Muerto a la cañona

En cinco días puede suceder lo más increíble en esta vida, quizá lo más tenebroso: que te maten de un tirón y no lo sepas. Que te extingan de entre los vivos, luego te exijan declaraciones de vida y te pongan a correr para demostrar que estás vivo.

Cuenta Nancy Pérez Gómez (Figueredo 756, entre Calle Nueva y Servicentro, reparto Izar, Bayamo, provincia de Granma) que el 11 de noviembre pasado, se presentó una persona en la vivienda de su hija, Liudis Núñez Pérez, en esa ciudad, preguntando por Elesban Núñez Frías, el padre de esta última.

Liudis le explicó dónde vivía su papá, e indagó el porqué de la averiguación, aduciendo que ella es su hija. El hombre, sin identificarse, le dijo que era un asunto personal. Semejaba una escena de un thriller policiaco.

El misterioso individuo se dirigió a la dirección recomendada.

Al llegar a la vivienda de Elesban, «sin identificarse y sin ningún tipo de ética», según Nancy, el enigmático personaje le dijo a la persona que estaba en el portal que iba a recoger la chequera de Elesban Núñez Frías, pues este «estaba muerto», y aún la familia no había devuelto aquel documento.

Cuenta Nancy que Elesban es cardiópata y diabético, pero no era para tanto: no había que «desaparecerlo» tan ligeramente. El hombre, como le hubiera sucedido a cualquier otra persona, se impresionó y tuvo que recibir asistencia médica.

El agorero del falso fallecimiento al fin reveló quién era: había sido enviado por la Dirección Municipal de Trabajo. Recogió la chequera de Elesban, aun cuando se le mostró el carné de identidad del pretendido «muerto», y le informó que fuera al día siguiente por la mañana a recogerla en la Dirección Municipal de Trabajo y allí viera al compañero Meriño.

Nancy fue y se presentó ante Meriño, y este le informó que tenía que ir a las oficinas del Carné de Identidad y ver a la directora. Nancy habló con la directora y esta le dijo que debía entregar el carné de identidad del supuesto occiso. Y un rato más tarde, le comunicó que enviaría a un compañero a ver si Elesban estaba vivo.

Ya era demasiado.

Fueron y comprobaron que Elesban estaba vivo, que respiraba, conversaba y caminaba. Nancy llamó al día siguiente a la oficina del Carné de Identidad para saber qué debía hacer en cuanto a recoger la chequera de su padre y el carné. Y para su asombro, la Directora le respondió que fuera a la Dirección de Trabajo, porque ellos eran los que tenían que ver con eso.

El 15 de noviembre, Nancy volvió a llamar a Meriño, quien no se encontraba. La atendió Eliser, y le orientó volver a las oficinas del Carné de Identidad para que le dieran un papel que atestiguara que habían comprobado que Elesban estaba vivo. Y con ese papel era que le entregarían la chequera.

Nancy no entendió por qué esos trámites no los hacían entre ellos y se los endilgaban a los sufrientes del asunto, en vez de a los artífices de la «muerte» infundada. Y al fin, el 16 de noviembre, se pusieron de acuerdo: el propio Meriño devolvió la chequera de la discordia.

La remitente considera que el tratamiento de ambas instituciones no fue respetuoso y desea que a nadie más le suceda.

No es para menos. Aparte de las molestias, el irrespeto y el «necropapeleo» que recuerda al filme La muerte de un burócrata, a nadie le gustaría que le estén matando antes de tiempo su paso por este mundo, y luego le exijan que vaya a demostrar que está vivito y coleando. ¡Solavaya…!

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