dictadas para la actividad, dilató injustificadamente el asunto puesto a su consideración, y fue negligente en el cumplimiento de sus funciones y atribuciones».

También, al jefe del Departamento Jurídico se le hizo un señalamiento crítico por no darle el trato adecuado y urgente que merecía María Teresa. La investigadora de la permuta y la auxiliar encargada de las notificaciones en la Oficina de Trámites, «fueron detalladamente indicadas en el tratamiento que le deben dar a la población que tenga inquietudes y presente dificultades concretas relacionadas con un trámite».

Aun cuando en este caso todo se resolvió, nunca se sabrá, a ciencia cierta, cuántos ciudadanos son afectados y maltratados por tales indolencias e irresponsabilidades. No podemos vivir toda la vida amonestando y criticando cuando algo se descubre, si no resolvemos lo principal: que se trabaje con calidad y eficiencia, y no haya otra opción; que todos los días se exija y haya que responder por ello.

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