¿Incomprensión o mala aplicación?

Desde Camilo Cienfuegos No. 4, en el ex central Puerto Rico Libre, del municipio matancero de Unión de Reyes, escribe Obdulio Mantilla para tratar una inquietud de él y otros trabajadores reubicados a raíz del cierre de esa fábrica de azúcar.

Refiere Obdulio que al desaparecer esa empresa, con la reestructuración azucarera de hace unos años, una parte de los trabajadores fue asignada a la Tarea Álvaro Reynoso, y la otra, entre los cuales él está, fue reubicada en la granja agropecuaria en la cual permanecen.

«Nuestra preocupación es que se nos ha eliminado la garantía salarial que estábamos cobrando, sin habernos dado una reunión previa para informarnos, señala. Además, al preguntar el por qué de esta decisión, ninguno de los responsables sabe explicar quién lo decidió ni por qué».

Obdulio cita la Gaceta Oficial del 8 de octubre de 2010, que contiene el Reglamento sobre el tratamiento laboral y salarial aplicable a los trabajadores disponibles e interruptos, específicamente su Capítulo IV:

«Los trabajadores que en un proceso anterior fueron declarados disponibles, que al entrar en vigor el presente Reglamento se encuentran reubicados con carácter definitivo a tenor de las disposiciones dictadas por el Ministro de Trabajo y seguridad social, se mantienen con el mismo tratamiento salarial que se les aplicó mientras permanezcan en la plaza y entidad laboral donde fueron reubicados.

«Cuando debido a un proceso de disponibilidad anterior, el trabajador reubicado con carácter definitivo percibe el salario y resulte nuevamente declarado disponible, se le considera dicho salario como el básico, a los fines del cálculo de la garantía salarial».

«¿Es que no entendemos nosotros la Ley o no saben ellos aplicarlas?», pregunta Obdulio.

Lo dice la palabra: periódicos

Desde el apartamento 5 del edificio 101, en calle 16, entre 1ra. y 5ta., en el reparto Versalles de la ciudad de Santiago de Cuba, escribe Ricardo Martínez Masso para alertar sobre irregularidades con la distribución de la prensa.

Ricardo, suscriptor por muchos años de Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores, jamás había confrontado problemas con la entrega de los periódicos. Pero de un tiempo a esta parte, todo se ha desarticulado. El cartero no le trajo los periódicos el 23 de abril; el 4, 7, 20 y 26 de mayo; el 20 y el 23 de junio.

«El cartero es la cara del correo —refiere—; la persona que debe garantizar el concepto de responsabilidad de ese organismo. Y aquí es todo lo contrario. Me he quejado en varias ocasiones, y la mejora es solo de tres días, hasta que vuelve a ocurrir lo mismo.

«En las entrevistas que he tenido con los compañeros, en muy buena forma me han atendido; pero me han informado que los carteros no suben a edificios, ni entran a interiores. Estos son los carteros de ahora: si traen una carta, la cuenta del teléfono o un giro, se los dan a los vecinos, sin saber las relaciones cómo son. No hay responsabilidad de ningún tipo».

¿Quién le responde?

El 12 de junio pasado José Tamayo Regalado (Ángel Guardia No. 132, Jiguaní, Granma) estaba en la cola de la casilla comercial de su zona para adquirir la leche de dieta que recibe como diabético. Pero cuando le faltaban tres turnos para ser atendido, el dependiente le dijo a otro consumidor con similar dieta a la de él, que solo iba a vender la leche normada para niños.

Eso nunca había sucedido en más de diez años que Tamayo lleva en esa rutina. El cliente comenzó a hablar. Dijo que iba a averiguar si esa era una decisión de la dirección de Comercio, o un capricho del dependiente, pues aunque los niños son prioridad, si él tiene dieta de leche es porque la necesita por su enfermedad.

El dependiente nada dijo. Y Tamayo fue a las oficinas de Comercio. Allí formuló su queja. Le tomaron los datos para averiguar, y darle respuesta al siguiente día. Pero cuando me escribió, ya habían pasado 12 días y no tenía ni la leche ni una respuesta. «Es una falta de respeto», sentencia.

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