¿A qué esperan?

Hay peligros que han sido alertados, y tienen nombres y apellidos. La vida humana es tan sagrada que, si sucediera algo, no habría castigo suficiente para los avisados, quienes no acaban de solucionar el problema que gravita sobre muchos vecinos.

Roger Delgado me escribe desde calle 218, entre 1ra. y 101, reparto Cruz Verde, en el municipio capitalino Cotorro. Él cuenta que  hace más de seis años existían tres postes eléctricos en muy mal estado. El problema era queja permanente en las asambleas de rendición de cuentas, pero nunca se solucionaba.

Hace unos dos años, dos de los postes finalmente se partieron. Y afortunadamente cayeron sobre la acera contraria, sin afectación de vidas humanas. Pero el accidente dañó a toda la comunidad, y varios equipos electrodomésticos fueron averiados. Al final fueron repuestos, pero implicaron gastos estatales que podían haberse evitado.

Pero el tercer poste, por efecto de la caída de los otros dos, sufrió bastante inclinación, con peligro para varias viviendas.

Luego del accidente, la Empresa Eléctrica determinó la necesidad de sustituir el poste sobreviviente. Pero, según Roger, «hasta hoy no se ha resuelto este grave problema». El vecino alerta: «¿Es necesario que ocurra una desgracia humana para resolver?»

Y desde calle 16 No. 2314, entre 23 y 25, en la localidad matancera de Bolondrón, escribe Rigoberto Delgado para narrar algo increíble:  Las líneas del tendido eléctrico pasan por encima de su casa a la altura de un metro; pero por la de sus nietos, que es contigua a la suya, la diferencia es solo de cinco centímetros del techo.

El jefe de la Organización Básica Eléctrica (OBE), asegura él, ha ido allí en varias ocasiones y ha manifestado que es un verdadero peligro. Pero de ahí no pasa.  Hace más de seis años  que se está luchando por resolver el entuerto. Y sigue ahí.

Hace casi un año alejaron los postes 15 o 20 metros de la casa, pero dejaron inconclusa la inversión, pues los cables permanecen sobre los postes viejos. Quedaron en resolverlo todo en una semana, y aún siguen esperando por la conclusión. Huelgan los comentarios…

Salvación

A Noersy Fernández (Calle 141 No. 1689-A, reparto Reynold García, Matanzas) se le unió el cielo con la tierra el pasado 8 de marzo, cuando hubo que ingresar a su esposa Katiuska Vasallo, en el Hospital Materno de esa ciudad, por complicaciones en el embarazo.

Con solo 28 semanas de gestación, la internaron en la sala de cuidado para darle el seguimiento necesario. Dos semanas después, hubo que interrumpir el embarazo, por el peligro que se cernía sobre la gestante y sobre la propia niña que ilusionaba a los dos padres.

La calidad profesional y humana del equipo ginecobstétrico, recuerda Noersy, permitió que la cesárea fuera exitosa. Pero solo estaba por comenzar la agonía de ambos: la niña tuvo que ser llevada con urgencia a la sala de neonatología, y se depositó la confianza en las manos de ese equipo médico. Allí la pequeña  sufrió varias crisis, debido a su prematuridad, pues al nacer solo tenía 30 semanas, y su peso no excedía de los 1580 gramos. Su vida pendía de un hilo.

Pero luego de 28 días en terapia intensiva, Alicia, que así se llama la bebé, fue entregada a su madre, quien con lágrimas la esperaba impacientemente en otra sala del hospital. Allí estuvieron ambas unos 15 días, hasta que la bebé alcanzó el peso adecuado.

Noersy agradece a los héroes de esta batalla por la vida: médicos y enfermeros que hacen una lista muy larga, a la dirección del centro, a la Dirección municipal de Salud, que estuvo al tanto del caso, y a la actuación oportuna de Farmacuba en la localización y transportación de medicamentos en un momento crucial. Alicia no vive en el país de las maravillas, pero tiene su futuro asegurado.

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