Sagrados son

Ernesto Peñate (Luz Caballero 312, entre Santa Catalina y San Mariano, Víbora, La Habana) escribe preocupado por una imagen que ha visto reiteradamente en las transmisiones televisivas de los juegos de béisbol en el estadio José Ramón Cepero, de la ciudad de Ciego de Ávila.

Precisa el lector que en las gradas se percibe cómo alguien hace ondear una bandera cubana con una imagen del Che y letreros escritos en sus franjas. Y aunque la figura del Guerrillero Heroico es codigna heredera de nuestro Apóstol, y lo que esté grabado sobre la enseña nacional resuma un gran espíritu patriótico, se vulneran así, y se ofenden, los estatutos que rigen el uso de los sagrados símbolos patrios.

«La bandera es de todos, sostiene Ernesto, y todos tenemos que respetarla. Imaginemos por un momento que a cada quien se le antojara escribir o grabar las imágenes y palabras de sus ídolos.

Ernesto sugiere que se divulguen mucho más las normas que rigen el uso de los símbolos patrios, pues también se observan banderas rotas y deshilachadas, u ondeando a deshoras en la noche. O escudos que parecen ruinas. Y este redactor añadiría los   bustos de Martí deteriorados en los sitios más insólitos.

«Desde Hatuey, hasta el último cubano que haya caído, quizá hoy, en defensa de la Patria, es que se ha ido forjando la independencia y soberanía. Eso es lo que representan la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional», sentencia Ernesto. Y es muy serio y profundo su alegato. Como para estremecerse.

Explicar cuando faltan

¿Por qué no se informa con detalles cuando un medicamento está en falta y el por qué? ¿Quién prescribe la dosis del medicamento, el médico especialista o la farmacia?

Desde Luz y Caballero No. 113-A, entre Mariana Grajales y Eusebio Hernández, en Colón, provincia de Matanzas, refiere Juan Carlos Revuelta que él y su esposa son hipertensos. Ella tiene prescritas diariamente tres tabletas de Enalapril y una de Clortalidona, por lo cual requiere de tres frascos de 30 tabletas de Enalapril mensualmente. En el caso de él, es solo una tableta diaria.

Pero desde que se inició 2011, enfrentan dificultades en tal sentido. En enero no pudieron adquirir el medicamento, ya que llegó una sola vez en el mes, y en cantidad muy limitada. En febrero sucedió lo mismo, y después de mucho insistir, en otra farmacia, la piloto, le despacharon a Juan Carlos un solo frasco. En marzo el medicamento llegó el día 20, y solo le despacharon un frasco.

Pero lo inaudito es que el 6 de abril entró el medicamento, y el administrador de la farmacia de la calle Maceo le dijo a Juan Carlos que quienes compraron el medicamento el 30 de marzo no podían adquirir todavía el de abril. Que esa era la orientación que tenía.

«Si tenemos en cuenta el medicamento adquirido hasta el 8 de abril (98 días), mi esposa ha podido hacer solo el plan 20 días, lo que le ha provocado descontrol de la presión, hinchazón de las piernas, malestares… A esta situación hay que buscarle una solución», señala Juan Carlos.

Y este redactor acota que, en caso de un imponderable ocasional, por una situación de déficit inevitable —que siempre sería excepcional—, con más razón hay que desplegar una estrategia informativa con todas las de la ley. Hay que decirle la verdad y los porqués a la gente. Eso es salud también.

Finalmente, quiero reiterar una vez más que no podemos atender y darle curso a las cartas con datos imprecisos y vagos, con falta de claridad expositiva, caligrafías indescifrables; o aquellas que no vengan con el nombre y la dirección del remitente.

Además, ayudaría sobremanera que la persona dé el teléfono donde pueda ser localizada, en caso de cualquier aclaración que necesitemos, para bien y ayuda de quienes escriben. Gracias.

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