Harina de otro costal

Eran solo unos gramos de supuesta estafa, pero acompañados de un maltrato que decía ser de alto tonelaje. El lector capitalino Carlos Alfonso Domínguez (Calle 17, esquina a M, edificio Focsa, apto. 10, Vedado, Plaza de la Revolución) narraba el martes último en esta columna lo que a las claras evidenciaba una falta de sensibilidad y decencia para administrar un establecimiento público.

Según sus palabras, en la panadería situada en calle K entre 17 y 15, cerca de su hogar, al insistir en reclamar el peso justo del pan, lo habían mandado a irse tranquilo para su domicilio, si no quería «pasar un susto». Y él, que refería unos achacosos 68 años, no podía hacer otra cosa que guardar silencio en aquel momento y luego, indignado, escribirnos.

Pues bien, no habían pasado muchas horas del reclamo en Acuse cuando llegó a nuestras manos la respuesta de Nelson Gámez Domínguez, director de la Unidad Básica de la Industria Alimentaria (UBIA) en el municipio de Plaza de la Revolución.

Lo primero que se hizo —explica Nelson— fue analizar el artículo en el Consejo de Dirección de la UBIA y constituir una comisión de trabajo para ahondar en el asunto. Cuando dicha comisión se dirigió a visitar al lector en la ubicación publicada de su domicilio, comprobaron que «ni en esta dirección, ni en el resto de los apartamentos de viviendas del edificio Focsa, residía dicho compañero.

«Ampliamos la localización con las autoridades de la circunscripción, el Consejo Popular Plaza y en las oficinas del Carné de Identidad (...) y no existe con este nombre y apellidos control de su existencia».

No obstante, el trabajo de la comisión continuó y se realizó un Inventario Integral a los productos de dicha unidad y fue certificada por especialistas la no existencia de faltante o sobrante en los recursos para la producción.

El grupo investigador —argumenta el dirigente— entrevistó también a los compañeros Mario Gudet, presidente del Consejo Popular Rampa; Armando González Pestano, secretario del PCC del núcleo zonal y Martha Veloz Suárez, presidenta del CDR Piti Fajardo, además de un grupo considerable de miembros de la comunidad. «Los criterios expuestos y certificados por escrito son favorables y no coinciden con la publicación».

En el primer cuatrimestre de 2010, la unidad de 17 y K obtuvo una evaluación del 90,3 por ciento de calidad, avalada por 36 inspecciones realizadas por la UBIA, y otras instituciones fiscalizadoras del territorio. Mereció una calificación de Aceptable, evoca el funcionario.

El inmueble de la panadería y su equipamiento —agrega— recibieron un mantenimiento integral, lo que le permitió recuperar su condición de Unidad Modelo.

«Nuestra UBIA y las 16 unidades de producción no están exentas de dificultades, problemas materiales, roturas imprevistas, errores humanos; pero a diario se producen manualmente las 139 000 unidades de pan de la canasta básica y el consumo social. Y en los meses transcurridos del 2010, el nivel de satisfacción y calidad ascendió al 90,8 por ciento», apunta el director.

Explica igualmente que la entidad está insertada en el Sistema de Protección al Consumidor; en reuniones periódicas con los presidentes de los Consejos Populares y los delegados; y participa en las asambleas de rendición de cuentas, lo que les permite conocer de primera mano las opiniones de la población.

La carta del dirigente, remitida a la dirección de JR, culmina con el siguiente párrafo: «Por su vía queremos transmitirle al periodista Jesús Arencibia que este tipo de artículo, para que cumpla su objetivo y llegue con rigor y claridad a los lectores, debe ser veraz y de fuentes confiables».

Agradezco la rápida y documentada respuesta de la máxima autoridad de la UBIA y lamento profundamente que alguien se haya escudado en un nombre y dirección falsos para emitir un criterio. Quienes leen Acuse saben que aquí las críticas o elogios —incluso los que son remitidos por colectivos— llevan el sincero rostro de un nombre y una dirección particular.

El «rigor y claridad» de la columna se han basado durante años en confiar en los ciudadanos, sea quien sea.

Estimado Nelson, es reconfortante saber que las cosas marchan con buen rumbo en la panadería de 17 y K. De todas formas, la última palabra sobre «el nuestro de cada día» la tienen los consumidores que captan a simple gusto de qué costal es la harina. Para ellos, que nos han enviado muchos mensajes a raíz del caso publicado, ustedes han de elaborar la mejor masa, y nosotros reflejar los más certeros criterios.

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