Sin azúcar no hay agua

Los bateyes de los centrales azucareros se salpicaban con la que fue nuestra primera industria: los servicios públicos los atendía el ingenio, y la vida cotidiana de su gente dependía del fragor de las melazas.

Desde la casa 24, entre 79 y 81, en el batey del central Argentina, en el municipio camagüeyano de Florida, escribe Senén Chaple que «cuando el batey pertenecía al MINAZ nunca tuvimos problemas con el abasto de agua; siempre existió una pequeña brigada encargada del mantenimiento de las vías o el cambio de alguna tubería dañada».

Lo remarca, pues hace 14 meses que ocho viviendas del mismo no tienen agua. Las gestiones con la empresa azucarera Argentina son baldías. Les dicen que ahora es Comunales quien debe atenderlos en ese sentido. En Comunales los remiten a Recursos Hidráulicos. Y en Recursos Hidráulicos, que no es su asunto, pues el agua que abastece al batey la entrega el central azucarero. Y como Recursos Hidráulicos no la cobra, no está en la obligación.

«Hoy, después de 14 meses de cargar agua en una cuadra que tiene la solución a menos de 50 metros —subraya Senén—, y con el apoyo del delegado de la circunscripción, nos dirigimos para ver si alguien se digna a poner el dedo en el problema, teniendo conciencia de que son ocho viviendas, con niños y ancianos, pero también con siete trabajadores activos y jubilados del Argentina».

La lección de la risperidona

El pasado 8 de diciembre, el capitalino Ezequiel Garriga contaba aquí que no tenía la Risperidona, medicamento que no puede faltarle a su hija, una paciente autista con un cuadro clínico severo.

Ezequiel adquiría por tarjetón la Risperidona en la farmacia del policlínico Pedro Borrás. Pero a fines de julio tuvo que tramitar una nueva Resolución por consulta de Psiquiatría, pues su hija ya es adulta. Se le hizo un nuevo expediente en el hospital Calixto García para adquirir el medicamento en la farmacia de ese centro asistencial.

Un mes después, a esa farmacia no había llegado el expediente; debía llamar a la Dirección Provincial de Salud. Fue allí una semana después: el expediente estaba listo, pero faltaba la firma del jefe de grupo del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). No podían garantizarle el medicamento hasta que no se cumpliera ese requisito.

A las dos semanas, Ezequiel llamó a la farmacia del Calixto: el expediente aún no estaba. Llamó a la Dirección Provincial de Salud: no lo habían firmado, y se trata de un medicamento que se adquiere en el exterior y requiere de tiempo en los trámites, le dijeron. Conocedor de que la Risperidona se produce en Cuba, preguntó a quien lo atendió qué debía hacer. Esa persona le respondió que podía ir adonde quisiera, pero había que esperar la firma. No se podía hacer nada.

Responde el doctor Ricardo Colomé, vicedirector de Salud en la provincia: la comisión investigadora comprobó que Ezequiel fue maltratado; se evidenció burocratismo y falta de organización en el Departamento de Análisis y Planificación de la Dirección Provincial en la atención al caso.

Se amonestó ante su colectivo a la Jefa del Departamento de Análisis y Planificación, quien estaba de vacaciones entonces. Y a la especialista que atendió a Ezequiel, por no realizar una evaluación con profundidad, se le trasladó por seis meses a un puesto de menor remuneración.

Al funcionario del Departamento que lo maltrató de palabra, no buscó una solución ni consultó a ningún especialista, se le separó definitivamente de la entidad; al igual que a la secretaria, por tomarse facultades que no tenía y no consultar a ningún especialista en pos de agilizar la solución.

Agrega que a Ezequiel se le dio autorización para recoger la Risperidona, de factura nacional, en la farmacia del Calixto; y fue tramitada la solicitud de la Resolución al MINSAP, al tiempo que se coordinó el seguimiento en la atención especializada a la paciente.

Refiere que los hechos serán analizados en el Consejo de Dirección de Salud provincial, así como en el área de Medicamentos, para que no se repitan.

Quiero honrar a todos esos lectores que nos escribieron para ofrecerle a Ezequiel, Risperidona que tenían en sus hogares. Así de grande es el cubano.

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