Febrero ausente - Acuse de recibo

Febrero ausente

El dinero de los trabajadores —hasta Perogrullo lo sabe— es sagrado. Y cuando por algún motivo muy justificado faltase, lo que no debe ausentarse jamás es la explicación inmediata y clara, y las variantes de solución.

Juan C. Rodríguez Iturralde (Calle 17 No. 906, entre 24 y 26, Céspedes, Camagüey) es trabajador de la Empresa de Servicios Generales de los Ferrocarriles en la provincia de Camagüey. Él, junto a otro grupo de empleados, recibe una remuneración en divisas de 15 CUC mensuales, siempre con posterioridad al mes trabajado.

Pues bien, el 20 de mayo, fecha en que Juan redactó su misiva para Acuse, aún no habían cobrado las divisas correspondientes al mes de... ¡febrero!

Y por falta de gestión de los dolientes no fue. Según cuenta el remitente, se habían dirigido a la especialista Bari Castro Jiménez, de Recursos Humanos de la entidad a nivel provincial, y esta les había comunicado «que los papeles ya estaban para La Habana, que no sabía por qué no habían enviado el cheque».

«Soy testigo —enfatiza el lector— de que dicha compañera hizo gestiones con Madelaine Castillo, especialista en Recursos Humanos en la Empresa de Servicios Generales nacional, y esta le comunicó que los papeles habían llegado tarde».

De todas maneras, con la mencionada funcionaria a nivel nacional habló el afectado personalmente y ella le informó que ya los documentos estaban, pero habían sido enviados a la Unión de Ferrocarriles para ser firmados.

Además —apuntó la especialista—, posiblemente recibieran primero la estimulación del mes de marzo que la de febrero (¡!).

Más que papeles, faltan aquí las palabras de una explicación profunda. Esperamos.

Separación, pero...

No era posible la calma. Cuando Duniesky López Valdivia (Ave. 52, entre 57 y 59, No.5726, Cienfuegos) nos escribió, ya la incertidumbre, aguardando su paquete postal, no le daba tregua. El caso, publicado aquí el 7 de noviembre de 2009, daba cuenta de una larga espera desde el mes de abril de ese año.

Y lo más alarmante: el envío que debía arribar a La Perla del Sur, no venía de otro continente, sino, simplemente, de La Habana. Se trataba de unos medicamentos que le remitiera el habanero José Álvarez González.

Pues bien, tras innumerables gestiones y peloteos, ni a José, ni al destinatario le quedaba la más mínima idea de en qué galaxia podrían andar los necesarios fármacos.

Con fecha 8 de junio, siete meses después de la publicación, arribó al buzón de Acuse la respuesta de Zoraya de la Caridad Bravo Fuentes, vicepresidenta de Operaciones de la Empresa de Correos de Cuba.

Luego de las correspondientes investigaciones —explica Zoraya—, «se concluyó que el envío sufrió pérdida en el Centro de Tratamiento Postal Nacional. Se aplicó la separación definitiva de la empresa del trabajador implicado y fue presentado el caso ante los órganos judiciales».

Correos de Cuba —informa la funcionaria— contactó al remitente para explicarle lo lamentable del hecho e indemnizarlo por los daños causados, según lo establecido en la norma vigente. Pero este no aceptó el cheque y mantuvo su inconformidad.

«Esta reclamación, al igual que otras..., la hemos tenido en cuenta para adoptar algunas medidas en las que actualmente nos encontramos trabajando, como parte de un amplio proceso de reorganización de los envíos postales. Dentro de estas disposiciones se incluye cerrar definitivamente el Centro de Tránsito de Bultos Postales Nacionales; para lograr que los bultos se trasladen directamente entre territorios, sin (...) manipulación adicional», señala la directiva.

Agradezco la respuesta de la Vicepresidenta de Correos de Cuba, pero debo señalar algunas cuestiones. Más allá de la necesaria sanción y la puntual medida del cierre del centro sería oportuno valorar enfoques y políticas de la institución y sus circunstancias para solucionar de una vez los problemas que tanto le han dañado el prestigio.

Por otra parte, si el contacto con el cliente que perdió sus valiosos medicamentos demoró tanto como la respuesta a esta columna, es de entenderse que aún el hombre mantenga su indignación.

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